LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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CUBA
No puede dejar de sorprender que uno de los países con una cultura homosexual más rica en todo el mundo sea también un país que utiliza métodos de represión contra los homosexuales incluso más rigurosos y violentos que los utilizados contra los que son tachados de "antirrevolucionarios". Algunos de los artistas cubanos de mayor proyección internacional, como Néstor Almendros, José Lezama Lima, Severo Sarduy, Emilio Ballagas, Reinaldo Arenas y Virgilio Piñera fueron homosexuales. En algunos casos su homosexualidad se ha transformado en escritura estéticamente revolucionaria y temáticamente rica, habiendo sufrido la mayoría de ellos la persecución por parte de un gobierno que, aduciendo política revolucionaria y progresista, se comporta como una solterona beata de misa diaria. La aparente falta de lógica entre una cultura homosexual excepcional y un gobierno que la quiere hacer desaparecer es signo de la paranoia cultural que la orientación sexual todavía produce incluso en culturas que creen, (o aparentan creer para conseguir sus fines), en un ideario de izquierdas, libertades y democracia, hasta el punto de apoyar una revolución. La presencia de una fuerte cultura homosexual masculina en Cuba se inicia quizá, como en otros países caribeños, a raíz de los entornos fuertemente masculinos creados por la metrópoli: el censo de 1841, por ejemplo, da dos hombres por mujer. Los colonos se desplazaban a la isla sin familia y preferían esclavos varones, que podían realizar trabajos más duros que las mujeres. En 1889, como consecuencia de la aplicación en España del Código Napoleón, la homosexualidad deja de ser delito y comportamientos que habían permanecido ocultos salen a la luz. Esta circunstancia ha sido mencionada por el caudillo cubano, el cual en uno de sus aleccionadores, estúpidos y aburridos discursos culpó a los colonizadores de haber traído el vicio desde España. La ignorancia y estupidez de este individuo, y de los que le asesoran, les hace ignorar no sólo que la homosexualidad era totalmente normal entre los antiguos pobladores de la isla, sino, que ellos mismos son los descendientes de los que según ellos introdujeron tales prácticas en la isla, o sea, serán sus padres, abuelos o tatarabuelos los responsables, no los descendientes de los que no emigraron a su tierra. La verdad es que este "despiste" histórico lo cometen diversos personajes de distintos países americanos, y no precisamente descendientes de indígenas de aquellas tierras, sino personajillos de piel bien clara. Según la propaganda revolucionaria, durante la primera mitad del siglo XX, Cuba fue una especie de parque de diversiones para turistas norteamericanos, donde se podían llevar a cabo comportamientos prohibidos o mal vistos en la potencia puritana. Es famosa una de las justificaciones de la Revolución utilizadas por la propaganda castrista, como es que La Habana era el burdel de EE.UU. No parece nada creíble que en los años 50, en La Habana hubiese más prostitución que en Nueva York, Los Ángeles, Buenos Aires, México, París, Roma, Madrid, o Barcelona, por ejemplo, por no seguir mencionando más ciudades del mundo. En estos momentos la prostitución femenina y masculina está a la cabeza de los países del tercer mundo más desgraciados y atrasados que se venden por unos dólares. Uno más de los logros de la Revolución. Desde finales del siglo anterior, La Habana se había convertido en una gran ciudad, llegando a rivalizar en algún momento con Nueva York, y la vida metropolitana siempre contribuye a un crecimiento de la cultura homosexual. El ambiente de corrupción reinante aseguraba que cualquier molestia por parte de la policía pudiera arreglarse con dinero. Durante la dictadura de Batista, desde 1952, el dictador opresor de Cuba al que había que derrocar por el bien del pueblo cubano, oprimía tanto, tanto, que (aparte de ser Cuba una de las economías más fuertes del continente y que la cultura en todas sus expresiones se desarrollara de forma casi imparable, hasta que consiguieron maniatarla y destruirla) según la propaganda comunista, perdón, Castrista, en la isla "todo estaba a la venta" y "la moralidad relajada". Pese a vivir bajo un dictador, lo cual siempre es un oprobio para cualquier país, al compás del resto de la cultura, hubo un resurgimiento de la cultura homosexual. Cuando Castro llega al poder