EL CINE Y LA HOMOSEXUALIDAD
BIOGRAFÍAS DE ACTORES Y ACTRICES, DIRECTORES, GUIONISTAS, PRODUCTORES. PELÍCULAS.
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Tallulah Bankhead - 1903/1968
Actriz estadounidense. Hay un puñado de iconos gays cuyo nombre de pila basta para su identificación: Judy, Doris, Marlene, Maria. Tallulah no hubo más que una y merece un puesto en este panteón. A diferencia de las anteriores, no dejó un gran legado, en forma de discos o películas, que alimentase el fuego del altar destinado a su culto (quizá Náufragos, 1944, sea el único film perdurable en que participó) y hoy en día sólo un pequeño grupo de iniciados la celebra. Sin embargo puede decirse que desde un punto de vista histórico, su importancia en el desarrollo de la cultura gay es mayor que la de las estrellas mencionadas. También se trata de una relación más buscada: mientras que Garland o Dietrich acceden a su estatus en principio sin quererlo, Tallulah, en un ejemplo de actitud camp, alienta rumores, se acerca a la cultura homosexual y se afirma como diva amiga de los gays de todos los géneros. Tallulah alcanzó la fama como actriz teatral, y sin embargo no eran sus dotes interpretativas lo que la convirtieron en una leyenda. Desde la adolescencia, en que abandonó el hogar familiar, en una localidad del sur de Estados Unidos, para establecerse en el hotel Algonquin neoyorquino (por entonces lugar de encuentro de sofisticados intelectuales urbanos), su personalidad pública fue su verdadera obra maestra. Tallulah disfrutaba con el escándalo y se negaba a seguir reglas que no fueran las suyas propias. Sus desmanes en escena prono le granjearon la admiración de un grupo de devotas admiradoras, principalmente lesbianas, que seguían su carrera como si de un culto sacro se tratase. Es en Inglaterra donde sus seguidoras lesbianas (conocidas como "Las chicas del gallinero") se convierten en una presencia evidente, y a la actriz, que a lo largo de su vida aparecería a menudo en auténticos horrores de película, no le importaba actuar para ellas, añadiendo al texto frases de su propia cosecha e incluso comentarios despectivos sobre el personaje que interpretaba. En las entrevistas nunca pecó de contención verbal: su logorrea, punteada por continuos "darling", la muletilla que la caracterizó, era legendaria y disfrutaba dejando boquiabiertos a los periodistas con con continuas referencias al sexo. Frente al modelo de estrella recatada o celosa de su intimidad (como sucedió con Greta Garbo, a la que Tallulah adoraba), siempre estuvo dispuesta a dar carnaza a la prensa, a difundir su voracidad sexual, que tenía como objetivos tanto a hombres como a mujeres. La biografía de David Bret (Tallulah Bankhead Robson, Londres, 1996) nos la prersenta como una persona con pasión por el escándalo: recibía a las visitas desnuda, a veces incluso en el retrete, bebía y disfrutaba con su reputación de mujer indomable, no ocultaba su gusto por las drogas. Le irritaba la hipocresía, y cuando Clark Gable utilizó su poder para hacer que Selznick despidiera a George Cukor del rodaje de Lo que el viento se llevó (alegando que no quería trabajar con un mariquita), se indignó y se dedicó a divulgar el pasado homosexual de Gable ante quien quisiera escucharla. Su extensa lista de amantes incluyó, al parecer, a Marlon Brando y a James Dean, y siempre manifestó una fuerte preferencia por los homosexuales como compañeros de lecho. Sus comentarios, venenosos o laudatorios, sobre el tamaño el paquete de sus amantes avergonzaron a más de uno: en cuestión de hombres, Tallulah los prefería grandes. Su carrera se consolidó en los años treinta, aunque sus hábitos la convirtieron en una intérprete imprevisible: la magistral interpretación de una noche venía seguida de otra perezosa e indisciplinada. Protagonizó obras como Dark Victory y The little foxes (La loba) en escena, y no disimuló su furia cuando Bette Davis se hizo con ambos papeles en sus versiones cinematográficas. Además apareció en The Skin of our Teeth, del dramaturgo gay Thornton Wilder, y Private Lives, de Noël Coward. Su personalidad sexualmente agresiva inspiró a Tennessee Williams, cuyas mujeres fuertes y vitalistas están a menudo basadas en Tallulah. El dramaturgo intentó en varias ocasiones que ésta protagonizase una de sus obras (Un tranvía llamado deseo, El zoológico de cristal, Dulce pájaro de juventud), y aunque accedió a una reposición de la primera y apareción en el fallido estreno de The Milk Train Doesn't Stop Here any More, nunca conectó con la solemnidad de los personajes de Williams. Los últimos años de su carrera son profesionalmente sórdidos: se dedica a aparecer en obras de ínfima calidad (entre ellas una película de horror de serie Z titulada Fanatic, 1965, y a explotar su fama. A pesar de las drogas y la bebida, fue realmente genio y figura hasta la sepultura, y la edad no la calmó en lo más mínimo. Sus últimas palabras fueron "codeína, bourbon". Tras su muerte continuó siendo un modelo para homosexuales y lesbianas por su actitud desafiante frente a las convenciones y la hipocresía. Por no hablar de las continuas imitaciones por parte de transformistas. |