MIGUEL ANGEL 1475 - 1564
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Miguel Angel (Michelangelo Buonarroti) nació el 6 de marzo de 1475 en la población toscana de Caprese, cuyo corregidor era su padre. Como su madre murió siendo él niño, fue criado por una familia de canteros en la localidad vecina de Settigano. Cuando su padre volvió a casarse, en 1485, Miguel Ángel fue a vivir con él a Florencia, ciudad de grandes inquietudes artísticas, donde el niño conoció a estudiantes de arte y pasaba gran parte del tiempo copiando la obra de grandes maestros como Donatello, Giotto, Masacio y Botticelli. A pesar de la oposición de su padre, en 1488 empezó a trabajar como aprendiz del muralista Ghirlandaio y en 1498 ingresó en la escuela de arte de Lorenzo de Medici, bajo la tutela del escultor Bertoldo, que había sido discípulo de Donatello. Durante los tres años siguientes, Miguel Ángel vivió en el palacio de los Medici, donde recibió la profunda influencia del neoplatonismo que representaba la corriente intelectual de la corte. Al fallecer Lorenzo en 1492, el austero reformador Savonarola incitó a una revuelta pública para expulsar a los Medici de Florencia. En la guerra civil que estalló entonces, Miguel Ángel huyó primero a Venecia y después a Roma. Durante los cinco primeros años que pasó en Roma realizó sus primeras obras importantes, que incluyen las esculturas de Baco (1496-1498) y la famosísima Pietà (1498-1500) para la iglesia de San Pedro. Mientras tanto, la opinión florentina se volvió contra Savonarola y la ciudadanía lo quemó en la hoguera en 1498. En el año 1500 Miguel Ángel regresó triunfalmente, invitado por la ciudad de Florencia. Poco después le encargaron que esculpiera un bloque de mármol de cuatro metros de altura, una operación en la que ya habían fracasado otros dos escultores. Trabajó en secreto durante los tres años siguientes, despertando mucha expectación y, cuando finalmente en 1504 se descubrió su monumental estatua desnuda de David, el público quedó boquiabierto. Todos querían contratar a Miguel Ángel. En 1505, el todopoderoso y mundano papa Julio II le ordenó que regresara a Roma y le encargó un monumento funerario en su propio honor. Este proyecto, el más frustrante de toda su carrera, marcó el inicio de su prolongada y turbulenta relación con los papas Medici. Estuvo un año trabajando en una gigantesca estatua de bronce para el monumento y, poco después de concluirla, fue fundida para fabricar cañones. Entre 1508 y 1512, estuvo ocupado en la realización de otro de los inmensos proyectos del papa: pintar el techo de la Capilla Sixtina. La heroica narración del artista pintando acostado sobre duros andamios, con la pintura chorreándole por la cara, ha dado origen a la leyenda. tras la muerte de Julio II, en 1513, sus herederos le contrataron otra vez para acabar la tumba de su predecesor; a ese trabajo, acompañado de prolongados litigios, dedicaría Miguel Ángel los cuarenta años siguientes. "He perdido todaq mi juventud encadenado a esta tumba", escribiría más adelante. Al final se vio obligado a abandonar su plano para construir la tumba de San Pedro. La colosal estatua de mármol del Moisés y las estatuas conocidas como Los esclavos se conservan como partes impresionantes de un todo que no se llegó a completar jamás. En 1516, el papa León X (sucesor de Julio e hijo de Lorenzo de Medici) ordenó a Miguel Ángel que regresara a Florencia para diseñar una capilla para los Medici. Las obras continuaron bajo el mandato de su sucesor, otro Medici de nombre Clemente VII. Cuando las tropas del Sacro Imperio Romano saquearon Roma en 1527, Clemente marchó sobre Florencia, indignado con la ciudad por no haber acudido en su ayuda. Pusieron a Miguel Ángel al frente de las defensas, en contra de su antiguo señor, y así resistieron durante nueve meses. Pero en 1530 un traidor abrió la puerta y las fuerzas de Clemente invadieron Florencia. Miguel Ángel se vio obligado a pasar varias semanas oculto en un campanario hasta que fue perdonado y se le ordenó que continuara su trabajo en la capillas de los Medici. En 1534, una vez concluida la capilla, Miguel Ángel se fue definitivamente de Florencia y se instaló en Roma. Tenía casi sesenta años. El papa Pablo III le encargó la pintura de un juicio final en la pared de la capilla Sixtina, yb dedicó a esta tarea los quince años siguientes. En 1547 fue nombrado arquitecto mayor de la basílica de San Pedro, en Roma, para la cual diseñó la inmensa cúpula que sigue siendo una de las grandes obras maestras de la arquitectura