LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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SIDA - AIDS
NO ES UN PROBLEMA DE NADIE EN PARTICULAR, ES UN PROBLEMA DE TODOS LOS HUMANOS Hay que desmitificar el sida. Producto de una serie de coincidencias y no de un supuesto plan divino que trata de castigar la perversión. El sida es una de las crisis más importantes a que se han tenido que enfrentar los homosexuales como grupo, y la Humanidad en general. El Holocausto fue un fenómeno localizado, la Inquisición no fue un peligro continuo ni una persecución concreta de cualquier homosexual. La primera oleada del sida fue devastadora. Llegó cuando nadie esperaba algo así, cuando se había superado el miedo a las enfermedades venéreas. Llegó, como insinuaban algunos textos de la época, cuando todavía duraba la borrachera de la nueva libertad sexual. En Estados Unidos diezmó toda una generación, precisamente la primera en experimentar plenamente los frutos de la liberación gay. Aquellos primeros años (entre 1981 y 1985), llenos de errores, de confusión, de ignorancia y sentimientos de culpa, parecen hoy un lejano infierno. Quienes los vivieron (y sobrevivieron) no lo olvidarán jamás. Y aún así, a pesar de su fuerza, del dolor, decimos, hay que esforzarse denodadamente por desmitificar el sida. Hay que esforzarse por no hacer del sida un melodrama, un poema una épica. Sólo mirándolo con atención, haciendo oídos sordos a los terrores que inspira y poniendo los medios necesarios, podemos huir de la pesadilla. El sida es el efecto de la infección de un microorganismo, el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Los estudios parecen indicar que el virus se originó en la sabana africana, teniendo como huéspedes a una especie de simios, de los cuales pasó a los seres humanos en dos mutaciones o variantes distintas (VIH-1 y VIH-2), según las zonas del planeta, y ha afectado durante el siglo XX, según la Organización Mundial de la Salud, a 52 millones de personas. En el 2007 se calcula que hay unos 33 millones de personas infectadas con el VIH, 31 millones adultos y el resto niños. En el año 2007 se han infectado por el virus unos 3 millones de personas en todo el mundo. Las hipótesis del origen africano fueron acusadas de racistas: la enfermedad siempre se presenta como algo que procede del Tercer Mundo, de "fuera". Unos hablaron, algo paranoicamente, de una conspiración; otros, de un experimento científico fuera de control. Se aludió también a las drogas. Algunos científicos sugirieron que el sida siempre había existido pero no era diagnosticado como tal. Vale la pena comentar a mero título informativo que, es el caso, que una de las múltiples enfermedades que se originan en los enfermos de sida, el sarcoma de Kaposi, fue descrito en 1872 y se origina por el virus del herpes VHH-8, unido a unas bajas defensas, como es en el caso del sida. Este tipo de cáncer se daba en Europa, especial y mayormente, entre hombres maduros del Mediterráneo oriental, sobre todo en las penínsulas Itálica y Balcánica y en Grecia. La forma endémica fue descrita en los años 50 como una de las formas más frecuentes de cáncer en África Central y oriental afectando de 10 a 15 veces más a los hombres que a las mujeres. En África el virus del herpes humano VHH-8 está muy extendido entre sus habitantes, llegándose en algunas poblaciones africanas a un porcentaje del 50% de la población de estas zonas. Cronológicamente se ha llegado a seguir la pista a la pregunta de cómo surgió el virus VIH: -1930 - En África, un pequeño grupo de personas se contagió a través del contacto con sangre de mono infectado con VIS (virus de inmunodeficiencia en simios). Este virus modificó su estructura genética en el cuerpo humano y originó el VIH. -1959 - Un hombre de origen bantú que vivía en Kinshasa, llegó al hospital con una extraña infección. Décadas más tarde se estudió una muestra de su sangre y se comprobó que tenía sida. Es el primer caso registrado de la enfermedad. - 1981 - El Centro de Control de Enfermedades de los EE.UU. (CDC) registra los primeros casos en el país. El epicentro de la epidemia es la ciudad de San Francisco. Se cree que es un mal que afecta tan sólo a los