no le es difícil tomar del estalinismo y del nazismo (dos claros ejemplos de regímenes líderes en el pisoteo de los derechos del ser humano y que basan su existencia, precisamente, en la falta total de la libertad de las personas), la asociación entre homosexualidad y decadencia para vincularla ideológicamente al régimen anterior. La homosexualidad era un comportamiento propio de una sociedad corrupta que no tenía lugar en la nueva Cuba. Fue un mal paso que incluso los castristas más acérrimos (por homófobos que sean) consideran hoy bastante torpe. Creó al régimen una mala prensa totalmente innecesaria y, por supuesto, no logró borrar la cultura homosexual con la represión. La persecución se dirigió en algunos casos contra los mismos intelectuales que apoyaron a Castro durante la revolución (lo mismo que hizo con la burguesía que le apoyó en "su" revolución, así como con las posibles personalidades revolucionarias que pudieran hacerle sombra en su ansia de alcanzar el poder absoluto como Hubert Matos o Camilo Cienfuegos al principio y, mucho más tarde, con el asesinato del general Ochoa, luego de un juicio que no fue sino una nueva pantomima del Führer cubano); por otra parte, hasta la gente que, en circunstancias normales, habría sido homófoba, utilizaba la actitud castrista frente a la homosexualidad para atacar al régimen desde la oposición. Castro cerró prostíbulos y bares gays, y fomentó la delación de homosexuales, a los que conducía a campos de trabajo, una forma suave de denominación de los campos de concentración, con la justificación de evitar que corrompieran a la juventud. Castro, por otro lado, corrompía no sólo a la juventud, sino a los niños, con sus escuelas de "becados" en las que con la excusa de facilitar los estudios a todos, convivían alumnos adultos, retrasados en sus estudios, con niños; una buena forma de "no corromper" era aislar a miles de niños y niñas a la disposición de maestros y alumnos adultos..., otra buena forma fueron los famosos trabajos en la agricultura, consecuencia de los cuales fue la agotadora y eficiente labor de los cirujanos practicando abortos a niñas de doce, trece, catorce,... años. Las leyes cubanas prohibieron los actos homosexuales, castigándolos con encarcelamientos de entre cinco y veinte años de cárcel. Cuba impone la prueba del sida a todos los ciudadanos y condena a reclusión perpetua a los que dan positivo, en una maniobra totalmente inhumana para detener la expansión del virus VIH en la isla. Parece ser que el primer caso detectado, al menos oficialmente, fue en uno de los soldados "voluntarios" al volver de sus actos de "liberación" de los países oprimidos de África. Sin embargo, olvidando sus propios principios revolucionarios, Cuba se ha convertido de ser el "burdel" de EE.UU., a ser el prostíbulo del Mundo. Abunda el turismo sexual, hétero y homosexual, y, aunque está seriamente penado, las autoridades no pueden permitirse ser muy severas con lo que resulta ser una fuente de ingresos cada vez más importante. Hay jineteras y jineteros reclutados por el Estado y jineteras y jineteros de por libre, más bien por necesidad. Lo curioso es que la tan cacareada Revolución Cubana, después de casi cincuenta años, haya conseguido que se prostituyan desde chicos y chicas jóvenes a amas de casa y padres de familia; desde campesinos a profesionales como ingenieros, médicos, etc. A los jineteros (sexo por dinero, pero con cierta clase), les han seguido los "pingueros" (sexo por dinero con pingas (penes) con dos piernas). Se calcula que en el contingente de 125.000 cubanos que salieron en 1980 desde el puerto de Mariel, realmente, había entre 10.000 y 20.000 homosexuales cubanos, mujeres y hombres. Decimos, realmente, ya que una de las condiciones exigidas por el régimen para permitir la emigración (aparte de los presidiarios y enfermos mentales "colados" aprovechando el barullo), era declarar por escrito que se era homosexual, lesbiana o prostituta, de lo que se deduce que "oficialmente" el número debe ser mucho mayor; entre ellos se encontraba Reinaldo Arenas. El debate a que ha dado lugar el machismo exacerbado y la homofobia del castrismo es complejo y pone de manifiesto lo delicado de la homosexualidad como concepto y lo ridículo de la homofobia institucionalizada. Hay defensores del castrismo que insisten en que la cuestión homosexual no debe conducir a negar el apoyo a un régimen que ha conseguido una serie de "logros" envidiables. ¿Envidiables