LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

ARGENTINA

Junto con México, Brasil y Cuba, Argentina es el país de América Latina en cuya cultura hay una mayor presencia homosexual. El artículo de Juan José Sebreli "Historia secreta de los homosexuales en Buenos Aires" (incluido en Escritos sobres escritos, ciudades sobre ciudades, 1997), proporciona numerosos datos sobre la subcultura homosexual en la ciudad y constituye un excelente punto de partida para el estudio de ciertos tipos de entornos homosexuales en la Buenos Aires del siglo XX. Poca información puede obtenerse del período precolombino. Junto con documentos que sugieren rituales homosexuales (en estudios sobre tribus indígenas como el de Lucio V. Mansilla) se encuentran ejemplos de homofobia mucho más excesiva que la que manifiesta la propia Inquisición española, como sucede con los incas. Lo que está claro, aquí y en otras regiones es que la homosexualidad no llega a América Latina con las carabelas europeas, aunque documentos fiables hablan de juicios antisodomíticos  en las mismas contra marineros a los que se sorprende en relaciones con jóvenes grumetes. Escasamente documentada se encuentra la homosexualidad en el período colonial, y hasta bien entrado el siglo XX, la mayor parte de los documentos pertenecen a procesos judiciales en que se condena al sodomita. Sin embargo, los pocos rastros que quedan parecen apuntar a una cultura homosexual más extendida de lo que podría admitirse. Por ejemplo, ya a finales del siglo XVIII, las Islas Malvinas eran una especie de campo de concentración para vagabundos y homosexuales. La primera mención a la homosexualidad tiene lugar según Sebreli en 1771, en el contexto de la demanda por injurias del inglés Guillermo Higgins  contra el criollo Manuel Milton. La palabra empleada es manfrodita, de la que probablemente derivarían términos del argot bonaerense como manflora o manflorita. Durante las primeras décadas del siglo XIX se suceden los juicios por sodomía (a menudo sexo con esclavos o con menores), que desaparecerán bajo la descriminalización que, aquí como en Europa, trae el Código Napoleón, aplicado aquí en 1813. En la época de Rosas, a mediados del siglo XIX, las acusaciones de sodomía se politizan, y de ello hay una ilustración en la sodomización a la fuerza de un joven en el relato El matadero (1839), de Esteban Echevarría. Los carnavales en especial constituyen motivo de ansiedad para las autoridades, que llegarán a prohibir el travestismo en los mismos. En líneas generales, hasta el siglo XX, los documentos sobre la homosexualidad la sitúan en lo que se denomina "la mala vida": tugurios y prostíbulos cuya proliferación viene asociada al rápido crecimiento de Buenos Aires y su conversión en una de las grandes metrópolis mundiales. Como sucede en otros focos de inmigración, la llegada de oleadas de extraños y la aparición de suburbios en los que la gente lucha por la supervivencia a cualquier precio trae consigo la eclosión de modos de vida marginales que pueden desarrollarse en el anonimato. De entre estos entornos, destacan los tugurios en los que se desarrolla la cultura del tango. En sus inicios se trataba de un baile de hombres solos, a partir del cual surge toda una cultura que da lugar a una galería de tipos como los "compadritos". A menudo se ha hablado de la intensidad de las relaciones homosociales a que da lugar y de las ambigüedad sexual de las mismas (por ejemplo, véase el artículo de Borges titulado "Nuestras imposibilidades", excluido de sus Obras completas). Entre sus practicantes hay un elemento importante de pose (que puede asociarse al concepto de performance expuesto por Judith Butler en Gender Trouble), de narcisismo. También el lesbianismo tiene relaciones interesantes con la cultura del tango. La primera cancionista de tango, Pepita Avellaneda , vestía de varón y fue rival del propio Gardel en los amores de una mujer. En el mundo del espectáculo también cabe citar figuras prominentes como Luis Fernández, conocido como la princesa de Borbón y el cupletista Culpino Álvarez, que se apodaba la Bella Otero y declaraba que era la auténtica artista quien trataba de imitarle. La abundancia de informes sobre burdeles y prostitución de niños en este período nos habla sólo de un modo de expresión de la homosexualidad. Un libro como La mala vida en Buenos Aires (1908), de Eusebio Gómez, se explaya en una visión de la homosexualidad basada en el paradigma patologizador y asociado a las clase bajas y a los inmigrantes. Parece ser que también en las clases altas, de una ideología burguesa casi agresiva, se daba de manera notable: aunque en la mayoría de los casos se ocultaba, Sebreli apunta que cada familia aristocrática tenía su propio homosexual. Ejemplo tardío de esto es el propio Mujica Lainez, cuya madre parece haber sido una de las lesbianas más conocidas de su tiempo. Los inicios del siglo XX son también el período en que se deja sentir el modelo de homosexual dandi procedente de Europa y asociado a los círculos decadentistas. A lo largo del siglo XX, la homosexualidad en el contexto del ejército argentino se convierte en obsesión (especialmente tras el caso Eulenburg en Alemania). Esta paranoia sobre la falta de hombría