LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

BISEXUALIDAD

Desde finales de los sesenta, la bisexualidad ha pasado de ser un objetivo de los libertarios sexuales a convertirse en "la identidad que no se atreve a decir su nombre". La transición resulta interesante desde el punto de vista de la historia de la homosexualidad porque señala algunas limitaciones del proyecto de identidad gay predominante desde 1969. Los primeros movimientos homosexuales que tratan de  enfrentarse al modelo de inversión presentan la bisexualidad como la opción natural. La idea de que todos los seres humanos son (en principio) más o menos bisexuales aparece también en varios estudios que van de Freud a Kinsey y es la base de teorizaciones contemporáneas sobre las identidades homosexuales. Por supuesto, en Freud (quizá la narrativa más influyente aún hoy en día), pronto se establecen una serie de identificaciones que instalan al individuo en un sistema binario de deseo en el que es necesario el posicionamiento entre dos alternativas (homo/hetero). Así, según los paradigmas occidentales predominantes, el individuo ha de elegir entre dos modos de identificación monosexual. No es éste, sin embargo, el caso en otras culturas y ni siquiera las culturas occidentales antes del siglo XIX se decantaban claramente por esta solución. Pero el problema con la bisexualidad por parte de teóricos y activistas gays contemporáneos es distinto: lo que se cuestiona es su valor como categoría política, y la desconfianza que a menudo se manifiesta hacia  los bisexuales proviene del desequilibrio social entre homosexualidad y heterosexualidad, así como del frecuente uso que se hace del concepto intermedio para aminorar el valor incómodo del deseo homosexual exclusivo. El problema aquí es el de la tradicional desconfianza hacia la categoría homosexual (por oposición a las prácticas homosexuales, mejor toleradas). No hay una historia de rechazo específico hacia la bisexualidad, y las categorías políticas sólo se constituyen como tales a partir de una historia de opresión . La bisexualidad es, ciertamente, algo que se da a menudo, pero no algo cuyo valor simbólico pueda crear una tradición o un movimiento de defensa. Por el contrario, el "nadar entre dos aguas" intrínsico a la categoría hace esto muy difícil. Es cierto que hay pocos bisexuales que oculten sus actividades heterosexuales, mientras que la situación inversa se produce a menudo. La bisexualidad se ve como una aceptable salida de seguridad para el homosexual que no sabe o no quiere llevar hasta las últimas consecuencias su homosexualidad. Políticamente, la prueba de fuego para los bisexuales será hasta qué punto son capaces de ser tan abiertos sobre sus prácticas homosexuales como lo son con las heterosexuales, hasta qué punto, cuando se formulan ataques homofóbicos, el bisexual decidirá tratarlos como cosa suya en lugar de identificarse con su "lado heterosexual". En caso contrario, la bisexualidad no parece más que una coartada retórica. Como vemos, no se trata de una práctica fácilmente encuadrable en los límites clásicos de las identidades políticas, ya que supera las dicotomías esenciales que éstas proponen. Como grupo político, los bisexuales quizá debido al hecho de que la opresión se experimenta de manera menos acuciante, no han construido una identidad que les haga reconocibles, y por lo tanto, no existen. Sin embargo, la renuncia a una fijación de la identidad sexual desde posiciones externas al individuo (lo cual incluye la identidad gay) empieza a considerarse como un punto clave en los debates contemporáneos. Al concentrarse en prácticas, en lugar de identidades, se puede llegar a una auténtica liberación. El problema es que la concentración en las prácticas fragmenta la fuerza política del movimiento homosexual: en términos de actividades todos somos distintos, y es difícil organizar lo social a partir de comportamientos individuales. Si bien desde el punto de vista político la bisexualidad es todavía un terreno espinoso, negar su centralidad en el terreno de la práctica sería absurdo. Los escritores y obras apropiados en los últimos años por el movimiento gay son, en la práctica, ejemplos de bisexualidad. Ni la pederastia griega ni los ejemplos medievales recogidos por John Boswell implican homosexualidad exclusiva. En pocos textos canónicos se presentan identidades sexuales exclusivamente homosexuales y pocos personajes citados en este trabajo llevaron una vida exclusivamente homosexual. Si ello se debe a presiones sociales o a una auténtica indefinición del deseo es otro tema, pero, una vez tomadas precauciones de tipo estratégico, está claro que la identidad gay no puede seguir desechando la centralidad cultural de la bisexualidad.

Una pequeña broma: Hay quien cree que la bisexualidad (o trisexualidad o,...) consiste en no tener problemas en relacionarse con diversos tipos de personas ya sean blancos con blancos, negros con negros, negros con blancos, blancos con negros, rubios con morenos, morenos con asiáticos..., etc., etc.


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