OSCAR WILDE - 1854/1900
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El primer homosexual moderno, Oscar Wilde, nació como Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde el 16 de Octubre de 1854 en Dublín, Irlanda. Su padre fue un otorrinolaringólogo famoso que, en su tiempo libre, escribía libros de arqueología. Su madre era folclorista y poetisa. De 1864 a 1871, Wilde asistió a la Portora Royal School de Enniskillen y a continuación obtuvo becas, primero para el Trinity College de Dublín y después para el Magdalen College, en Oxford, donde acabó los estudios con honores en 1878. En Oxford, se labró una reputación no sólo como esteta y dandi (sus habitaciones espléndidamente decoradas y su ingenio desconcertante dieron mucho que hablar en la universidad) sino también como estudioso de los clásicos y poeta talentoso, ya que en su último año de universidad obtuvo el prestigioso premio Newdigate. Sus primeros coqueteos con la homosexualidad pudieron tener lugar en Oxford, donde conoce a John Ruskin y a Walter Pater y empieza a escribir poesía, sus poemas de juventud constituyen sus escritos más homoeróticos y están llenos de figuras como Apolo, Hércules, Jacinto y muchos más identificables con la tradición homosexual griega Wilde se trasladó a Londres y continuó con sus extravagancias, por lo cual fue caricaturizado en la revista satírica Punch y se creó un personaje (Bunthorne) basado en él en la ópera cómica Patience de Gilbert y Sullivan. Wilde es el dandi arquetípico, ingenioso y afeminado, arrogante y epicúreo; proyecta una personalidad que se lee sobre todo en términos estéticos y aunque resulta irritante para muchos, no es todavía explícitamente agresiva. Toda esta atención fue del agrado de Wilde, que acababa de publicar su primer libro de poesía y buscaba publicidad. A tal fin, en 1882 emprendió una gira dando conferencias por Estados Unidos y Canadá; fue ampliamente criticado por la prensa estadounidense, pero el público, aunque escéptico, fue numeroso en todo el país. Vestido con una chaqueta de terciopelo de color morado oscuro, con volantes de encaje en los puños, pantalones cortos hasta las rodillas, medias negras de seda y zapatos con hebillas metálicas, predicaba su doctrina del esteticismo, el amor al arte y la belleza. En Camden, Nueva Jersey, fue a visitar a Walt Whitman y le dijo: "Vengo como poeta a conocer a otro poeta". La entrevista fue cordial, y posteriormente Whitman recordaba a Wilde como "un joven masculino, agradable y elegante". Wilde aprovechó el viaje para asimilar nuevas imágenes de Estados Unidos, lanzando esas frases ingeniosas que le dieron merecida fama. Después de caracterizar las cataratas del Niágara como "infinita agua que cae al revés", confirmó que "el Niágara sobrevivirá todas mis críticas. Debo decir, sin embargo, que es la primera desilusión en la vida matrimonial de muchos estadounidenses que van a pasar allí la luna de miel". Pasó su propia luna de miel en París, en 1884, después de casarse con Constance Lloyd. Sus dos hijos nacieron en 1885 y 1886, pero la felicidad matrimonial no duraría mucho tiempo. Parece que sólo a partir de 1886 empieza a tener prácticas homosexuales de manera continuada a partir de su relación con un estudiante canadiense de diecisiete años llamado Robert Ross y se dejó seducir por él. Robbie, será, incluso después de acabar su relación amorosa, su amigo más fiel y su albacea literario. Tras el proceso, cuando todos lo abandonaron, Ross permaneció todo lo cerca que pudo para no ser inculpado: fue su mejor amigo y el hombre que realmente le amó. En poco tiempo, Wilde comenzó a llevar una doble vida, manteniendo a su esposa y sus amigos respetables completamente al margen de su círculo creciente de hombres jóvenes. El año 1891 fue decisivo para Wilde, tanto por la publicación y el notable éxito de su novela El retrato de Dorian Gray como porque fue presentado a lord Alfred Douglas, un entusiasta admirador que afirmaba haber leído el libro nueve veces y que era también esteta pero de escaso talento literario, arrogante y con tendencia a las rabietas. Wilde quedó muy impresionado por la belleza de este joven de veintiún años. En la primavera de 1892 ya eran amantes y Wilde le confiaba a Ross, en una nota llena de alusiones eróticas: "Bosie (el sobrenombre de Douglas) ha inistido para que nos detuviéramos aquí a comer unos bocadillos. Se parece tanto a un narciso, tan blanco y dorado (...) Se tiende en el sofá como un jacinto, y yo lo adoro". Todo parece indicar