homosexuales. - 1983 - Se comprueba que el VIH es un virus que se transmite a través de las relaciones heterosexuales, por el intercambio de jeringuillas (especialmente entre los drogadictos), por transfusiones de sangre con el virus... - 1990 - Se detectan por lo menos dos tipos de virus, el VIH-2, que predomina en África, y el VIH-1 presente en el mundo occidental. - 1996 - Se presentan los cócteles de tres drogas anti-sida. - 1999 - Se comprueban similitudes genéticas entre el VIH y el VIS, que portan los simios, entre ellos el chimpancé. - 2000 - Se confirma que el origen del sida ocurrió a través de contagio del chimpancé al hombre. - 2001 - Comienzan ensayos en humanos con una nueva vacuna. Actualmente se continúan los estudios sobre las vacunas, aunque todavía no se ha podido conseguir una que garantice una total seguridad. Asimismo han aparecido nuevos medicamentos que permiten reducir el número de pastillas a tomar diariamente, así como con menores efectos secundarios. Hay un tratamiento de choque ante una relación sexual que resulte claramente peligrosa, que consiste en la toma de un cóctel de antivirales durante las 48 horas siguientes a la exposición a la infección el cual está teniendo bastante éxito pues impide que el organismo llegue a infectarse. En trasplantados empezó a observarse en los años 70 en pacientes sometidos a tratamientos inmunosupresores para evitar el rechazo, la infección del VHH-8 que puede ser anterior al trasplante o una de las consecuencias del mismo. Queda por explicar por qué la presencia del VIH se hizo insoslayable a principios de los 80. Quizá, ante la tragedia, sea más humano resignarnos a la ignorancia en este aspecto. Buscar causas sólo contribuye a estimular una atmósfera de una inútil caza de brujas. El VIH es un virus frágil que sólo se transmite en condiciones concretas, sangre-sangre, esperma-sangre. El grado de concentración en la saliva hace prácticamente imposible su transmisión por el beso de no existir sangre de por medio, pero hay que ir con cuidado si se tienen las encías débiles o sangrantes y, muchísimo cuidado con los penes en la boca y la esperma o el licor prostático del posible compañero sexual. Pero la penetración anal (sin olvidar la vaginal) sin preservativo constituye un medio que hace muy fácil la transmisión de un cuerpo a otro a través de los fluidos (semen y sangre) en los que el virus vive. Lo mismo sucede con las transfusiones o las inyecciones con una jeringuilla que ha usado otra persona infectada (las posibilidades de transmisión citadas valen para la hepatitis B y C y otras enfermedades que no vienen al caso). Tras su entrada en el organismo, nuestro sistema inmunológico lo identifica como un cuerpo extraño y trata de destruirlo. Son la presencia de los anticuerpos generados por nuestro sistema de defensas lo que identifica la prueba realizada para averiguar si un individuo ha sido contagiado. Así quien ha sido infectado resulta "seropositivo". La fragilidad del virus en condiciones adversas no es tal cuando se encuentra dentro del organismo. Las defensas del cuerpo humano no consiguen eliminar el virus y acaban sucumbiendo a él. Mientras, no cesa de replicarse infectando a nuevas células. A menudo hay mensajes que avisan de esta entrada, pero excepto en casos de reacción fuerte, pueden confundirse con una gripe o cualquier otra enfermedad corriente. En todo caso, ya es difícil evitar la continuación del proceso, aunque sus consecuencias pueden paliarse. El virus se introduce en la pared celular de unos linfocitos en particular, los linfocitos T, que son los guardianes de nuestro sistema inmunitario, y se liga con el ADN humano para replicarse. Los avances médicos todavía no han conseguido hallar una cura, pero sí se conocen mejor las condiciones del funcionamiento del virus que pueden contribuir a controlarlo, con lo cual cada vez tiene más sentido hacerse la prueba con el fin de conocer cuanto antes si hay infección. El virus es destructivo desde el primer día a través de su continua multiplicación; hay un número mínimo de casos en que no se desarrolla la enfermedad pese a ser seropositivo. Sida es una palabra formada por las iniciales de la expresión "síndrome de inmunodeficiencia