de todos los tiempos. Miguel Ángel murió en Roma el 18 de febrero de 1564, tres semanas antes de cumplir ochenta y nueve años. Según relatos de la época, Miguel Ángel fue un hombre solitario e introvertido, propenso a estallidos de su temperamento fogoso. Vivía con frugalidad, comía y bebía poco, y apenas dormía. A diferencia de otros artistas de su época, como Leonardo y Rafael, no usaba ropa elegante sino que prefería prendas y calzado sencillos, de obrero. Se dice que incluso dormía con la misma ropa. aunque él se consideraba fundamentalmente escultor, se podía apreciar su espléndido genio en todo lo que hacía, tanto en escultura como en pintura, en arquitectura como en poesía. Escribió más de trescientos sonetos, muchos de ellos dedicados a jóvenes como Gherardo Perini y Febo di Poggio. En 1532, cuando tenía cincuenta y siete años, Miguel Ángel conoció a un joven noble y hermoso llamado Tommaso de' Cavalieri, al cual dedicó el resto de su vida. Le escribió numerosos sonetos de amor y le enviaba dibujos, incluso uno en el cual aparecía él mismo como Zeus, en forma de águila, capturando a Cavalieri y llevándoselo al cielo en forma del joven pastor Ganímedes. Aparentemente, en la vida real su relación fue platónica: Miguel Ángel fue el hombre mayor que adoraba y Cavalieri, el joven inalcanzable. No obstante, su amistad duró treinta y dos años, y Miguel Ángel murió en brazos de su amigo. Cuando los poemas a Cavalieri se publicaron de forma póstuma en 1623, al sobrino de Miguel Ángel le pareció mejor cambiar los nombres, lo cual indica que sus contemporáneos comprendían la homosexualidad implícita en ellos, que podía resultarles embarazosa. Durante su vida, la sexualidad de Miguel Ángel se interpretó de dos manera. Por una parte, Aretino le acusó de sodomía con Perini y Cavalieri, con estas palabras: "Aunque seáis divino, no desdeñáis consortes masculinos". En cambio otros, como Vasari, afirmaban que Miguel Ángel estaba "casado con su arte". Hay un grupo de cincuenta sonetos particularmente enigmáticos y sugestivos que Miguel Ángel compuso en 1544, al producirse la muerte, a los quince años, de Francesco (Cecchino) di Zanobi Bracci, el sobrino favorito de Luigi del Riccio. "Aunque apenas estuve dedicado a ti una hora, escribió acerca del muchacho, me entrego a la muerte para siempre." Aparentemente Miguel Ángel (que tenía sesenta y ocho años cuando conoció a Cecchino) manifestó sus sentimientos con una franqueza fuera de lo común en su correspondencia con el tío del muchacho. En una carta dirigida a Luigi en 1542, por ejemplo, Miguel Ángel se refiere a lo que bien pudo ser un sueño homoerótico sobre Cecchino. Su tono sugiere la existencia de cierta complicidad entre ambos: "Envié este (madrigal) hace poco a Florencia. ahora que lo he vuelto a escribir y me gusta más cómo ha quedado, te lo envío para que lo entregues, si te parece, a la llama, es decir, a quien me consume. Quiero pedirte otro favor: que me aclares algo que me tiene perplejo desde anoche; cuando saludé a nuestro ídolo en sueños, me pareció que se reía y me amenazaba y, como no sé cuál de las dos cosas creer, te suplico que le preguntes; así, cuando nos veamos mañana, podrás aclarármelo". Puede que Miguel Ángel haya sido el mayor artista visual de todos los tiempos, destacando en todos los medios en los que trabajó. Para este hombre al que le gustaban los hombres, su orientación sexual fue fundamental en su obra. le fascinaba el cuerpo masculino; incluso se ha sugerido que hasta la mujeres que aparecen en sus pinturas parecen tener cuerpo de hombre. Precisamente a través de su conceptualización heroica y su representación del cuerpo masculino ha ejercido una influencia incalculable no sólo en la imaginación gay sino también en nuestra imaginación cultural colectiva. De vez en cuando aparece una imagen ideal de belleza humana, como ocurrió con Antinoo, el amado de Adriano, cuyas hermosas facciones obsesionaron al arte clásico posterior. La imagen del David de Miguel Ángel (confiado y a la vez tentador, en pose y relajado, juvenil y, sin embargo, dotado de fuertes músculos) incorporó a la historia otro tipo de belleza masculina que perdura hasta nuestros días. Cada vez que nos cruzamos con otro cuerpo atlético, tal vez, encontramos a un homosexual que, inconscientemente, rinde homenaje a esa concepción de la belleza masculina que nos donó Miguel Ángel hace quinientos años. Su influencia se nota todavía en nuestra manera de observarnos a nosotros mismos. Sus manos de escultor siguen modelando nuestro mundo. |