LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

GUETO - AMBIENTE

El debate sobre el gueto homosexual está relacionado con el que enfrenta a integracionistas y separatistas. Durante los años de prohibición de las prácticas homosexuales, el gueto, bien como estado psicológico (es decir, una serie de códigos semisecretos o redes de influencia) o como entorno físico en el que se podía expresar la identidad sexual, era poco menos que una necesidad (sigue siéndolo en los países en que se persigue a los homosexuales). Lesbianas y hombres homosexuales crean círculos cerrados que les permiten relacionarse entre sí, sin exponerse a reacciones agresivas por parte de la sociedad heterosexista.

El gueto creaba una zona de seguridad, bien porque era tolerado, bien porque la unión hace la fuerza, aunque esto implica también la creación  de una frontera imaginaria que limita la experiencia del individuo . Si bien el gueto puede ser un lugar donde llevar una existencia cómoda (algo así como un armario compartido), también es un lugar que puede ser controlado fácilmente por las instituciones: recordemos que en su acepción original la idea del gueto no se refiere a algo que se acepta voluntariamente, sino a un recinto donde se encierra a cierto tipo de individuos para evitar su influencia nociva en el resto de la sociedad. Las redadas arbitrarias de bares y otros locales de reunión durante los años sesenta, tanto en Estados Unidos como en España, son un ejemplo de los peligros de la mentalidad de gueto. En principio, la actividad del movimiento gay desde los años seten6ta puede verse como un intento de renunciar a las limitaciones del gueto y reclamar un lugar como ciudadanos de pleno derecho en el sistema social. Sin embargo, la realidad es bien distinta. Al gueto casi forzoso de los años setenta, ha sucedido un gueto voluntario que tiene que ver con el mercado y la facilidad de realizar contactos sexuales. La mentalidad de gueto, sea voluntaria o forzosa, tiene consecuencias negativas: alienta cierta estrechez de miras y promueve la creación de nuevos códigos de conducta que a su vez producen un nuevo sistema de opresión.

Dado que los homosexuales ya no son una minoría asediada continuamente por las instituciones, el elemento de solidaridad que necesariamente unía a la comunidad homosexual en los momentos difíciles pasa a segundo plano en la creación de esos nuevos códigos culturales . Ahora se trata de un sistema que promociona una visión epicúrea de la existencia, con una referencia machacona y bastante totalitaria a la actividad sexual. En sí esto no tiene nada de malo en tanto en cuanto conduzca a la liberación del erotismo. pero, además, se ha creado una mitología, a la que podemos llamar, siguiendo a los anglosajones, fascismo corporal, según la cual se valora al individuo por unos criterios (músculos, vestidos, aspecto externo) que no tienen nada de positivo y que apartan a aquellos que no siguen estos códigos: a quienes están demasiado delgados o, peor aún, demasiado gordos, a quienes no tienen la cara del momento, la distribución muscular de la temporada, los pectorales unisex de la década, son demasiado mayores o tienen vello en el cuerpo y no se depilan se les hace sentir fuera de juego y quedan descalificados como objetos de deseo.

 Siempre va a haber rasgos desfavorecidos desde posiciones de poder, eso está claro. Siempre habrá cosas que separen a la gente que es atractiva de la que no lo es; el concepto de seducción se construye en el discurso y es inevitable que el privilegio de ciertos criterios actúe en detrimento de otros. Pero no podemos manifestar satisfacción por esto y no conviene quedarnos en una concepción estática de la identidad homosexual protegida por el gueto. Quizá la solución esté en buscar criterios que subrayen otras cualidades y que incidan en cuestiones de responsabilidad social o individual en lugar del tamaño de los pectorales.

La comunidad gay en general no reacciona con sensatez ante estas críticas, que parecen un intento de coartar lo que consideran uno de sus logros más preciados: la expresión y práctica del sexo. Pese a todo no hay que confundir el debate. Cada cual es dueño de lo que hace con su libido; las estructuras que unen a un tipo de individuos en una identidad social no pueden basarse en la libido porque ésta no es socialmente responsable. El segundo aspecto problemático del gueto es su identificación con el mercado. Si en sus orígenes se trataba de una necesidad que contribuía a establecer lazos entre individuos, ahora la mayoría de los gays ven el gueto un lugar de consumo. Esto nos pone en manos de intereses que carecen de fondo ético y de nuevo crea una estratificación, esta vez no debida a un pecho hercúleo, sino a la capacidad del bolsillo. Marcas y objetos, prendas de vestir y "el dejarse ver" en locales en que se suele estafar al personal se convierten en rasgos de rigor que, cada vez más, definen la experiencia del homosexual urbano en los principios del siglo XXI. Los gays han salido del armario, pero a pesar de las promesas de Arcadia utópica, se debería empezar a pensar en abandonar la mentalidad de gueto si éste se sustenta en elementos superficiales y opresivos: el gueto en este caso se convierte en sinónimo de alienación, no de supervivencia. Esto no significa que haya que renunciar totalmente a la comodidad de un entorno en que los gays ponen las reglas; su utilidad como lugar de resistencia es innegable, ya que aunque las cosas han mejorado, todavía se siente la necesidad de una zona protegida. Además, con la excepción de unos pocos que tienen miedo de poner un pie en  el mundo real, nadie se pasa la vida en los confines del gueto. Dado que no se trata de una estructura forzosa (en general), sus paredes se han hecho permeables. Todo consiste en ser conscientes de que se trata de un lugar al que podemos ir cuando lo necesitemos, no una cuestión de vida o muerte. Por otra parte actualmente tanto los homosexuales como los heterosexuales han caído en la trampa del consumismo inútil, disfrazándose y disfrutando o, haciéndolo ver, más con la apariencia que con la esencia de las personas.

Insistimos, lógicamente en este tema se trata de países evolucionados en la aceptación de la igualdad, en que la homosexualidad no es contemplada como un peligro, aberración, ni otras barbaridades por el estilo.


SALIR                     EXIT