adquirida", y eso es exactamente lo que sucede cuando el virus VIH termina destruyendo el sistema inmunológico de nuestro organismo: éste se derrumba gradualmente y perdemos defensas hasta el punto de que infecciones normalmente inocuas en un organismo normal, se convierten en graves crisis. Tuberculosis, herpes, candidiasis, bacterias, virus, hongos, parásitos..., encuentran el campo abonado para desarrollarse. Ver Las condiciones que disparan el sida son también objeto de discusión. Sabemos que ciertos estilos de vida pueden contribuir a ralentizar el proceso, ya que fortalecen nuestro sistema defensivo, pero no es algo que funcione en todas las ocasiones, y, a la inversa, cuando se dan reinfecciones del VIH, las enfermedades oportunistas y el propio sida aparecen antes. La frontera entre seropositividad y sida propiamente dicha no es la misma en todos los países. Uno de los criterios más extendidos se refiere a la cantidad de células T-4 (recordemos que forman parte de nuestro sistema inmunitario a las que el virus destruye) en la sangre: una concentración de menos de 200 por milímetro cúbico constituye, junto a tres enfermedades de una lista de veintitrés, el estado que se conoce como sida médico. Pero, éste, no es un criterio aceptado universalmente y, en sí, no dice gran cosa: mientras que algunos individuos experimentan problemas con esta concentración, otros pueden hacer vida normal. En otros casos se ha utilizado un criterio que habla de las infecciones que se manifiestan en el seropositivo. Hoy por hoy, no hay una solución definitiva al problema. Aunque los fármacos, pese a que no curan el síndrome, están dando buenos resultados en la calidad de vida de los enfermos que han pasado a padecer una enfermedad crónica y tratable aunque no curable. La esperanza se concentra en llegar a una vacuna. El descubrimiento e identificación del retrovirus, entre 1983 y 1984, fue de Luc Montagnier, del Instituto Pasteur de París, que junto a Robert Gallo, del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, protagonizaron una batalla legal por las ganancias económicas que suponían las patentes originadas por el descubrimiento. Finalmente Gallo reconoció la paternidad del descubrimiento al investigador francés. En 1985 se hablaba de unos quince años de investigaciones, pero los avances realizados, con ser importantes, no han llegado todavía a resultar del todo tranquilizadores. La primera de las soluciones fue el fármaco AZT, en el que algunos quisieron ver un rayo de esperanza. Y lo fue, sólo que precario y no para todos. Hay muchos que, simplemente, no toleran un producto tan fuerte. Desde mediados de los noventa, las esperanzas están puestas en las combinaciones de fármacos que ralentizan el proceso del síndrome que provoca el virus. Se trata de una solución que está prolongando la vida de muchos pacientes, que han llegado a resultar asintomáticos. Pero aún así hay casos de recaídas y actualmente no es posible saber si esta situación de estabilidad es definitiva o es sólo una cronicidad provisional. Además está el problema del coste: son tratamientos caros que pocos ciudadanos pueden pagarse y que el sistema sanitario sólo puede permitirse en los países del llamado "primer mundo". La prevención sigue siendo lo más sensato. Tras la aparición del sida a principios de los ochenta, se abrió una etapa de incertidumbre. La confusión reinó desde las primeras noticias de que algo extraño sucedía entre los miembros de la comunidad gay estadounidense entre 1981 y 1984, cuando el virus VIH se aceptó como causa de la condición que llamamos sida. En el ínterin, fue difícil saber qué hacer, y las informaciones contradictorias resultaron enloquecedoras. Algunos especialistas y autoridades sanitarias sugirieron absurdamente que había que evitar las relaciones homosexuales por completo. Pronto llegaron los años del sexo seguro, en que se dan unas directrices claras y sencillas de cumplir que reducen el riesgo hasta un nivel despreciable. