LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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CULTURA HOMOSEXUAL Parte de la oposición al concepto de "cultura homosexual" arranca de la propia complejidad del término "cultura" y de su incierto estatus en la postmodernidad. La palabra procede de la raíz latina colere, entre cuyos significados se encuentran "cultivar", "proteger", "establecerse" en incluso "honrar con ceremonia". En todos casos el significado es descriptivo y de carácter provisional, es decir, la acción se presenta como un devenir objetivo. Sin embargo, hacia finales del siglo XVII, en las lenguas europeas aparece un elemento de "valor" en la palabra cultura. La idea de que la "cultura" hace al individuo "mejor" o es propia de los "mejores" individuos es algo que ya se ha establecido durante la Ilustración. Un individuo puede adquirir dignidad por sangre (al pertenecer a una familia aristocrática) o por "cultura", es decir, cultivándose para mejorar. Este significado permanece activo en nuestra lengua y ha sido utilizado y leído de manera opresiva desde posiciones de hegemonía: la cultura es un concepto que adquiere un prestigio ideológico basado en una concepción aristocrática de la sociedad y que sirve para separar a los individuos entre aquellos que la poseen y aquellos que no la poseen. La posesión de esta cultura ("alta cultura") legitima opiniones y da categoría al individuo. También integra al individuo culto en el sistema hegemónico, que queda reforzado. Ciertas opiniones son consideradas "cultas", y con ello se quiere decir que se basan en las enseñanzas de una serie de textos clave que determinan el pensamiento occidental. Uno es "culto" cuando ha leído a Cervantes, Shakespeare y Goethe, por ejemplo, pero no lo es si sólo conoce autores que se dedican a la ciencia ficción o si le gustan las películas de George Cukor. Desde la izquierda progresista se ha ido socavando este concepto aristocrático y opresivo para dar cabida a toda una serie de textos pertenecientes al ámbito de lo popular. Tengamos en cuenta que por "culto" se sigue entendiendo un individuo que conoce a fondo el canon, pero por lo menos Cukor y la ciencia ficción han pasado a convertirse en "cultura popular". El nuevo concepto de cultura trata de prescindir del "valor artístico" (sin conseguirlo por completo) y trata de incluir toda una serie de manifestaciones que van del fútbol a la gastronomía. En sus Notas para la definición de la cultura, T.S. Elliot habla del cricket o las regatas como representativas de la cultura inglesa. Cultura es aquí cualquier práctica o texto articulado o producido por una sociedad, como actividad o como representación. Federico García Lorca iría más lejos todavía, introduciendo el concepto de "cultura en la sangre", en el que la cultura abandona el ámbito del discurso articulado para identificarse con el tipo de creación artística que, precisamente, escapa a toda explicación y no se basa en textos. En cualquier caso, nos alejamos del sentido tradicional de "texto" y es éste el significado postmoderno activo al hablar de "cultura homosexual". Utilizamos este concepto para referirnos a la articulación y expresión de la homosexualidad. A pesar de que el término se despega del significado de "legitimación", algunos negarían que la "homosexualidad" puede producir un discurso articulado. Si esto se hace a partir de un concepto reduccionista de la homosexualidad, el argumento podría ser defendible. en efecto, si la homosexualidad se refiere sólo a ciertas relaciones genitales entre individuos de un mismo sexo, claramente hay pocas posibilidades de producción de textos basados en esta experiencia. Pero, evidentemente, la homosexualidad es mucho más y el concepto de "cultura homosexual" puede tener implicaciones que escapan a sus críticos. Dado que las prácticas sexuales que dan lugar a la construcción de la homosexualidad han tenido, y tienen, un delicado estatus social y cultural, y dado que se han utilizado como modo de hablar de la "verdad" de ciertos individuos, arraigando estos actos en los niveles más profundos de la personalidad, la identificación con este tipo creará toda una serie de implicaciones que hacen que el significante deje de ser neutro. La opresión hace que el sentirse homosexual importe y se convierta