para quién? Después de medio siglo, no sólo no han evolucionado, sino que ni siquiera están a la altura de los años cincuenta. Castro ha convertido a su país en un país sin moral donde la criminalidad va en aumento sobre todo contra el visitante extranjero (turista o nacido en Cuba residente en el extranjero, sea o no, de nacionalidad cubana), siendo capaces de cualquier cosa (incluido el asesinato) por unos pocos dólares; dólares, mejor dicho euro, que la mayoría necesitan para sobrevivir con lo más elemental, pero que otros, increíblemente, lo emplean para aparentar lo que no son y el resto para algún que otro vicio capitalista como alguna que otra rayita, por cierto, parece ser que al alcance de cualquiera que la "necesite". Los que todavía tienen la desfachatez de hablar de "logros" de la revolución, aducen que otros muchos regímenes son homófobicos e insisten, quizá con algo de razón, que la homofobia del castrismo (que nadie niega para no caer en lo ridículo y fanático) se exagera desde la derecha con fines políticos (siempre la derecha contraria al desarrollo de los pueblos; de ser así el castrismo parece un mal remedo de la ultraderecha más rancia). Uno de los textos más polémicos en este sentido es el documental de Néstor Almendros y Orlando Jiménez-Leal Conducta impropia (1984), sobre los campos de trabajo para homosexuales, al que se ha acusado, entre otras cosas, de deformar la realidad. Para los gays de izquierdas es un dilema que les obliga a elegir entre dos identidades políticas, pero incluso cuando se inclinan por el castrismo por razones ideológicas se encuentran en un punto muerto, ya que jamás podrían desear vivir en ese país. El estreno de la película Fresa y Chocolate (1993), de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, basada en un relato de Senel Paz, se interpretó como un gesto de buena voluntad por parte del gobierno castrista y llegó a ser la película cubana más taquillera de la historia. En un momento dado, el número de espectadores triplicaba el número de habitantes de algunas comunidades isleñas, lo que da fe de la popularidad del tema. Quizá lo que el debate señala es la incapacidad de los viejos dinosaurios castristas de encontrar soluciones y de reconocer sus errores. Es verdad que en los años sesenta nadie podía sospechar que el problema homosexual haría tanto daño al régimen: la homofobia en Estados Unidos, por ejemplo, era (y es) rampante, y sin duda se trata de uno de los aspectos del castrismo que habían apoyado sin reservas. Que hasta los regímenes más liberales tienen sus trapos sucios, es indudable, y contra ellos hay que luchar y se lucha. En Cuba ni la lucha se permite. En definitiva, si la cuestión cubana es tan importante, ello se debe a que quizá la razón por la que muchos apoyan los movimientos de izquierda tiene que ver con la supuesta libertad que estos dicen garantizar, no con la represión; y en un tema como la orientación sexual, en que la represión no favorece a nadie y las prohibiciones son, por consiguiente, una mera cuestión testicular, se trata de algo inexcusable y profundamente indignante. Es denigrante para el sistema castrista la homofobia que ha castigado y persigue, cuando el mismo sucesor del "Duce" caribeño, o sea su hermanito Raúl, es homosexual, y una de las mayores personalidades homófobas ha sido la esposa de éste, Vilma Espín, fallecida recientemente. Ernesto "che" Guevara merece un comentario aparte ya que el tan alabado personaje era un homófobo enfermizo que, como ejemplo, visitando una Embajada cubana en Europa cuando vio abierto sobre la mesa del Embajador un libro de uno de los escritores cubanos más grandes de todos los tiempos, Virgilio Piñera, pero homosexual, el comandante argentino agarró presto el libro de Piñera y, dirigiéndose al Embajador, le preguntó "¿Qué haces leyendo un libro de este maricón en nuestra Embajada? Y, sin esperar respuesta, lo cerró y lo tiró al latón de la basura. Corren rumores de que alguien del gobierno, ha encargado a un grupo selecto de científicos, sexólogos, biólogos y sociólogos, un estudio sobre la sexualidad masculina en Cuba. Ante la avalancha de jineteros, pingueros, chaperos, etc., que prestan sus servicios remunerados sobre todo a los turistas homosexuales de visita en la Isla, al parecer, ha habido unas personalidades de las altas esferas gubernamentales que han creído conveniente hacer un estudio serio sobre las tendencias sexuales de los varones