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, cada ves que salimos a la calle corremos riesgos: ello no nos hace dejar de salir a la calle. Sería insensato, por otra parte, cruzar con los ojos cerrados una carretera transitada. La profilaxis ha producido efectos positivos, pero las campañas siguen siendo necesarias tanto para recordar al ciudadano los peligros como para concienciar a las nuevas generaciones. La protección parece un asunto sencillo, y así debería haberse tratado, sin aspavientos ni gritos apocalípticos, sin acusaciones ni amenazas. Como sabemos, no fue así. La homofobia se adueñó del discurso institucional en torno al sida, y empezó una ceremonia de la confusión en que sida y homosexualidad masculina se articulaban de modo que el primero era resultado de la maldad intrínseca de la segunda. El sida se presentó como una plaga bíblica, y los gobiernos tardaron en reaccionar: era difícil encontrar fondos en época de restricciones económicas para ayudar a un grupo de pervertidos. Se trató de esconder el alcance de la enfermedad y las campañas eran "discretas": se evitaba hablar de sexo y se centraban en imágenes heterosexuales. Todo un escándalo de nuestro tiempo. La homofobia o el miedo a hablar de sexo fueron causantes de la desinformación y, por tanto, de la muerte de miles de personas. A esto se refería la consigna "Silencio = Muerte" propuesta por el grupo Act Up. Silencio y homofobia creaban las condiciones para que homosexuales y heterosexuales siguieran muriendo. Aunque en España puede aducirse que se trataba más de lo primero que de lo segundo, no podemos olvidar que es nuestra homofobia particular la que se manifestaba desde el silencio. Esto hizo que, a principios de los noventa, España se convirtiera en el estado europeo donde el número de casos de sida crecía más rápidamente. Las cifras de seroprevalencia en 1999 en algunas de las regiones de España, en concreto Madrid y Cataluña, triplicaban las de los estados de la UE, . El ministerio de Sanidad de España cifraba en 125.000 los seropositivos y en 54.000 los enfermos de sida en la primavera de 1999. En los últimos días de 2007, se ha publicado que los casos de sida desde 1981 hasta el año 2006 han sido 73.977, sin comentarios sobre el número calculado de seropositivos. El patrón epidemiológico de la infección tiene su grueso en la drogodependencia, pero en cifras absolutas España es el estado donde la transmisión sexual también es de las más altas incluyendo la homosexual. Las cifras de la primavera de 1999 fueron cuestionadas, y desde los colectivos de lucha contra el sida, se hablaba de cerca de 200.000 seropositivos en aquellos momentos. A finales de los ochenta las campañas de prevención fueron boicoteadas por la Iglesia Católica causando la no intervención continuada y directa de una administración constitucionalmente laica. En España las organizaciones de lucha contra el sida no públicas son diversas, pero, al parecer, todas tienen en común el hecho de estar bajo la influencia económica de la industria farmacéutica. Los grupos que niegan la existencia del sida, Cobra/Plural 21, aprovechando la toxicidad de los fármacos, la complicidad de los medios de comunicación y de la administración, tuvieron una presencia mediática importante. El Día Mundial del Sida era apoyado por las cadenas de televisión y la prensa, y ocasionalmente se hacían campañas y acciones interesantes. Hubo casos de individuos sensatos como el caso del Dr. Buzón, que se esforzaron por evitar que cundiera la insensatez. Pero lo que siempre faltó fue una estrategia sólida a corto y largo plazo para abordar específicamente esta crisis de manera continua y articulada. Y lo que siempre hubo fue silencio. Pasaron años antes de que líderes políticos como Felipe González y Jordi Pujol se dignaran a emplear la palabra sida. El silencio de de los políticos relegaba la catástrofe al terreno de lo secundario, de lo que apenas requiere apoyo específico. Durante los ochenta en España era importante el terrorismo así como otros muchos problemas, sin duda, pero es persistente y totalmente plausible la sospecha de que era el miedo a perder votos, tanto como la ignorancia, lo que les llevó a no mencionar el tema. La muerte de Rock Hudson en 1985, fue un punto de inflexión en la presentación del sida, al menos en los países anglosajones. Pero si el silencio era malo, "aquello" tampoco era ideal. Las primeras imágenes de enfermos de sida