LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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COWBOYS
Pues resulta que era verdad. La investigación histórica parece confirmar lo que los espectadores y lectores gays venían sospechando durante años. Quizá la vida del cowboy no fue tan solitaria como se nos hacía creer. En cierto modo es lógico, pues todos los elementos que dan lugar a la homosexualidad situacional estaban ahí: sociedades casi exclusivamente masculinas en las que se dan cita una serie de individuos de orígenes dispares, todos ellos fuera del ambiente hogareño, una vida difícil que hace las relaciones homosociales necesarias. Poco se sabe en realidad de la vida sexual de los colonos, pero Jonathan Katz, en Gay American History (1976), ha sacado a la luz poemas y documentos que hablan de relaciones íntimas entre parejas de aguerridos "centauros del desierto", que en ocasiones adoptaban roles como si de un matrimonio se tratase. Algunos informantes han hablado de relaciones homosexuales en diversos contextos que no iban acompañadas de ningún tipo de identidad homosexual. En consecuencia, el western siempre ha sido un género cinematográfico en el que abundan las posibilidades homoeróticas. Películas como Dos hombres y un destino (1972) presentan la camaradería entre dos hombres (Robert Redford y Paul Newman) como más profunda que la que cualquiera de los dos mantiene con una mujer (Katherine Ross), que parece una simple intermediaria. De ahí a la representación de un homoerotismo explícito no hay más que un paso. Una película como Lonesome Cowboys, de Paul Morrissey (producida por Andy Warhol) en 1968), cristalizaba toda una tradición de fantasías donde el homoerotismo nunca se había hecho explícito. Sin embargo no fue la primera ocasión en que los vaqueros se presentaban como objetos de la mirada gay y como sujetos de deseo homoerótico. Es curioso que los grandes admiradores del género de Cowboys, siempre hayan sido los hombres, especialmente los llamados heterosexuales. Tal vez se sentían atraídos por una envidiable forma de vivir en libertad: hombres con hombres, solos en la inmensidad del Oeste americano, con la inapreciable colaboración de vez en cuando de algún atractivo piel roja amigo. Uno de los ejemplos más recordados es el de la relación entre Montgomery Clift y John Wayne en Río Rojo (1948) de Howard Hawks, aparte del impagable diálogo entre Montgomery y John Ireland sobre la bonita pistola del primero en comparación con la de Ireland. Más temprano es The Soilers (1914), comentado por Vito Russo en The Celluloid Closet, una película de Stan Laurel y Oliver Hardy en la que aparece un cowboy gay sin que esto produzca otra reacción que la risa inocente. También el western ha producido al menos dos interesantes películas en que el homoerotismo femenino ocupa un lugar central: en Johnny Guitar (1954), de Nicholas Ray, saltan chispas entre Joan Crawford y Mercedes McCambridge, mientras que Even Cowgirls Get the Blues (1995), de Gus van Sant, aprovechaba una apropiación lésbica de algunos elementos del género. Al pensar en los vaqueros, suele venir a la mente el individuo de la frontera de cuando Norteamérica era joven, expuesta a luchas territoriales y entornos sin ley. Olvidamos a menudo que algo similar sucede al sur de Río Grande. La literatura sobre el gaucho en especial es rica en implicaciones homoeróticas, visibles especialmente en la relectura de la obra de Ricardo Güiraldes Don Segundo Sombra, en la que se presenta una relación que sigue las pautas pederásticas clásicas como centro de una historia de aprendizaje y traición en las pampas. Elementos de camaradería homosocial (que en ocasiones derivan hacia lo homoerótico) se encuentran en todo el género y dotan a la obra central del mismo, el Martín Fierro, de su peculiar intensidad emocional. Últimamente, en un Oeste actual, la película Brokeback Mountain retrata con gran sensibilidad y arte, la relación entre dos hombres que se aman, y que bien puede ser un reflejo de muchos hombres en el viejo Oeste. "...y mientras nuestro héroe se alejaba lentamente a lomos de su caballo siguiendo al sol, la distancia iba rompiendo las ataduras con la chica de la historia que, con lágrimas en los ojos, lo veía alejarse apoyada en la barandilla del porche de la casa. Ella con el corazón roto al perder al hombre que amaba y que la había salvado a ella y a su familia de unos bandoleros. Él con el corazón esperanzado de que más allá de las montañas habrían nuevas aventuras, y tal vez, el hombre de su vida. FIN" |
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