MARCEL PROUST - 1871/1922

Escritor francés. En la monumental En busca del tiempo perdido, la homosexualidad es cotilleo y la heterosexualidad pasión. En la vida de Marcel Proust parece haber sido cierto lo contrario. Si bien participó en la vida social burguesa del París de aquella época, e incluso flirteó con señoritas casaderas, sus grandes amores los vivió al margen de los círculos sociales y las sacudidas emocionales ante la pérdida de sus seres queridos permanecieron enterradas, apenas insinuadas, entre miles de páginas de información pública trivial.

Proust nació en el mejor de los mundos posibles, en el seno de una familia adinerada, hijo de un médico y de una mujer inteligente que le mimó con su amor desde la más tierna infancia. A los nueve años contrajo asma, enfermedad que nunca le abandonaría y que, junto con otras enfermedades ocasionales de carácter neurótico, determinaría una existencia en casi completo aislamiento durante los últimos años de su vida.

Pese a que estudió varias carreras (derecho y filosofía, y consiguió el título de notario aunque nunca ejerció), dedicó su vida a sus intereses personales: la literatura, la botánica y la historia. 

En 1895 recoge sus escritos en la colección Les plaisirs et les jours, una selección de ensayos, poemas y relatos. En ese momento realiza su primer trabajo importante: Jean Santeuil, una narración autobiográfica que dejó incacabada cuando llevaba mas de mil páginas escritas y que no se publicó hasta 1952. El problema de esta obra tal como noa ha llegado es su debilidad estructural: es una colección de viñetas y episodios variados en los que no se encuentra ímpetu narrativo y que no parecen conducir a ninguna parte. Es un documento indispensable sobre el joven Proust como escritor en ciernes, pero las grandes experiencias formativas de su vida estaban aún por llegar. En esta época Proust era un dandi que había encontrado su inspiración en los escritos de Ruskin (que tradujo), en la figura de Robert de Montesquiou y en filosofía esteticista. Jean Lorraine que lo conoció en aquellos años, lo consideraba poco más que un jovenzuelo vano, de estilo pretencioso, un aficionado que no podía tomar nada en serio.

Su vida sexual en aquel momento es objeto de especulación. Mantuvo fuertes amistades con hombres de su mismo círculo social, pero la homosexualidad era un gran tabú (quizá debido a su frecuencia), y si estas relaciones llegaron a tener un aspecto sexual, éste quedó oculto. Tuvo, eso sí, relaciones discretas con sirvientes. 

La primera gran sacudida emocional de su vida llegó con lña muerte de su padre en 1903 y, sobre todo, la de su madre dos años después. La desaparición de ésta le dejó destrozado, pero también le dió la oportunidad de explorar su sexualidad sin la pesada carga de una discrección excesiva.

En 1907 conoce al amor de su vida, Alfred Agostinelli, que se convertiría en su chófer. Fue una pasión intensa que quedó registrada en cartas y escritos. Quizá el mayor homenaje a este conmplejo amor sea el tratamiento paranoico del personaje de Albertine en En busca del tiempo perdido: bajo este nombre se encuentra Agostinelli, con toda su ambigüedad, su sadismo y, en último término, también su vulnerabilidad. El joven chófer muere en un accidente de aviación y el escritor experimenta un dolor insioportable. Se recluye en sus aposentos y se dedica a escribir su obra maestra, el primer volumen de la cual, Por el camino de Swann, aparecerá en 1913. No se le conocen más relaciones estables.

En ésa época invierte en el negocio de uno de sus amigos íntimos, Albert le Cuizat: se trata de un local que adorna con el mobiliario que le dejó su madre y que se convertirá en uno de los prostíbulos homosexuales más famosos de París. Cuizat aparecerá como el propietario del burdel Jupien en El tiempo recobrado

Marcel Proust muere el 18 de Novuiembre de 1922, cuando se encuentra en el proceso de corrección de Albertine desaparece

Al evaluar su figura nos encontramos con un hombre de una sensibilidad extrema que se esforzó denodadamente por describir sus intuiciones y sentimientos de manera detallista, hasta llegar a la neurosis. Su obra es un testimonnio de las mentiras, deseos y sacrificios del amor, del modo en que el amor se pone en escena en la vida pública e incluso de cómio, visto desde lejos, siempre resulta patético.

           

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