LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

ÁFRICA

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África colonial  a principios del siglo XX

El continente africano desde el espacio

África política actual

Es necesario empezar con una obviedad. África no es Occidente y no debemos esperar que la relación entre orientación e identidad sexuales sea siquiera similar a los modelos que nos resultan familiares. A menudo se nos recuerda que, por ejemplo, en el África subsahariana, las identidades homosexuales son prácticamente desconocidas (la Constitución del Congo declara explícitamente que la homosexualidad no existe en el país), algo que viene refrendado por investigaciones antropológicas que van de Gibbon y sir Richard Burton a otros estudios contemporáneos. Es normal que las manifestaciones de deseo homoerótico no coincidan con nuestras expectativas basadas en modelos europeos. Así el travestismo y otras prácticas que en Occidente se consideran desestabilizadoras de los roles sexuales tradicionales pueden no tener ninguna relación con los actos sexuales entre hombres o entre mujeres. Es más, esos propios actos pueden no siempre ser manifestaciones de deseo homoerótico, y así sucesivamente. Al observar la homosexualidad en África, la distinción entre orientación, práctica e identidad sexual puede tomar formas totalmente inesperadas que el investigador debe descubrir dejando de lado sus ideas preconcebidas al respecto. Tal descubrimiento dependerá, por supuesto, del marco metodológico, ya que, en último término, resulta inevitable utilizar un lenguaje occidental para referirse a la creación de modos sexuales. Esto nos lleva a una segunda obviedad. África no es una entidad compacta, sino un continente en el que la frecuente ausencia de la literatura escrita (hasta bien entrado el siglo XX) y de la tecnología para la difusión de la cultura hacen que existan variaciones culturales mucho más pronunciadas que en Occidente. Se trata de culturas ricas que no se producen y se divulgan según los modelos a los que estamos acostumbrados. Edward W. Said, en Orientalismo (uno de los libros clave en los estudios culturales, especialmente para el análisis de identidades culturales), nos recuerda que imágenes de rica raigambre literaria, como la de "Oriente" (y también la idea de "África" como ámbito mítico) son ficciones occidentales, creadas como cuestiones absolutas en parte para justificar el imperialismo europeo, en parte para excitar la imaginación del mundo que se creía como el único civilizado y que estaba hambriento de un "exotismo" alternativo que fortaleciese su propia identidad. En otras palabras, "África" no existe más que en la mente occidental. Por otra parte, los años de colonialismo han hecho que el propio concepto haya sido apropiado por los pueblos africanos para fortalecer el proceso de independencia: con el fin de enfrentarse a la opresión económica europea, las culturas nativas tenían que dar sentido y valor al modelo de identidad que Europa les imponía. Se trata de un movimiento que ha afectado el concepto y la aceptación de las prácticas homosexuales en el continente. En este sentido, el norte de África presenta un ejemplo más ilustrativo que el sur, probablemente debido a su mayor presencia en la imaginación occidental. Países como Argelia, Marruecos, Túnez o Libia tienen una larga tradición de tolerancia de ciertos modelos homosexuales. Los viajeros y colonizadores europeos a menudo se mostraban escandalizados ante la frecuencia con que se daban lo que para ellos eran comportamientos inadmisibles. En ciertas culturas islámicas (el Imperio Otomano, el Bagdad de las  Mil y una noches, El Cairo de los mamelucos, el Argel de los siglos XV y XVI y la Granada musulmana, por ejemplo) las prácticas homosexuales fueron especialmente visibles, y los trabajos orientalistas del Renacimiento inciden sobre este aspecto. Así, en el Viaje a Turquía, Pedro de Urdemalas asegura que todos los turcos son "bujarrones". Por otra parte, Argel parece haber sido la ciudad en donde la homosexualidad era más visible durante este período, y a esta reputación debemos las especulaciones sobre las experiencias homosexuales de Miguel de Cervantes cuando estuvo preso en la ciudad. Frente al "horror" europeo por el "pecado cuyo nombre no deben mencionar los cristianos", los países del norte de África proporcionaban una alternativa en la que la sexualidad parecía vivirse con mayor plenitud (para los hombres), y en esta época aparecen en la zona los "renegados", como grupo social: se trataba de individuos que descontentos con el cristianismo habían huido de sus países de origen.  