EL CINE Y LA HOMOSEXUALIDAD

BIOGRAFÍAS DE ACTORES Y ACTRICES, DIRECTORES, GUIONISTAS, PRODUCTORES. PELÍCULAS.

Hollywood

En cierto  sentido , Hollywood ha sido la capital simbólica del siglo XX. Más que ninguna otra ciudad, Hollywood ha generado sueños y deseos, modelos de conducta liberadora y opresiva. Este barrio de la ciudad de Los Ángeles tiene una singular historia en la que se combina lo orgiástico y lo puritano. En la "era dorada", durante los años veinte y los años treinta, la capital del glamour era también un notorio dentro de perversión que atraía a las personalidades más heterodoxas. En su libro Hollywood Babilonia, Kenneth Anger muestra una ciudad obsesionada por el sexo. Orgías continuas rebosantes de divas y divos, aficiones extremas y vidas ocultas. El cotilleo primero y la investigación biográfica después nos ha dado múltiples ejemplos de estrellas y directores que llevaron estilos de vida sexualmente variados. Por ejemplo, Rodolfo Valentino era sobre todo homosexual, también lo fue Ramón Novarro; Greta Garbo era principalmente lesbiana; Joan Crawford, Cary Grant Tyrone Power, Errol Flynn, George Sanders, Barbara Stanwick y Marlene Dietrich eran bisexuales, sin olvidar la época de chapero de Clark Gable, y esto por hablar sólo de algunos actores. George Cukor, James Whale, Edmund Goulding y Vincente Minnelli son unos pocos ejemplos de directores homosexuales o bisexuales. Naturalmente estas peculiaridades no podían llegar a ser del dominio público, y las revistas y los agentes de publicidad se esforzaban por inventar vidas, parejas y romances. A pesar de esto los escándalos, desde la época de Fatty Arbuckle, fueron más frecuentes de los que los guardianes de la moralidad podían desear, y la vigilancia se hizo intensa a partir de mediados de los años treinta. Nada de esto se reflejaba en las películas sometidas a férreos códigos de autocensura y que en su mayoría representaban un mundo normalizado, donde triunfaban el bien y el matrimonio y donde la heterosexualidad no es sólo la regla sino la única posibilidad. Esto no significa que el cine clásico no tenga nada que ofrecer a los gays. Por de pronto la belleza es la belleza y la mirada no está prohibida. El cine proporciona una posición privilegiada. Y Hollywood sabía vender deseo. ¿Qué importa si Glen Ford está enamorado de la mala de Rita Hayworth? Si Barbara Stanwick hace de madre sacrificada? ¿Quién nos prohíbe identificarnos con un personaje del sexo contrario? ¿Quién impide a una muchacha soñar con Jodie Foster? Y sobre todo, ¿Qué importa si los personajes se dejan seducir fácilmente por los dudosos placeres del matrimonio? No está claro que Hollywood se haya dirigido a los homosexuales, hombres y mujeres, del modo en que se dirigió a las mujeres heterosexuales. Desde los años treinta se crea un género que los especialistas han denominado "cine de mujeres", que presupone como principales espectadoras a las mujeres. A pesar de que no se estimula una mirada erótica femenina (esto significaría convertir al varón en objeto de la mirada, algo que sólo se hace a partir de los cincuenta, a menudo de manera tímida), sí se crean situaciones de especial relevancia para las mujeres, situaciones en las que las emociones apenas reprimidas se enfatizan frente a la acción, en que se cuida el vestuario, en películas protagonizadas por mujeres con problemas, a veces a causa de un hombre, pero casi siempre con un final feliz. Este cine de mujeres era a menudo melodramático y se convirtió en uno de los géneros favoritos de los hombres homosexuales. A menudo ha sido leído desde un punto de vista camp. El gay adopta así una posición que la sociedad asigna a la mujer y la hace suya, identificándolos con sus problemas, haciéndolos suyos: Stella Dallas, Mildred Pierce y Now Voyager  son ejemplos de grandes influencias en la vida de los homosexuales inclinados a este tipo de cosas. En España se puede citar Locura de amor y los tremebundos melodramas protagonizados por Aurora Bautista (para convertirse en camp tenían que ser tremebundos). El cine negro fue una fuente de inspiración para las lesbianas, fascinadas con el personaje de la "mujer fatal" que no se deja atrapar por los hombres y que sabe lo que quiere. De Jane Greer, Gene Tierney y Mary Astor las lesbianas podían tomar imágenes de mujeres fuertes, independientes e inteligentes. Y por supuesto estaba el cine musical, que es uno de los géneros predilestos de los homosexuales