LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

ALEMANIA

Alemania (o, con más precisión, las naciones que históricamente han formado lo que hoy en día es Alemania) es la cuna del movimiento de liberación homosexual tal como lo conocemos hoy en día y el primer país en el que se utilizó el conocimiento científico sistemático para construir una identidad cultural basada en la orientación sexual, la legislación de los estados alemanes no incluyó referencias a la homosexualidad o a la sodomía hasta la introducción del Constitutio Criminalis Carolina por Carlos V en 1532, un código uniforme para todos los estados del Sacro Imperio Romano. Esto no significa, por supuesto, que las representaciones de la homosexualidad fuesen positivas en la Edad Media: generalmente la homosexualidad se presenta bajo el paradigma de la inversión y el travestismo en escenas cómicas o como amenaza que proviene de los países del sur. Ejemplo de lo segundo es la Pasión de San Pelagio (Pelayo), de Roswitha de Gandersheim, historia de un hijo del Rey de Galicia capturado por el califa musulmán Abderramán, que trata de forzar su virtud; el muchacho se niega y muere por ello. Más tarde el protestantismo alemán utilizaría la  homosexualidad como difamación, declarando que abundaba entre los miembros de las jerarquías católicas. Aunque el código carolingio introduce la pena de muerte por delito de sodomía, su aplicación no fue uniforme y no parece que haya habido demasiadas condenas a raíz del mismo. En Prusia se modifica el castigo de la pena de muerte por la prisión y los azotes en 1794, y poco después muchos estados seguirían el Código Napoleón, que dejaba impunes los delitos de sodomía. Pero en 1871, con la fundación del Imperio Alemán, se introduce un nuevo código penal, cuyo párrafo 175 criminalizaba de nuevo la homosexualidad. A lo largo del siglo XIX se desarrolló una subcultura homosexual importante, especialmente en torno a Berlín, cuyo origen puede encontrarse en el redescubrimiento del mundo clásico por parte de los intelectuales de la Ilustración. Un ejemplo de este florecimiento lo encontramos en los diarios de August von Platen. La obra de Karl Heinrich Ulrichs estudiaba por primera vez la homosexualidad masculina de manera sistemática y ya utilizaba argumentos científicos y filosóficos para exigir la abolición de las leyes antihomosexuales. Dada la fuerza de este florecimiento de la cultura homosexual de expresión helénica, el párrafo 175 del Código penal provocó una gran resistencia por parte de los intelectuales, convirtiéndose en el principal motor del nacimiento del movimiento gay moderno. Por supuesto, el camino estuvo lleno de dificultades y hay que decir que la batalla nunca se ganó. Sin embargo, los intentos por derogar el artículo en cuestión dieron lugar a una amplia reflexión, a movilizaciones, a recogidas de firmas, a publicaciones y estudios eruditos. Es una época de deiscusión en la que aparecen los primeros archivos e instituciones dedicados a la homosexualidad, entre los que destaca el Comité Científico-Humanitario, impulsado por Magnus Hirschfield y que entre 1899 y 1933 elaborará una publicación de carácter erudito denominada Jahrbuch für Sexuelle Zwischenstufen. El interés se extiende al ámbito literario, y figuras como Heinrich Mann, Hans Henry Jahn, Henry Mackay, Anna Elisabeth Weinrauch y Christa Winsloe tratan abiertamente de la homosexualidad en sus textos. El caso Eulenburg (1907-1909), en el que se encontraron implicados miembros prominentes de la jerarquía militar prusiana, fue un serio acicate de efectos similares a los juicios de Oscar Wilde en Inglaterra. Asimismo, el juicio contra el industrial Friedrich Alfred Krupp en 1902 puso de manifiesto la intensa homofobia de las autoridades alemanas. Krupp fue acusado de mantener relaciones homosexuales en la isla de Capri. La presión de las acusaciones le condujo al suicidio. Así, las primeras décadas del siglo ven un movimiento pendular que va de pírricas conquistas  a duros golpes. La República de Weimar surge de las cenizas de la Alemania anterior a la Primera Guerra Mundial, en 1919, y significa un rayo de esperanza para los intelectuales y los artistas. De este mismo año data el filme Anders als die andern, de Richard Oswald, rodado bajo los auspicios de Hirschfield, que significó un nuevo paso adelante en la visibilidad homosexual. A principios de los años veinte había de nuevo signos de recuperación y la subcultura homosexual berlinesa volvía a florecer en cabarés, cines, teatros y círculos literarios. Existían varias asociaciones homófilas, algunas con un importante número de socios (la Bund für Menschenrecht contaba probablemente con unos 30.000 afiliados, aunque es difícil precisarlo porque la llegada del nazismo provocó la quema de archivos). Hacia 1929 había razones para la esperanza en el terreno de la reforma legal, y múltiples publicaciones (Der Eigene die Insel) daban fe de la vitalidad de la cultura homosexual. Todo acabaría con la persecución nazi: el régimen nacional socialista insistió en la ilegalidad de las relaciones homosexuales y endureció las penas. Una orden secreta de Hitler tras el asesinato de Ernst Röhm condenaba  a  muerte fulminante a cualquier miembro del ejército sorprendido en "actos de homosexualidad". Demasiado a menudo se ignora que la intolerancia fascista se dirigía también a los homosexuales y que al menos diez mil hombres, a los que se marcaba con un triángulo rosa, fueron condenados a campos de concentración desde 1937. Tras su llegada al poder en 1933, los nazis persiguen duramente la visibilidad homosexual, y en 1935 el pavor acabó incluso con los locales más ocultos. La persecución se hace más salvaje en los últimos años: en 1944 empezaba a hablarse de castración para los homosexuales masculinos. El movimiento gay alemán tardaría en recuperarse, aunque a partir de 1948 las condiciones volvieron a ser como en 1933. Sin embargo, el final del nazismo no significa el fin de la persecución. El movimiento de apoyo a las víctimas del régimen no se extiende a los homosexuales, a los que se declara indignos, ya que, se dijo desde instancias oficiales, "los Homosexuales no lucharon como grupo contra la barbarie nazi". Sin embargo la aplicación del párrafo 175 empieza a relajarse en algunas regiones y, aunque existe una conspiración de silencio, poco a poco el movimiento gay empieza a recomponerse. Alemania occidental desarrolla gradualmente una subcultura de bares e instituciones, y sólo de los años cincuenta sabemos de unas veinticinco publicaciones homosexuales, mientras que en Alemania oriental la vida homosexual se encuentra severamente vigilada y castigada. La homosexualidad se considera un rasgo de degeneración burguesa y un resto del pasado que resulta dañino para la salud de los trabajadores. A finales de los sesenta se produce una liberalización de la legislación antihomosexual que acrecienta la presencia del movimiento gay (influido por el modelo anglosajón) en Alemania occidental, mientras que el el este no habrá una clara articulación política hasta los años ochenta.


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