en un aspecto de la personalidad que los individuos deben "explicar" y articular, que conforma la vida creando códigos y prácticas, en algunos casos para ocultar lo que es una identidad prohibida, en otros para dar a conocer esta identidad a los demás. Otras maneras de buscar la legitimación son la enumeración de otros homosexuales en la historia y la apropiación de textos canónicos: el homosexual deja de ser así un individuo aislado, definido desde posiciones antihomosexuales y adquiere una presencia independiente. Como consecuencia, puede decirse que por "cultura homosexual" deben entenderse tanto los textos y las experiencias vitales de individuos homosexuales a lo largo de la historia como los textos que, a través de la representación del concepto, tratan de contener, etiquetar, castigar o marginar a quienes tienen relaciones sexuales, frecuentes u ocasionales, con otros individuos de su mismo sexo. Hasta aquí, la implicación es que la cultura homosexual nace sólo de la opresión y que, por lo tanto, cuando ésta deje de existir (tanto como desigualdad ante la ley como en el seno de la sociedad) el concepto perderá sentido. No es así. Incluso aunque al homosexual se le acepte como un ciudadano normal y la estigmatización generalizada termine (algo no tan sencillo y cuya llegada está más lejos de lo que algunos parecen creer), quines opten por la homosexualidad tendrán una identidad social bien definida (si bien ésta no será una cuestión de gran importancia política) mientras la sociedad siga distinguiendo entre los roles del hombre y la mujer. Es evidente que una pareja formada por dos mujeres se sitúa de una manera específica frente al modelo dominante de relación entre hombre y mujer, y así tendrá un significado cultural concreto. Por último, si desaparece la diferenciación ideológica o discursiva entre hombres y mujeres, la reproducción es un aspecto ineludible que se asociará de manera distinta a los modos de relación homo y heterosexuales, respectivamente. Todo esto hace que la relación simbólica entre homo y hetero sea una constante en las sociedades, central en toda cultura y difícil de neutralizar. El discurso en torno a esta distinción simbólica no es exclusivamente sexual; sino que incluye todo un espectro de elementos (activo/pasivo, procreación, poder, transgresión, etc.); la cultura homosexual es así un término amplio que abarca un gran número de perspectivas y que puede identificarse, de modo más o menos explícito, en casi cualquier punto de la historia de Occidente; aunque hay un período concreto entre 1880 y 1940 en que parece ser especialmente central en los textos que hemos dado en considerar como canónicos. En este sentido, la articulación del tema del secreto en Marcel Proust, Oscar Wilde o Tennessee Williams son manifestaciones de construcción de significantes textuales a partir de la especificidad de la condición homosexual. Otros textos manifiestan nítidamente el pánico homosexual, como sucede con el relato La bestia de la selva, de Henry James. Pero también es posible encontrar otros ejemplos, desde las novelas de Ronald Firbank y Álvaro de Retana al arte de Miguel de Molina, en que la homosexualidad no se expresa como sentimiento de opresión, sino como posicionamiento marginal dentro del sistema de normas heterosexista. Por último, textos como El pozo de la soledad, de Radclyffe Hall, o la experiencia vital de Natalie Barney constituyen un intento de articular y dar sentido, de etiquetar y discutir este descentramiento. Estas tres facetas de la cultura homosexual se relacionan con el discurso enunciado desde posiciones homosexuales. La homofobia nazi o macartista o la patologización de la homosexualidad son también fenómenos que pueden incluirse bajo el epígrafe de cultura homosexual. Así, lo que era cuestionado como un término sin sentido se presenta como una línea central en los sueños y realidades de la Humanidad que merece más atención de la que se le adjudicaba: los luchadores, los opresores, los oprimidos; lo que decimos y lo que se dice de nosotros; lo que de verdad deseamos y lo que tenemos; nuestros sentimientos de unidad y experiencia compartida y también nuestros sentimientos de rechazo hacia quienes comparten algunos rasgos; los mitos y las experiencias. |
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