Crónicas del lugar hablan del comercio de esclavos europeos, sexualmente muy apreciados, y de la frecuente presencia de muchachos danzarines en los cafés y otras zonas de recreo a los que se podía comprar o alquilar para relaciones sexuales. El proceso de colonización supone una reestructuración de las nociones de sexualidad e introduce el prejuicio homófobo entre las culturas nativas, que empiezan a olvidar su pasado y adoptan leyes antihomosexuales. Ello se debe a la aparición de un concepto de "identidad sexual" que es, en efecto, extraño a las culturas mencionadas y que a menudo convierte las prácticas en algo cuestionable. La homosexualidad como identidad es probablemente un concepto importado por Occidente y cuando en el proceso de descolonización hay que construir una imagen corrupta de los imperialistas, la homosexualidad es uno de los rasgos que resulta más fácil de atacar. Sin embargo, el violento rechazo de los nuevos países hacia las identidades homosexuales no siempre acaba con la existencia de ciertos comportamientos. Así, Marruecos, Túnez y Argelia han sido hasta hace poco importantes destinos del turismo homosexual debido a la facilidad con que es posible encontrar muchachos que no consideran deshonrosos ciertos comportamientos homosexuales, como la penetración anal del visitante que, además de darles goce, les remunera. Se da el caso divertido de que un gran número de marroquíes desprecian a los europeos, españoles en particular, ya que consideran que a todos los europeos lo que les gusta es ser penetrados. El mito de la tolerancia magrebí debe de ser analizado, ya que de nuevo, es producto de una actitud orientalista que ha sido fuente de inspiración para escritores como André Gide, Paul Bowles, Tennessee Williams, William Burroughs, Truman Capote, François Augiéras, Jean Genet, Joe Orton y Allan Ginsberg. En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la situación ha cambiado. Argelia se ha convertido en un país de una pronunciada homofobia, aunque probablemente ésta proceda del marxismo y no del discurso cultural tradicional (fue un país en el que tanto Oscar Wilde como Gide encontraron placer y realización personal), mientras que en otros lugares como Túnez o Marruecos hay un margen de tolerancia que en ciertos contextos puede resultar cómodo para el turista, aunque no para el residente habitual. En los años 70 del pasado siglo, eran famosas las "competencias" entre homosexuales españoles que acudían a ciertas playas marroquíes a la "caza" de hombres, mejor dicho vergas. Ganaba el que conseguía el mayor número de "piezas" introducidas y descargadas en su ano. Todo por una pequeñísima compensación económica. En Tánger existía un cine en que el juego consistía en ir recorriendo la fila de butacas introduciéndose los penes de los hombres que, sentados, se descargaban mientras veían la película. En los años 40 en la misma ciudad de Tánger, los prostíbulos de hombres para hombres eran normales, siendo los jóvenes europeos muy apreciados por los marroquíes. Existía una producción de cine pornográfico homosexual. Parece ser que un joven prostituto de origen español hizo furor por su capacidad para adaptarse a múltiples gustos sexuales e introducciones varias, sin que el tamaño o el número importase demasiado. Como en otros muchos lugares del mediterráneo, la hombría del que ofrecía al visitante sus favores sexuales quedaba a salvo con un pequeño obsequio o con un importe mínimo simbólico ofrecido por el receptor del favor. Actualmente, nos tememos que  la cuestión no debe de resultar tan altruista. África subsahariana constituye, como hemos apuntado, un caso aparte de difícil delimitación en términos occidentales. Baste decir que, al contrario de lo que los estudios mencionados anteriormente aseguran, se han encontrado numerosos ejemplos de comportamientos homosexuales rituales, así como prácticas de travestismo e incluso ciertos modelos de identidad semejantes a los bardaches americanos. Por otra parte, la literatura del África negra manifiesta las contradicciones propias de países cuya cultura vernácula ha sido oprimida durante siglos. El propio concepto de "literatura escrita" es de origen occidental y a menudo sus formas reproducen modelos y preocupaciones europeas. Esto hace que el tratamiento de la homosexualidad como diferencia sea frecuente. Entre los escasos ejemplos de representación de identidades homosexuales en la literatura africana contemporánea cabe mencionar Los intérpretes (1973), del premio Nobel Wole Soyinca. Del mismo año es Sin pasado, sin presente, sin futuro, de Yulisa Amadu Maddy, autor de Sierra Leona. En ella encontramos el personaje homosexual más completo de la literatura africana en Joe, uno de los tres protagonistas, exiliados en busca de un futuro en Europa. La construcción del personaje se lleva a cabo siguiendo parámetros occidentales.

Dios, la Naturaleza o los propios seres humanos con su sabiduría sean del color que sean, ojalá consigan sacar a los habitantes del Continente Africano del horror y la explotación que han padecido, y padecen, por parte de los países del resto del mundo y sobre todo por causa de los propios dirigentes africanos, especialmente en estos momentos malditos del SIDA.


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