ADRIANO Y ANTINOO

 
     

Publio Elio Adriano nació el 24 de enero del añ0 76 de nuestra era en Itálica, en la provincia romana de Bética, hoy Andalucía, España. Sus antepasados eran veteranos del ejército romano que se habían instalado en la región unos doscientos años antes. Al morir su padre, en el año 85, fue confiado al cuidado de un primo de éste, Trajano, y la suerte de ambos quedó estrechamente unida. Se sabe muy poco sobre la infancia de Adriano, salvo que recibió entrenamiento militar, pasó un tiempo en Roma y le encantaba cazar. Los comienzos de su carrera son los típicos de alguien destinado al Senado Romano: sirvió como tribuno militar en distintas legiones, fue destinado a la provincia de Mesia Superior sobre el río Danubio con la segunda legión Adjutrix en el año 95, y a la Mesia Inferior con la quinta macedónica en el 96.

En el año 97, Trajano fue adoptado por el anciano emperador Nerva. De pronto Adriano se encontró inmerso en los círculos más próximos al poder imperial. Contaba con el favor de Lucio Licinio Sura, el respaldo político más poderoso de Trajano, y con el de la esposa de éste, Plotina. En el año 100 afianzó todavía más su posición al contraer matrimonio con Vibia Sabina, la sobrina nieta de Trajano. Su carrera avanzó a una velocidad increíble a lo largo de los siguientes años. En el 107 era gobernador de la provincia de Panonia y en el 108, el año de la muerte de Sura, fue nombrado cónsul. A continuación, durante los diez años siguientes, su carrera pareció detenerse y se especula que entonces pueden haber llegado a oídos de Trajano las voces de los opositores a Sura y su protegido, Adriano. Probablemente lo más importante para la evolución de Adriano durante esa época fue que le nombraran arconte o magistrado en Atenas. Se enamoró de la ciudad y de la cultura griega, hasta tal punto que sus enemigos en Roma se burlaban de él llamándole "el pequeño griego".

Como emperador, Trajano emprendió operaciones militares agresivas. En el año 117, Adriano le acompañó en su guerra contra los partos. Trajano dejó a Adriano en la retaguardia como comandante del crucial ejército de apoyo en Siria, mientras él se dirigía hacia el este. Pero la campaña no fue bien, el emperador cayó enfermo y emprendió el regreso a Roma. El 9 de agosto del 117, Adriano supo que Trajano le había adoptado: esto significaba que sería su sucesor. El 11 de agosto llegó la noticia de que el emperador había muerto. La rapidez de los acontecimientos desconcertó a muchos y circuló el rumor de que se trataba de un complot por parte de Adriano y Plotina, sobre todo cuando falleció el único testigo, aparte de la propia Plotina, de la adopción de Adriano por parte de Trajano. Sin embargo, como estaba al frente del ejército de Siria, Adriano se encontraba en una posición fuerte. La rápida ejecución de cuatro senadores acusados de conspirar contra él, estabilizó la situación.

Adriano fue uno de los principales emperadores que tuvo Roma; de hecho, muchos historiadores opinan que el imperio romano alcanzó el apogeo durante su mandato. Modificó la agresiva política militar de Trajano, puso fin a la guerra contra los partos e incluso devolvió las tierras que había conquistado. Se concentró en levantar defensas en las fronteras, como el inmenso Muro de Adriano en Gran Bretaña, y también emprendió amplios proyectos de obras públicas, como la construcción de innumerables caminos, puentes, puertos y acueductos. Durante su gobierno realizó dos visitas completas al imperio: viajó a las provincias occidentales en 121-123 y a las orientales en 123-126. Quizá debido a su origen hispano, fue el primer emperador que no concibió el imperio como Italia solamente, sino incluyendo todas las provincias, uniendo Oriente y Occidente.

A excepción de una revuelta judía en Palestina, en el año 132, que aplastó en el 135, los veinte años de reinado de Adriano fueron pacíficos.

