LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

 

ANTIGAY

Nombre de un movimiento de mediados de los años noventa que trata de utilizar algunas ideas propuestas por teóricos queer contra la identidad gay predominante. Su valor es principalmente estratégico. El texto principal es el libro del mismo título editado por Mark Simpson en 1996, una crítica mordaz de los aspectos más acomodaticios y superficiales de la identidad gay, especialmente en lo que respecta a su asimilación de estructuras capitalistas. 

En cierto modo, es una prueba de la madurez alcanzada por las identidades homosexuales: ya es posible conocer las limitaciones de la identidad gay y criticar los aspectos claramente negativos que a veces hacen problemática su práctica, la cual puede leerse como una señal de su afianzamiento. Pero también es motivo de alarma. al indicar cierto elemento de  negatividad posmoderna y al perder las perspectiva de los logros reales de la identidad gay. Hay que separar la paja del grano, y quizá la clave del problema esté en el nombre.

Es necesario necesario distinguir el concepto de identidad gay de las prácticas que se asocian a ésta. "Antigay" es una etiqueta apresurada, escasamente meditada, que implica que lo gay ha de ser cuestionado y superado en bloque, como si lo gay consistiera únicamente en la corrección política ciega, en la obsesión  por las etiquetas, las drogas, la promiscuidad sexual, los músculos o la falta de compromiso con los problemas sociales. La etiqueta modificada de "Posgay" de más reciente aparición, contribuye a solucionar los problemas implícitos en el concepto.

Está claro que se trata de elementos que han empobrecido la capacidad de elección de muchos de quienes se identifican como gays, que se ven obligados a aceptar todo un conjunto de elementos en bloque para pertenecer a lo que falsamente se presenta como una gran familia y tan sólo es, en demasiados ocasiones, nada más que un gran mercado. Pero lo gay no es sólo eso, y la crítica de lo peor de dicha identidad debería de hacerse desde dentro: el rechazo del modelo gay en su totalidad empobrece los objetivos políticos y crea una confusión que no resulta útil a nadie y, en ocasiones, antigay parece más un nuevo eslogan listo para entrar en el mercado que un intento serio de descubrir qué aspectos amenazan la solidez de las identidades homosexuales contemporáneas.

Los homosexuales se han convertido en consumidores y, aunque por primera vez son tenidos en cuenta, el único motivo es, al parecer, el de hacerles comprar. Es cierto que la oferta es amplia, pero también lo es que esta oferta puede resultar asfixiante.

Si algo se le puede agradecer a la etiqueta "Antigay" es haber puesto sobre el tapete la idea de que una identidad social no puede detenerse y construirse como un nuevo armario.

Paradójicamente, antigay que lo que en principio trataba era atacar la apabullante mercantilización de la cultura gay, se ha convertido en una forma de designarse los contrarios a la homosexualidad que, ya no son sólo homófobos, sino que ahora muchos movimientos se denominan antigays.


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