LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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AMÉRICA LATINA
América Latina no constituye una realidad homogénea, y resulta evidente que el grado de subdesarrollo es más determinante en la percepción y construcción de identidades homosexuales que otros factores más específicos. Stephen O. Murray ha elaborado un estudio sobre la sociología de la homosexualidad en Iberoamérica cuyas conclusiones fundamentales comentaremos. Murray se refiere sobre todo a los países económicamente débiles y sus resultados han de matizarse a la luz de los recientes avances en las comunicaciones y la expansión de una cultura global que ha facilitado la difusión del modelo gay anglosajón. Con todo, su descripción constituye todavía un poderoso sustrato aplicable como punto de partida a las delimitaciones de la sexualidad en Latinoamérica. En General se admite que el modelo de sexualidad latinoamericana toma como elemento central una estructura que resulta similar al modelo mediterráneo: culturas falocéntricas en las que la distinción activo/pasivo tiene una gran importancia en la definición de las identidades sexuales. Especialmente en las clases humildes, es difícil cuestionar este modelo. Pero la realidad de las prácticas es mucho más complicada. Murray rechaza el mito del semental latino que "folla todo lo que pilla por delante" (y por lo tanto omnisexual), considerado como una fantasía de los homosexuales anglosajones que gustan de pensar que cierto tipo de hombres hipermasculinos pueden estar disponibles como compañeros homosexuales. La orientación sexual resulta relevante y es un error pensar que la distinción activo/pasivo toma una prioridad absoluta y exclusiva sobre el sexo del compañero sexual. En segundo lugar, el sociólogo advierte que si bien hay una enorme presión sobre los hombres, algo que les fuerza a mostrar continuamente su poder fálico, las ocasiones para demostrar este poder en actos sexuales es en realidad reducida. La clave está en que, al mismo tiempo, existe una presión sobre las mujeres que las lleva a preservar la virginidad. Hay una relación importante entre la virginidad de la mujer y el honor de la familia, del padre y de los hermanos. Dada la importancia de la unidad familiar, las jóvenes se lo pensarán dos veces antes de perder la virginidad fuera del vínculo matrimonial, El resultado de estas dos presiones opuestas (los hombres han de ser sexualmente agresivos, las mujeres deben conservar su virginidad) es que la expresión del deseo sexual y los rituales son visibles y pueden resultar atrevidos, ya que tanto los hombres como las mujeres saben que no van a llevar a ningún sitio. Para Murray la fama del latino hipersexuado radica sobre todo en que los hombres, en estos países, se ven forzados a esta posición de "perro ladrador" al que se le impide "morder". Sin duda, tanto en el caso de contactos homosexuales como heterosexuales, podría pensarse en que queda el secreto; las relaciones sexuales ilícitas podrían tener lugar siempre y cuando "nadie se enterara". Pero esto rara vez sucede y, por tanto, el miedo a ser descubierto resulta más fuerte que las necesidades sexuales. Esto no significa que no exista homosexualidad. Por supuesto existen prácticas homosexuales a menudo sujetas a la mitología de la actividad/pasividad, por las que los homosexuales tienen que aceptar la discriminación o identificarse con modelos de afeminamiento sino quieren pasarse la vida escondidos. En consecuencia, abunda el homosexual casado: el matrimonio es una buena tapadera que libera a los varones para buscar compañeros sexuales en la oscuridad del gueto. Esto hace difícil la creación de identidades sociales basadas en la identidad sexual y, por supuesto, de una comunidad gay que defienda sus derechos activamente. Tradicionalmente, la idea de que un tipo determinado de prácticas sexuales puede ser la base de una subcultura ha sido ajena a los latinoamericanos (la excepción más importante es quizá Argentina, y más recientemente México, países que han importado modelos extranjeros). Entre los motivos que impiden la creación de una identidad homosexual, Murray señala la centralidad de la unidad familiar como el más importante. En países donde la protección por parte del Estado es mínima o nula, es normal que la familia funcione como unidad económica de protección social. Dado que la homosexualidad es en general motivo de expulsión del núcleo familiar, los individuos de esta orientación tratarán de mantener sus actividades sexuales como algo esporádico, con lo cual la formación de vínculos que vayan más allá del acto sexual resulta difícil. Un segundo motivo apuntado es la censura que ejercen las instituciones sobre materiales que puedan leerse como apologías de la homosexualidad. El homosexual rara vez recibe imágenes positivas que le ayuden a consolidar una idea no vejatoria de su orientación sexual, que a menudo permanece como un elemento de su vida íntima. Hasta aquí, el diagnóstico de Murray. Es difícil tomarlo como una descripción definitiva de la mitología sexual del universo latinoamericano. Murray adopta una perspectiva anglosajona y, aunque desde un punto de vista científico sus conclusiones pueden ser aceptadas, parece olvidar la evidencia de fuertes culturas homoeróticas en países como Brasil o Cuba. Si bien en ambos casos los homosexuales tienen relaciones difíciles con el poder, tampoco puede negarse que se trata de culturas donde la homosexualidad es visible y, al menos en cuanto a prácticas, se vive con plenitud y sin los complejos que atenazan a muchas culturas del norte. La homosexualidad comporta el disfrute del cuerpo. Esto puede ser el resultado del estatus social de la misma, pero también produce modelos sexuales más gozosos, de fuerte expresión, que en muchos casos resultan más liberadores que la ortodoxia gay anglosajona. Sin embargo, es preciso coincidir con Murray en la necesidad de un paradigma distinto para hablar de la homosexualidad en Latinoamérica. El concepto de "identidad homosexual" debe quedar como una manifestación de un amplio espectro de masculinidades en el que las posiciones no tienen por qué ser absolutas o permanentes. Las representaciones de la homosexualidad en la literatura latinoamericana, en efecto, no la muestran como un objetivo de análisis absoluto que haya que reivindicar socialmente, sino como una manifestación de las masculinidad. El deseo homoerótico se muestra siempre bajo la perspectiva de una identidad masculina imposible en numerosos textos de ficción. En El laberinto de la soledad, el propio Octavio Paz propone la masculinidad como un rasgo central de la identidad latinoamericana: el miedo a no ser percibido como "macho" define el imaginario del varón latinoamericano y resulta una ideología de la que es difícil escapar. Otro asunto es la América del pasado precolombino en que las antiguas civilizaciones, mayas, incas o aztecas así como en todo el Caribe, la homosexualidad estaba aceptada como una simple forma de ser o de practicar el sexo, siendo no solo permitida sino fomentada por las diversas culturas desde el punto de vista religioso y social. |
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