Fue un administrador ingenioso, estableció un aparato burocrático permanente y eficaz, codificó la legislación romana y estableció el correo imperial para facilitar las comunicaciones. Fundó numerosas ciudades, incluida Adrianópolis (la actual Edirne en Turquía). Fue un arquitecto de talento, restauró el Panteón en Roma y finalizó el gran templo de Zeus en la Olimpia de Atenas, cuya construcción se había iniciado hacia cinco siglos. Puede que el monumento arquitectónico más importante sea la villa que mandó construir para sí en Tívoli, en las afueras de Roma, donde coleccionó y expuso objetos traídos de sus viajes. Todavía se conserva en Roma la monumental tumba que levantó para sí mismo, conocida actualmente como el castillo de Sant'Angelo.

Fue un esteta que escribió poesía bastante buena, parte de la cual sobrevive, además de ser famoso por haber escalado el monte Etna, en Sicilia, y el Habal Agra, en Siria, sólo para ver amanecer. Impuso la costumbre revolucionaria de llevar barba, que fue imitada por varias generaciones de emperadores romanos.

En el año 123, mientras recorría la provincia de Bitinia, en el noroeste del Asia Menor, conoció a un joven lánguido y temperamental llamado Antinoo. Se tienen pocas noticias suyas, salvo que es probable que naciera en el 110, pero durante los siete años siguientes, el emperador y él fueron inseparables unidos por el más grande amor, hasta que en el 130, estando ambos en Egipto, Antinoo se ahogó en el Nilo en misteriosas circunstancias que dieron origen a interminables especulaciones: que fue asesinado por algunos que le envidiaban su influencia, que estaba a punto de superar la edad que establecían las relaciones pederásticas entre el erastes (el amante maduro) y el eromenos (el joven amado) y tal vez prefirió morir a vivir sin él, que se arrojó deliberadamente al río como parte de un sacrificio sagrado para proteger la fortuna del emperador, quizá para curarle de alguna enfermedad. Nunca lo sabremos. Lo que sí se sabe es que Adriano quedó desolado. Lloró públicamente, lo divinizó y fundó en su honor la ciudad de Antinoópolis donde cada año se celebraban unos juegos especiales para honrar al joven dios. El culto de Antinoo se extendió por todo el imperio: fue el último dios de la antigüedad, muy calumniado por los primeros cristianos. Se erigieron innumerables estatuas en homenaje a su belleza sensual y melancólica, de las cuales se conservan todavía más de quinientas que, en conjunto, representan la ultima gran creación original del estilo clásico de la escultura griega, y desde entonces han obsesionado a los observadores. En el siglo XVIII, Johan Joachim Winckelmann describió la imagen labrada de Antinoo como "la maravilla del arte de esa época y de todas las demás", mientras que en el siglo XIX, dicen que el poeta Alfred, lord Tennyson, observando una estatua de Antinoo en el Museo Británico comentó: "El bitinio inescrutable. (...) Si supiéramos lo que sabía él, podríamos comprender el mundo antiguo".

Tras tres intentos de suicidio, y en medio de grandes dolores, Adriano murió de una enfermedad desconocida e incurable, en el balneario de Bayas, cerca de Nápoles, el 10 de Julio del 138. Compuso para sí mismo un epitafio que, con sus típicos juegos de palabras, resulta tan complicado que casi parece imposible de traducir del latín, pero que encierra una gran belleza y una, aún, mayor melancolía del tiempo ido:

Pequeña alma, blanda, errante,

Huésped y amiga del cuerpo,

¿Dónde morarás ahora,

Pálida, rígida, desnuda,

Incapaz de jugar, como antes?

No sería extraño que tales palabras se las inspiraran el doloroso sentimiento por la  horrible desaparición de su amado. Tal vez se preguntaba adónde habría ido el alma de Antinoo, con la vana esperanza de encontrarlo en el más allá.

A instancias de su sucesor, Antonino Pio, el Senado romano (que nunca le quiso demasiado desde que hizo asesinar a cuatro de sus miembros para convertirse en emperador) le divinizó, muy a su pesar.

Adriano y Antinoo fueron una de las grandes parejas de amantes de la historia del mundo. Los cristianos primitivos les odiaron por sus "tendencias antinaturales", aunque en otras muchas personas la historia de su amor inspiró respeto y admiración. Una prueba de que siguen siendo inspiradores se encuentra en la excelente novela de Marguerite Yourcenar Memorias de Adriano.

Pocos gobernantes de la historia han tenido tanta influencia como Adriano en el curso de un imperio. Pocos hombres son amados como Antinoo fue amado por Adriano.


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