y las lesbianas. Calamity Jane, con el icono lésbico Doris Day, es un clásico para las mujeres. La Day pasa media película vestida de vaquera y se queda pasmada al contemplar a unas bailarinas de music hall semidesnudas, y especialmente fascinada por la cantante a la que ha ido a contratar para actuar en su ciudad, Adelaide Adams. Hacia el final de la película canta "Secret Love", una de las grandes canciones de doble sentido en la historia del cine (¿A quién le importe que en realidad se enamore del bien plantado Howard Keel?). En cuanto a los hombres, el momento clásico es quizá "Ain't There Anyone Here for Love", en Los caballeros las prefieren rubias, un número en el que la desaforada Jane Russell se pasea por un gimnasio lleno de atletas con calzones color carne que la ningunean olímpicamente, preocupados como están con sus pectorales y sus juegos. Hay que mencionar también las películas de Judy Garland, con quien tantos homosexuales se identificaron. El musical representa el escapismo, la huida hacia un mundo donde rigen normas distintas, donde cosas que no se consideraban demasiado masculinas ni ortodoxas, como el baile y las canciones sentimentales ocupaban un lugar preponderante. No debe sorprendernos que gran parte de los autores de estas creaciones que han llamado la atención de lesbianas y gays hayan sido de hecho homosexuales (la gran proporción de estos en la mítica "Unidad Freed" de la Metro era un secreto a voces). Mel Brooks cierra su película Sillas de montar caliente con un "encuentro" divertidísimo en el que se ésta película de vaqueros se "mete" en el rodaje de una musical "made in Hollywood" en que decenas de bailarines (todos hombres) y un coreógrafo, todos "pelín" amanerados, se enzarzan en una pelea, que acaba con varias parejas bailarín-vaquero, saliendo del plató de lo más amartelados. Muy buena sátira de los "machos" de las películas del oeste y los hombres finolis de las películas musicales. Pero a medida que transcurrían los años, Hollywood entró en decadencia. Los años cincuenta fueron una época de crisis, de redefinición para enfrentarse a la amenaza de la televisión. Hollywood había dejado de ser una ciudad de fantasía y los actores no representaban sólo sueños. Más que nunca los agentes ejercen un férreo control sobre la imagen de sus representados: sin un estudio que les proteja, la reputación se hace sumamente frágil . Rock Hudson, James Dean, Sal Mineo, Tab Hunter y Montgomery Clift, sufrieron los rigores del armario forzoso. Hoy Hollywood sigue siendo una capital de la hipocresía. La homosexualidad todavía provoca la incomodidad de los ejecutivos y este miedo crea una serie de productos en los que se trata de nadar y guardar la ropa. Muchos actores siguen creyendo que salir del armario destruirá irremisiblemente su reputación y los ejecutivos optan por la corrección política pero huyen de toda identificación personal. Por si fuera poco es cada vez más difícil compartir el sueño. Aunque los actores sean de lo más bello y nos dejan ver mucha más carne (Brad Pitt, Matt Damon o Ewan MacGregor nunca decepcionan), la presente moda de películas "de chicos" en los que un reparto de tíos buenos se dedican a pegarse patadas en los mismísimos carece de fuerza homoerótica. ¿Qué se puede esperar de una época en las que las películas de mayor éxito han sido protagonizadas por montañas de carne sin elegancia como Van Damme, Stallone o Shwarzenegger?, por no citar las series a lo Matrix, Harry Potter, El Señor de los Anillos Guerras galácticas sin fin. Es difícil descubrir algo de glamour o sex appeal en medio de tanta fealdad. Y mejor no mencionar la colección de actores blandengues que tienen tanto atractivo sexual como una gaseosa para un fanático del whisky. Las mujeres no lo tienen mucho mejor, aunque ellas tienen auténticos iconos en Jody Foster y Sigourney Weaver. Los rumores es lo único que vale la pena en el Hollywood de estos tiempos. Se ha hablado de homosexualidad en casos a veces tan increíbles como Tom Cruise, Sylvester Stallone, John Travolta (alguién habló de un  romance entre estos dos últimos), Matthew Broderick y Leonardo DiCaprio, por no hablar de Kevin Spacey, y la Disney está plagadita de infiltrados. No conviene creérselo todo: si de verdad en Hollywood hubiera tanto gay influyente, es muy probable que fuera un lugar mucho más divertido y que se produjesen películas con más garra. 


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