LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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ACTIVO/PASIVO Ésta es una de las oposiciones conceptuales que vertebran las distintas identidades homosexuales, aunque su centralidad es distinta según las culturas: mientras que los modelos gay y queer contemporáneos, por ejemplo, rechazan esta distinción como definitoria de la identidad sexual, la cultura pederástica griega y las culturas mediterráneas tradicionales, así como áreas importantes de América Latina, Asia y los países bajo la influencia del Islam, la adoptan de manera prioritaria. Según este modelo, en una relación sexual entre dos hombres siempre hay un individuo "activo", que penetra (el macho) , y otro "pasivo", que es penetrado (la hembra). Dichas identidades se presentan como fijas, y es naturalmente el individuo pasivo el que es tratado con oprobio; el activo sigue siendo el macho y su acto equivale en algunos casos a una humillación. Así, entre los clásicos, la sátira romana dirige sus peores dardos contra los homosexuales pasivos. En la narrativa latinoamericana se pueden encontrar algunos ejemplos contemporáneos de esta concepción (El lugar sin límites, de José Donoso, El beso de la mujer araña, de Manuel Puig, o Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa), así como en textos como Los delitos insignificantes, de Álvaro Pombo, donde el joven Quirós, objeto del deseo, no parece verse a si mismo como homosexual. Se trata de una distinción que desplaza la delimitación de la homosexualidad, ya que la presenta en términos de actos concretos, no de deseo. Uno de los efectos de esta concepción de la identidad homosexual, que sólo se reconoce en el individuo pasivo de la relación, puede contribuir a una mayor presencia de comportamientos homosexuales, siguiendo ciertas pautas, en una cultura dada. Por su puesto se trata de una simbología ideológica que contribuye a restringir el valor de la homosexualidad, imponiendo barreras externas a la misma. Además, funciona como coartada para salvaguardar el concepto de masculinidad: es una manera de repicar e ir a misa, de canalizar el deseo homosexual sin dejar de ser un hombre, de fortalecer los aspectos más negativos de la ideología machista que contribuyen a preservar el poder de "lo masculino" sobre lo "femenino". Se trata, además de una concepción misógina del comportamiento sexual: ¿significa esto que si un varón heterosexual opta por dejarse querer en sus relaciones sexuales queda descalificado como "hombre de verdad"? ¿Se identifica necesariamente la actividad y el poder con la penetración? |
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