EL CINE Y LA HOMOSEXUALIDAD
BIOGRAFÍAS DE ACTORES Y ACTRICES, DIRECTORES, GUIONISTAS, PRODUCTORES. PELÍCULAS.
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Greta Garbo - 1905/1990
Actriz sueca. La belleza de Garbo se ha convertido en mítica. No es la típica diva gay. Su serenidad, su comedido estilo interpretativo, su escasa propensión al escándalo, su decisión de mantener el control sobre su vida privada, de no envejecer ante las cámaras y esa rara virtud, retirarse a tiempo, las descalificarían como candidata al panteón gay que ocupan Bette Davis o Joan Crawford . Y sin embargo, tiene cierta importancia en la cultura gay, aunque venga de otra fuente: la sospecha de que su lesbianismo tiene mucho que ver con su personalidad cinematográfica, con su imagen de inaccesibilidad, con su sensatez profesional. Garbo no se habría convertido en un misterio si no fuera porque otros en su situación lo llevaron tan mal. La divina Garbo huyó a la oscuridad de una vida privada tras un frustrado intento de contraer un matrimonio de conveniencia con Cecil Beaton. Sin embargo muchos sospechaban que la frialdad de la actriz no provenía de su origen escandinavo. Nunca se casó y su lesbianismo era un secreto a voces en la comunidad de Hollywood. La idea de que los escritores del star-system introducían en sus guiones elementos que "rimaban" con la imagen que el estudio quería presentar de la estrella se ha utilizado para "leer" la carrera de la Garbo. Sus primeras películas en Estados Unidos ya nos la muestran como una mujer fatal, inalcanzable y gélida (como sucede en Flesh and Devil [1926], en la que aparece rodeada de hielo). a lo largo de su carrera, los personajes de Greta mantendrán relaciones equívocas frente a los hombres, un tema que sutilmente recorre las tramas de películas como Mata-Hari (1932) o Ninotchka (1939). En Camille o La Dama de las Camelias(1936) será la experimentada mujer frívola que renuncia al amor para "salvar" al joven Robert Taylor del oprobio social; también en Anna Christie (1930), su primera película sonora, interpretará a "una mujer de mundo" que paga su vida pecaminosa con la enfermedad y el alcoholismo. En este sentido tanto su papel en La Reina Cristina de Suecia (1933) como la bailarina de Gran Hotel (1932) son significativos. La primera fue un proyecto que le interesó personalmente. Aunque la motivación central es un romance heterosexual, en el filme se presenta una imagen virilizada de Cristina, probablemente cercana a la realidad. Antes de conocer al embajador español Antonio (interpretado por John Gilbert), se nos presenta como una mujer masculina. Al verla por primera vez, desde lejos, podríamos confundirla con un hombre. La ambigüedad se mantiene en su afectuosa relación con su dama de compañía, Ebba (Elizabeth Young), a la que besa en los labios y con quien se enoja al descubrir que mantiene relaciones románticas con un hombre. Incluso su romance con Antonio se inicia bajo el signo de la ambigüedad sexual: el embajador la confunde con un muchacho y el guión juega con el hecho de que se vean obligados a compartir el lecho. Una tempestad les obliga a permanecer en la habitación de una posada durante varios días, y tanto el personal de la posada como el séquito de Antonio, que siguen creyendo que éste comparte la habitación con un joven, empiezan a mostrar confusión. La última imagen de Garbo con la mirada perdida en el océano tras la muerte de su amado, ha alcanzado un estatus mítico y simboliza el misterio Garbo. En Gran Hotel representa a una diva de la danza en situación de crisis profesional y sentimental. Por un momento, un breve romance iluminará su vida, pero la muerte de su amado, un gigoló, la abocará de nuevo al trabajo. Aquí pronuncia las palabras que se convertirán en todo un leitmotiv y que también serán las últimas que pronunciará antes de su muerte: "Quiero estar sola". La solidaridad de su secretaria es conmovedora y versiones posteriores del filme han desarrollado el elemento homoerótico que subyace en la relación entre las dos mujeres. Entre todas las estrellas, Greta Garbo es la más inalcanzable. El resplandor remoto que refleja su rostro se debe tanto a la mujer llegada de Suecia como a la magia del cine: el papel del iluminador William Daniels en la creación del mito puede haber sido más importante que el de ninguno de sus directores (con la excepción de su descubridor Maurice Stiller). Es quizá la clave del mito: Garbo es la máscara plateada que sólo vive en la pantalla. |