LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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BRASIL
Brasil es el país de América Latina con una mayor tradición homosexual, tanto en lo que respecta a la historia como a la representación literaria. La historia de la homosexualidad en el país se remonta a tiempos anteriores a la llegada de los europeos. Los portugueses llegan en el año 1500, y hay constancia de su sorpresa ante la frecuencia con que la sodomía se daba entre los nativos. Una de las palabras utilizadas para referirse al indio homosexual es bardaje o bardache aunque su significado se ha hecho más específico de ciertos tipos de identidades. El lesbianismo también era visible. El primer travestí aparece, según los archivos históricos, en 1591, cuando el negro Francisco es denunciado a la Inquisición. Al parecer, no se trataba de un caso aislado: era miembro de la hermandad Quimbamba, compuesta de fetichistas homosexuales procedentes del Congo. Francisco se negó a despojarse de su traje de mujer durante el juicio. Entre los invasores portugueses también hay constancia de frecuente actividad homosexual, que ha salido a la luz en sumarios de juicios y escritos de la época. La homosexualidad se conocía popularmente como el "vicio del clero" y pronto aparecieron importantes subculturas en ciudades como Bahía y Río. Esto puede deberse a que el Santo Oficio era menos rígido en tierras coloniales: en el transcurso de tres siglos, fueron condenados a la hoguera un total de treinta sodomitas en Portugal y ninguno en Brasil, a pesar de las más de trescientas denuncias en este sentido. Tras la independencia, se promulgó la primera Constitución en 1823, bajo la benévola influencia del Código Napoleón, con lo cual la homosexualidad deja de ser delito, y así se ha mantenido hasta la actualidad. A pesar de esta situación legal y del alto porcentaje de hombres que realizan prácticas homosexuales (se habla del treinta por ciento; el porcentaje es menor entre las mujeres), sería erróneo concluir que Brasil es una especie de paraíso gay. Con la misma facilidad con que se expresa la homosexualidad, los brasileños han aprendido a utilizar la homofobia como arma arrojadiza. Pero incluso los frecuentes casos de sátira o difamación dan a la homosexualidad una presencia especial. El siglo XX es (relativamente) pródigo en representaciones de la homosexualidad. Es aquí donde se escribe el primer poema americano sobre una lesbiana: Nise, de Gregorio de Matos. Entre los escritores de inclinaciones homosexuales nacidos en el siglo pasado podemos citar a Álvares de Azevedo (1831-1852), Olavo Bilac (1865-1918) y Mário de Andrade (1893-1945). Entre finales del siglo XIX y principios del XX, Brasil ve un florecimiento en la representación homosexual paralelo al que se produce en Europa. En O Cortiço (1890), Aluizio Azevedo, se incluye una escena lésbica y Bom Crioulo (1895), de Adolfo Caminha, es un libro pionero en la representación de la homosexualidad en Latinoamérica. En estos años, bajo la influencia de los trabajos de Krafft-Ebbing, se escriben varias tesis doctorales sobre diversos aspectos de la homosexualidad en las universidades de Río de Janeiro y Bahía. Por último O 3º Sexo (1930), de Odilon Azevedo, es un ejemplo de novela social en que un grupo de trabajadoras lesbianas se proponen expulsar a los hombres del poder. Pero la inestable situación política, con regímenes ultraconservadores y sistemas represivos que se suceden a lo largo del siglo XX, no crea las condiciones necesarias para la consolidación de una identidad homosexual, algo que en todo caso resulta difícil del Latinoamérica. Sigue habiendo escritores en cuya obra la homosexualidad resulta prominente, como es el caso de Joao Guimaraes Rosa, Fernando Gabeira, Gasparino Damata o Herbert Daniel, pero las dificultades de mantener organizaciones de carácter político ha hecho del sida un problema especialmente acuciante desde l983. Se calcula que cada diez días tiene lugar un crimen por homofobia y, por otra parte, cabe señalar que hasta finales de los setenta la homosexualidad era un tabú para el estamento científico. Estos problemas no deben conducirnos a rechazar la infinita vitalidad de la cultura homosexual en Brasil, vitalidad que surge, precisamente, del rechazo de las identidades estables defendidas en los países anglosajones. Véase: el artículo de David Higgs sobre Río de Janeiro en su Queer Sites (Rouledge, 1999); también Joao S. Trevisan, Perverts in Paradise (Gay Men's Press, 1986); Richard G. Parker, Beneath the Equator: Cultures of Desire, Male Homosexuality and Emerging Gay Communities in Brazil (1998) y James Naylor Green, Beyond Carnival: Male homosexuality in Twentieth Century Brazil, (2001). Viva Brasil, su cultura y sus gentes. Ojalá tengan mucha suerte con sus políticos y dirigentes. ¡Derechos y libertad para todas las personas, independientemente de su tendencia sexual! |
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