mostraban a individuos cadavéricos, nada atractivos, que reforzaban el estigma que rodeaba a los enfermos. Fueron necesarios varios años para que cundiera la representación de imágenes positivas y, por supuesto, éstas vinieron del movimiento gay. Aunque la muerte era implícitamente el fin necesario de las tramas relacionadas con la enfermedad, también era verdad que se podía poner fin a la historia en un punto anterior a ese fin, para así conseguir textos que afirmasen la vida en lugar de reforzar el horror a la muerte. Mientras que obras teatrales como The Normal Heart (1985), de Larry Kramer, La última luna menguante (1986), de William M. Hoffmann, y Ángeles en América (1992), de Tony Kushner, lo consiguieron. El éxito de películas como Compañeros inseparables fue sólo relativo: el sida seguía aprisionado en las convenciones del melodrama en el que el homosexual es una mera víctima. Más fuerza se encuentra en la película Philadelphia, de Jonathan Demme. En la novela se encuentran más variedad de enfoques. En 1995 la película de Christopher Ashley Jeffrey fue una bocanada de aire fresco que trataba el tema de la enfermedad con humor, con amor y con esperanza. El importante, a la vez que relativo, éxito de las terapias antirretrovirales y la evolución de la ecología sexual han comportado que entre los gays de los países del primer mundo disminuya la prevención, lo que es bastante preocupante. Al sexo sin preservativo se le denomina bareback Ver (montar sin silla o a pelo), cuya práctica esta haciendo crecer el número de homosexuales infectados al no preocuparse por la seguridad haciendo que, desde que se vuelve a practicar el sexo sin protección, la enfermedad se esté difundiendo de forma alarmante en muchos países del primer mundo, así como las enfermedades de transmisión sexual que hace unos años habían descendido espectacularmente. Estas personas parece que no se han enterado o no quieren enterarse de las condiciones en que viven los seropositivos con medicamentos diarios, continuos análisis de todo tipo, enfermedades, estigmas, no sólo sociales, sino, físicos por la acumulación grasa que conlleva el tratamiento y que llega a delatar al enfermo en su vida normal... demostrando, además, una falta total de respeto hacia si mismos y hacia los demás. Se ha demostrado que el uso de drogas, alcohol incluido, aumenta el peligro ante el virus, ya que bajo los efectos de las mismas en que parece que nada importa sino el goce, se pueden hacer cosas que en otras condiciones resultarían inconcebibles para el individuo. En el ámbito médico, cada dos años se celebran conferencias mundiales del sida, donde la clase médica y la industria farmacéutica exponen sus avances científicos y sus proyectos; en la primera conferencia del siglo XXI, celebrada en la ciudad de Durban (Sudáfrica), el presidente de este país se mostró a favor de las tesis que niegan la relación entre el virus del VIH y la enfermedad (Cobra/Plural 21).Ver No obstante, la mayoría de países africanos han luchado por poder utilizar las patentes genéricas de los retrovirales, que de otro modo no podrían pagar, para luchar contra el virus en sus respectivos países. Los últimos datos avisan de que aparte de África, la mártir, con el mayor número de infectados, otros continentes o zonas están empeorando sin descanso: El Caribe, América del Sur, Asia, India, Oceanía... Es aconsejable que los hombres y mujeres casados o con pareja, sean homosexuales o heterosexuales, que deseen estar con otros hombres o mujeres, piensen que su familia no debe verse afectada por sus relaciones sexuales fuera de la pareja, simplemente, es cuestión de mantener todas las precauciones necesarias en cualquier relación, sea homo o heterosexual. ¡Ah! y recuerden que, aunque muy seguro, el sexo con preservativo no lo es ciento por ciento, ya que se estima que el 15% de los preservativos pueden llegar a romperse en el acto sexual. No olviden un buen gel o crema apropiados para los condones para facilitar la penetración, gozar más y mejor y, lo más importante, evitar al máximo la rotura de los condones. El virus VHI atacando a una célula. Fotografía con microscopio electrónico.
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