que Wilde sintió por él el tipo de fascinación que no atiende a buenas razones. Douglas era encantador, brillante, inquieto y, según el parodista Max Beerbohm, "estaba loco, evidentemente (como toda su familia, según creo". Wilde estaba muy enamorado. Sin embargo, su pasión no aspiró jamás a la monogamia, y Douglas introdujo a Wilde en el placer de los hombres jóvenes, a los que podía tener acceso a cambio de un poco de dinero y una invitación a cenar: "banquetes de panteras", llamaba Wilde a esta práctica, evidentemente peligrosa, que le exponía al chantaje. uno de estos jóvenes, Albert Wood, se apoderó de algunas de las cartas que Wilde le había escrito a Douglas, y aquél tuvo que pagarle para que se las devolviera. Lamentablemente, algunas de estas cartas, entre ellas la famosa que hace referencia a "Jacinto" (en la cual Wilde se dirige a Douglas con entusiasmo: "Tu fina alma dorada se mueve entre la pasión y la poesía. Ya sé que jacinto, a quien Apolo amaba locamente, eras tú en tiempos de los griegos"), llegaron a manos del padre de Douglas, el marqués de Queensberry. Queensberry se indignó al confirmarse de este modo sus sospechas acerca de su hijo, y una noche poco después del estreno de La importancia de llamarse Ernesto dejó una tarjeta en el hotel de Wilde, añadiendo el insulto de su puño y letra: "Para Oscar Wilde, que se las da de "somdomita" (sic)". Se inicia así el fascinante y último acto en la tragedia de Wilde y, como todas las tragedias muestra una combinación entre ambición ciega y extrema estupidez. Incitado por Douglas, que odiaba a su padre, Wilde demandó de inmediato a Queensberry por difamación. Según la legislación inglesa, Queensberry tuvo que presentar pruebas de su acusación: una lista de doce jóvenes que estaban dispuestos a testificar que Wilde les había pedido que cometieran sodomía. Algunos amigos de Wilde le aconsejaron que abandonara el caso y se fuera del país, pero él siguió adelante con la demanda, proclamando, cuando finalmente comenzó el juicio: "Yo soy la parte acusadora en este caso". Pero la situación había cambiado y Wilde comprobó que el juicio se había vuelto en su contra, en lugar de ser Queensberry el acusado. El abogado de Wilde tuvo que reconocer que Queensberry tenía razón al llamarle sodomita en defensa del interés público. Minutos después de que Queensberry fuera absuelto, se envió una carta a la Fiscalía General con pruebas de que Wilde había cometido sodomía y se emitió un mandamiento de detención contra él. Se celebró el juicio en Abril de 1895. La participación de Wilde como testigo fue brillante pero infructuosa. A la pregunta del fiscal "¿Cual es el "amor que no se atreve a decir su nombre"?", en referencia a una línea de uno de los poemas publicados por Douglas, Wilde respondió con elocuencia: El "amor que no se atreve a decir su nombre" en este siglo es un gran afecto entre un hombre mayor y uno más joven, como el que hubo entre DAVID Y JONATÁN, similar al que Platón convirtió en la base de su filosofía, y como el que se encuentra en los sonetos de MIGUEL ÁNGEL Y SHAKESPEARE. Es ese afecto profundo y espiritual, tan puro como perfecto, que inspira grandes obras de arte, como las de Shakespeare y Miguel Ángel, y perdura en ellas (...) Pero en este siglo ha sido mal interpretado, tanto es así que se describe como el "amor que no se atreve a decir su nombre", y por él me encuentro en el lugar donde estoy. Es hermoso, es agradable, es el afecto más noble. No tiene nada de antinatural. Es intelectual y existe una y otra vez entre un hombre mayor y uno más joven: aquél posee el intelecto y éste, la alegría, la esperanza y la fascinación de la vida por delante. El mundo no comprende que esto sea así. El mundo se burla de él y a veces pone a la gente en ridículo por él. El proceso cuestiona el papel de Wilde como héroe del movimiento gay. Por supuesto, su caída en un símbolo poderoso, pero en sus declaraciones no podemos buscar una apología de la homosexualidad que en contexto del momento habría sido una nueva insensatez. El parlamento de Wilde en el juicio es, en realidad, una defensa del amor puro y platónico por los muchachos, que intentaba negar el elemento físico de sus relaciones. pero los chaperos a los que había pagado en numerosas ocasiones estaban allí para declarar lo contrario. hemos hablado de estupidez, pero la decisión de Wilde de permanecer en Inglaterra tras el resultado del segundo de los tres juicios va más alla, hasta el punto de que parece una demostración de ceguera