y el honor nacional llega al paroxismo en 1942, cuando estalla el escándalo de los cadetes militares. Fue uno de los procesos de la década, y, al dejar al descubierto las relaciones entre cadetes de clase alta en la academia militar y círculos homosexuales, fue utilizado por los sectores más reaccionarios para exigir un saneamiento radical de las instituciones de la nación. El affaire se abre con las denuncias de cuatro próceres de la sociedad que protestan ante la celebración de orgías homosexuales en un piso del centro de la ciudad para las que se reclutaban cadetes del Colegio Militar. Tras una redada en los casilleros de los cadetes se encuentra evidencia epistolar; poco a poco van apareciendo más pruebas: fotografías y otros documentos estudiados por una comisión parlamentaria. La ignominia que se vertió sobre la institución fue tal que se obligó a una campaña homofóbica  que separase las manzanas podridas del cesto, pero las repercusiones fueron más allá y perdura en el ejército una preocupación desmesurada por la homosexualidad. En general, los sucesivos gobiernos del siglo XX han reprimido la homosexualidad con violencia, aunque la exacerbación de la misma a menudo tiene que ver con el estado de las relaciones entre los gobernantes y las instituciones homófobas del ejército y de la iglesia: así, cuando se quería complacer a estas instituciones, se organizaban agresivas redadas, mientras que en otros períodos predominaba la tolerancia. Mientras que en los años veinte la visibilidad homosexual era tal que algunos comparaban en este sentido Buenos Aires a Berlín (tanto Miguel de Molina como Gombrowicz o Blanco Amor creyeron encontrar refugio en la capital porteña), en los años cuarenta la represión (a menudo se fichaba a los homosexuales) hace que se vuelva al silencio. En general, las redadas y las  declaraciones homofóbicas fueron la tónica en los gobiernos peronistas y las ansiedades sobre la desvirilización del ejército hicieron la represión durante dictaduras militares como la de Videla especialmente agresiva. Tras la declaración del estado de sitio de 1975 y el golpe militar de 1976, se cierran los escasos bares gays y se persigue encarnizadamente a cualquier sospechoso. Sebreli habla de "cuotas" de detenidos homosexuales en las comisarías, pero también se detenía a jóvenes de pelo largo y a "hippies" varios. Los homosexuales durante este período se vieron obligados a emigrar o elegir una vida en constante tensión, amenazados de muerte o "desaparición". Muchos que no consiguieron escapar acabaron perdiendo sus empleos o en la cárcel: la homosexualidad se consideraba una enfermedad a la vez "congénita" y altamente contagiosa. El clima de homofobia conduce a una serie de asesinatos de homosexuales en 1983. El clima de paranoia  exacerbada incluía a cualquiera que quisiera estudiar la cuestión, como sucedió con el cineasta alemán Werner Schroeter, que tuvo que huir obligado por amenazas de muerte. Autores como Enrique Medina han documentado en sus obras (Las tumbas, Perros de la noche), las experiencias de los homosexuales de la época. Se puede colegir de lo anterior las dificultades para sacar a flote un movimiento de liberación gay en Argentina. El Frente de Liberación Gay (FLH) se crea oficialmente en 1971, y a su nacimiento asiste Manuel Puig a pesar de que en ese momento prefería silenciar en lo posible su homosexualidad. Hasta 1973, el movimiento prospera, inspirado por una ideología de izquierda libertaria que les perjudicaría con el regreso de la represión militar y que acabaría por escindirlo.  La diáspora en varios grupos (Grupo Profesionales, Grupo Eros, Grupo Nuestro Mundo) parece revitalizar el movimiento, y en 1973 aparecen el periódico Homosexuales y la revista Somos (que no era una publicación especializada pero en la que a menudo se incluían contenidos gays). Por desgracia, pocos estudios detallados quedaron de este período vital, el más importante de los cuales fue Homosexualidad. Hacia la destrucción de los mitos, de Zelmar Acevedo, que no aparece hasta 1985. La represión que se inicia en 1974 termina con este breve período de actividad. Con el restablecimiento de la democracia en 1983 se incrementa la tolerancia y la visibilidad, aunque incluso tras la legalización de 1986 persiste un fuerte elemento homofóbico en la sociedad argentina, instigado especialmente por la Iglesia Católica. De esta época data la primera película argentina en que la homosexualidad tiene un papel importante: Adiós Roberto (1984), de Enrique Dawi. Tras las representaciones de autores como Mujica Lainez, Bernardo Kordon, el Roberto Alt de el Juguete rabioso o José Bianco, la experiencia homosexual en Argentina se refleja en la obra de autores como: Tulio Carella, Pellegrini, Correas, Óscar Hermes Villordo, Manuel Puig, Héctor Lastra, Dalmiro Sáenz, Carlos Archidiácono (autor de ¡Ay de mí, Jonatán!), Enrique Medina, Osvaldo Lamborghini, Diego Barrachini, Susana Torres Molina, Copi, Néstor Perlongher y José Maria Borghello. Un gran país como es La República Argentina, merece avanzar en lo que respecta a los derechos y a la libertad para todas las personas, independientemente de su tendencia sexual.


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