FEDERICO II, EL GRANDE - 1712/1786

Rey de Prusia entre 1740 y 1786. Aquellos que todavía albergan dudas sobre la presencia de los homosexuales en las fuerzas armadas pueden tranquilizarse al saber que Federico el Grande, una de las figuras clave del militarismo europeo fue homosexual. Durante su largo reinado consiguió que Prusia, uno más entre los estados alemanes, pasase a convertirse en una gran potencia. Su homosexualidad no hace que, por ejemplo, la anexión por la fuerza de Silesia (una provincia austriaca) sea más lícita, pero al menos demuestra que la homosexualidad no va asociada necesariamente al altruismo o al campo de la estética, la "sensibilidad" o el talento para la decoración de interiores.

 Gracias a una series de anexiones y ocupaciones, para el final de su reinado había duplicado prácticamente el tamaño de su reino. Fue él uno de los que defendieron la máxima que tristemente se convertiría en una de las constantes de la historia europea: "para cada Estado, como para cada organismo, la expansión es una ley de vida fundamental". No obstante, sería injusto recordar al monarca sólo desde esta perspectiva. Fue un gobernante ilustrado y tolerante con las minorías religiosas: animó a los hugonotes, a quienes Luis XIV hacía la vida difícil en Francia, a trasladarse a Prusia, y con ellos llegaron nuevas ideas, riqueza y una actitud más abierta al progreso. Francófilo hasta la médula, (en la corte sólo hablaba en francés), buscó la amistad de Voltaire, primero en un intercambio de cartas, luego invitándole a su residencia en Sans Souci; fue un ferviente admirador de su obra literaria y de sus ideas. La amistad no terminó bien, lo que quizá era de esperar en semejante encuentro de fuertes personalidades: fue Voltaire el que escribió sangrantes sátiras contra el monarca utilizando su homosexualidad  como blanco de críticas.

Federico no sólo hizo Prusia más poderosa, sino que también mejoró las condiciones de vida de los prusianos, tanto en lo que respecta a necesidades físicas (empleo, alojamiento, nievas técnicas de cultivo para incrementar la producción agrícola, abolición de la tortura) como intelectuales (amplia libertad de prensa).

Su homosexualidad es a menudo tratada en términos simplistas: la conflictiva relación con su padre, el Rey Federico Guillermo, lo convirtió en un joven retraído y necesitado de afecto que se construyó una dura cáscara de soledad para soportar una vida que le desilusionaba. Un desgraciado incidente explica el detonante de la dureza de carácter y frialdad que se le atribuyen desde su juventud. En un intento de huir de un padre brutal, a los dieciocho años conspira con dos jóvenes tenientes, Keith y el atractivo y seductor Hans von Katte, para escapar de Prusia a Inglaterra. Al ser descubiertos, se les acusa de alta traición y, como escarmiento, Federico Guillermo ordena que Katte sea ejecutado frente a la ventana de su hijo. Hay una tendencia a describir la escena en términos románticos, pero al parecer desde ese momento Federico cambió por completo. Permaneció él mismo encarcelado hasta que aceptó un matrimonio en el que nunca hubo amor para complacer a su padre, pero en cuanto heredó el trono pasó largas temporadas en el palacio de Sans Souci, en Postdam. Se rodeó de compañía exclusivamente masculina, intelectuales y artistas, pero también militares y efebos, y al parecer estableció algo muy parecido a una arcadia de tolerancia homosexual. No vio demasiado a su mujer a partir de ese momento. No es coincidencia que sea éste el período en el que se desarrolla por primera vez una fuerte subcultura homosexual en Berlín. Federico II pasó a la historia por sus logros, pero también por su personalidad compleja, de la que conocemos mejor sus manifestaciones que sus motivaciones.

En 1739 publico su obra Anti-Maquiavelo , en la que condenaba a Maquiavelo y abogaba por una mayor exigencia moral para los gobernantes

Participó en la Guerra de los Siete Años, (1756-63), en la que Federico, aliado con Gran Bretaña, hizo frente con éxito a la poderosa coalición continental constituida por Austria, Rusia, Francia y Sajonia. La mayor organización, movilidad y disciplina del ejército prusiano, le permitieron resistir contra enemigos muy superiores; pero habría perdido la guerra en 1762, con Berlín ocupado por los rusos y las arcas reales al borde de la bancarrota, de no ser por la llegada al Trono de un nuevo zar, Pedro III, cuya admiración por Federico le llevó a retirar a Rusia de la guerra (Paz de Hubertsburgo, 1763).

En 1772 participó con Austria y Rusia en el primer reparto de Polonia, a cambio de no obstaculizar las ambiciones territoriales de estos dos países sobre el debilitado Imperio Otomano; Prusia obtuvo así un vasto territorio que compactaba sus posesiones, uniendo la Prusia Oriental con Pomerania y Brandenburgo. En 1784 organizó una Liga de príncipes alemanes para salvaguardar el statu quo en los Países Bajos frente a las ambiciones expansionistas de Baviera.

Murió sin herederos, sucediéndole su sobrino Federico Guillermo II.

     

Sans Souci

     

SALIR    EXIT