irracional. Es imposible de explicar su permanencia. cuando se supo el resultado, todos los homosexuales que podían permitírselo tomaron el barco hacia París. Wilde no, pese a los consejos de sus amigos. Se quedó convencido, Dios sabe porqué, de que saldría bien parado, cuando la evidencia con que contamos hacía esto prácticamente imposible El 25 de Mayo de 1895 se condenó a Oscar Wilde a prisión y trabajos forzados durante dos años, la sentencia más dura que contemplaba la legislación. En Mayo de 1897, Wilde salió de la cárcel de Reading. Sin dinero y destrozado físicamente, se fue a Francia donde se reunió con Douglas (el cual, huyó de Inglaterra durante el juicio). El 30 de Noviembre de 1900 falleció en París a los cuarenta y seis años. Casi todas las obras importantes de Wilde corresponden a un breve períodp de apenas cinco años, a comienzos de la década de 1890. Aparte de El retrato de Dorian Gray, publicó el drama simbolista Salomé (1893); ensayos que tuvieron una gran influencia como The Decay of Lying (que incluye su famoso dictamen "La Naturaleza imita al Arte"), El alma del hombre bajo el socialismo y El crítico como artista ("La mala poesía siempre procede de sentimientos auténticos"); y varias comedias brillantes de enorme éxito, como El abanico de Lady Windermere (1892), Una mujer sin importancia (1893), Un marido ideal (1895) y La importancia de llamarse Ernesto (1895), con su característico juego de palabras sobre los "uranistas", un término utilizado en el siglo XIX para referirse a los homosexuales. en la cárcel escribió el angustioso De Produndis, una extensa carta en la que se refiere a su relación con Douglas de manera a veces autocomplaciente, a veces llena de comprensión por su propio trágico destino. El largo poema titulado La balada de la cárcel de Reading ("Aunque todo hombre mata lo que ama (...) El cobarde con un beso ¡y el valiente con la espada!") fue la única obra que terminó después de salir de la cárcel. Wilde no fue un héroe, pero su vida se convirtió en parte de la "leyenda áurea" de la cultura gay; la cárcel fue su martirio, y en su trabajo equipara su sufrimiento al de Cristo. La relación de su obra con la articulación de la homosexualidad es un asunto mucho más difuso, ya que la homosexualidad queda limitada a ciertos juegos de palabras y algún segundo sentido, todo dentro de temas que no tocan en lo absoluto el tema homosexual. Aunque a Wilde le gustaba afirmar que aplicaba el talento a su obra y el genio a la vida, tanto su vida como su obra han tenido una influencia enorme en el siglo XX. Con su figura irónica, ingeniosa, incómoda, "artificial", ha dado un vuelco fundamental a nuestro concepto de naturaleza humana y ha sentado las bases de nuestra sensibilidad actual. Sin Wilde no habrían existido en la literatura inglesa autores como James Joyce, W. B. Yeats y Ezra Pound, así como múltiples personalidades en otros países occidentales. El trágico arco de su carrera (un autor teatral muy popular y con mucho éxito que cae estrepitosamente por culpa de un escándalo) dejó una impresión indeleble en el público, y el juicio de Oscar Wilde tiene tanta importancia para definir nuestro tiempo como el juicio de Sócrates para la antigüedad griega. Sin duda, nunca se había identificado a nadie tanto ni tan abiertamente como homosexual, ni nadie había visto su identidad y su sexualidad tan relacionadas entre sí. Justamente éste es el motivo por el cual Wilde resulta tan moderno. Incluso no sería descabellado afirmar que fue el primer homosexual moderno del planeta. Situado en un momento de la historia de la cultura en el cual por primera vez fue posible clasificar la identidad sexual en homosexual o heterosexual, Wilde dio el paso revolucionario de aceptar y manifestar esa identidad homosexual. Si su juicio tuvo, a corto plazo, el efecto de producir escalofríos en las comunidades homosexuales secretas de su época, a largo plazo la naturaleza humana sometida a juicio cristalizó en la identidad gay de formas que siguen conviviendo entre nosotros todavía. Después de la brillante catástrofe de Oscar Wilde, ni el discurso público de la homosexualidad ni el curso privado de nuestra identidad pudieron volver a ser los mismos nunca más. La ingente cantidad de bibliografía sobre Wilde ha contribuido a crear un aura en torno a su figura que hace imposible distinguir al literato del personaje creado por la crítica gay. La fuente de referencia fundamental sobre la vida de Wilde sigue siendo la biografía de Richard Ellmann, Oscar Wilde. |