cubanos, ya que es sorprendente el porcentaje de hombres que mantienen relaciones homosexuales sin, en apariencia, la menor aprensión, cuando era aceptado por la mayoría de la sociedad cubana que sólo los homosexuales o bisexuales aceptaban las relaciones hombre-hombre. Se dedican a este intercambio sexual remunerado, putos, desde varones plenamente homosexuales a hombres que podrían ser calificados como totalmente heterosexuales, padres de familia, etc. En la inmensa mayoría de casos estos hombres, dependiendo de los gustos del cliente, no tienen ningún reparo en hacer lo que haga falta por unos dólares, mejor dicho Euros, aunque, en general intentan mantener una posición activa por salvar su machismo, al menos, si el importe a cobrar no merece mayor implicación. La clase social no es definitoria, los hombres cubanos se prestan a los actos homosexuales remunerados, ya sean casados, solteros, estudiantes, parados, obreros, profesionales, licenciados, policías, militares, artistas, funcionarios..., llegando algunos padres a "ignorar" lo que hacen sus hijos, y hasta a fomentarlo en muchos casos buscando clientes para el joven. Respecto a la edad no existe un límite definido, va desde niños o adolescentes a individuos maduros, el mercado está abierto para el gusto del turista. De la forma más discreta posible y con total confidencialidad se ha hecho un muestreo entre unos veinte mil individuos de edades comprendidas entre los 15 y los 55 años y de todos los estratos sociales. Al parecer, las provincias escogidas han sido: La Habana, Pinar del Río, Matanzas, Holguin y Santiago de Cuba. El motivo oficial ante los encuestados ha sido un estudio epidemiológico de las E.T.S. en Cuba, en el que solapadamente y de la forma más casual se incluían preguntas relacionadas con las prácticas sexuales tanto hetero como homosexuales que debidamente computerizadas podían dar un resultado suficientemente válido. Una vez tratados los cuestionarios, el resultado del estudio ha sido declarado secreto, puesto que los resultados obtenidos son sorprendentes para las autoridades cubanas: Un 10% declararon su tendencia totalmente homosexual; un 32% declararon que se relacionan con mujeres pero que encuentran muy gratificante practicar el sexo regularmente con otros hombres por placer, independientemente de que hubiera o no compensación económica; un 8% se declararon heterosexuales totales pero que habían mantenido relaciones con hombres a cambio de dinero; un 9% se declararon totalmente heterosexuales, no les interesaba el sexo con hombres, pero no desechaban la posibilidad de "echarse" a un "maricón" si pagaba suficiente; un 32% mostró una tajante posición contra la posibilidad de cualquier tipo de relación homosexual y el 9% restante, o no contestaron, o sus respuestas no permitieron aplicarlos a ninguno de los grupos citados. Esta noticia está recogida de Internet por una filtración de algún conocedor del estudio. Este estudio puede interpretarse, en positivo, como demostración de que las relaciones homosexuales entre hombres no afectan al desarrollo de cualquier sociedad, sea desde el punto de vista demográfico o el social, pero desde un punto de vista crítico, puede demostrar que el comunismo imperante durante casi 50 años en la isla, resultado de la revolución cubana y uno de cuyos motivos "políticos y sociales" era que La Habana dejara de ser el burdel de los EE.UU., ha llegado a conseguir algo que parecía increíble: ha convertido a toda la Isla en un inmenso burdel de putos y prostitutas al alcance de todo el mundo que quiera pasar unas buenas vacaciones a costa de las necesidades y de la dignidad de los pobres cubanos, y todo, a precio de saldo por derribo. Bien diferente es que los hombres mantengan libremente y por placer relaciones sexuales entre ellos, a que se vean obligados a ejercer la prostitución más vil para conseguir un poco de dinero con que subsistir. El tema de las mujeres cubanas ejerciendo de prostitutas por unos billetes, necesarios para subsistir ellas y su familia, eufemísticamente llamado jinetear, es otra forma de mantener al pueblo cubano al borde del desastre, rebajando, el estado cubano, el auto respeto y el orgullo de los ciudadanos cubanos a unos límites sumamente viles. Véase Ian Lumsden, Machos, Maricones and Gays. Cuba and Homosexuality (Temple UP, 1996) y Emilio Bejel, Gay Cuban Nation (University of Chicago Press, 2002).
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