LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

HOMOSEXUAL

Decidir qué término conviene utilizar para denominar el espectro amplio de relaciones creadas en torno al deseo entre personas del mismo sexo ha sido uno de los debates centrales desde los primeros años del activismo a finales del siglo XIX. Se trata de buscar un término que englobe, consensualmente si es posible, el mayor número posible de prácticas y el mayor número de individuos y que mantenga cierta objetividad. Dentro de este término universal podríamos incluir una larguísima serie de categorías y subcategorías (pederastia, queer, travestismo, hijras, bardajes, etc.) que expresasen las diferentes manifestaciones de ese deseo, diferentes contextualizaciones y elaboraciones del mismo en diversas culturas por parte de diversos grupos de gente. Sin duda, en nuestros días, los dos términos que más se acercan a esta función universalizadora son gay y homosexual. La indiscutible utilidad de gay como referente y a su innegable valor político (e histórico), se dedica otro comentario; también a sus limitaciones. Gay resulta anacrónico cuando no existe una afirmación explícita de la homosexualidad, cuando no hay conciencia de una identidad homosexual particular. El rendimiento semántico de la palabra gay, su precisión, añade rasgos de significación con los que no todos quieren identificarse y describe una función de la homosexualidad que a muchos les resulta incómoda. Además del riesgo de anacronismo y sus limitaciones en lo que respecta a su valor universalizador, la palabra presenta en español un problema lingüístico: no existe como sustantivo abstracto, sólo como adjetivo (por ejemplo, "cine gay") que puede sustantivarse ("un gay"); el mismo caso se da en inglés, recordemos que gay es un adjetivo que significa feliz, alegre, utilizado en su momento para definir, (no sin cierta sorna y desprecio), el mundo homosexual "Gay World", pero que con el tiempo a pasado de ser un adjetivo a ser un sustantivo. en todo caso, la sustantivación resulta problemática a ciertos activistas que consideran que tanto homosexual como gay deberían mantener siempre un valor adjetivo con el fin de ganar en flexibilidad. Homosexual tampoco  es un término satisfactorio y tampoco contenta a todo el mundo. Hay toda una historia de medicalización represiva unida a la palabra. Si gay enfatiza lo político, homosexual hace hincapié en un aspecto social problemático: tradicionalmente, homosexualidad es una palabra que aplican quienes no lo son, quienes tratan al homosexual como objeto de análisis, quienes se niegan a admitir la dimensión política de la orientación sexual. Es una palabra algo malsonante, que parece referirse a algo oscuro o a un tipo de criatura que sólo se encuentra en zoos o museos de historia natural. Ahora bien, conviene despejar algunos malentendidos en torno a la aparición de la palabra. En ocasiones se ha apuntado que se trata de un absurdo etimológico: una combinación de griego (homo) y latín (sexual) que, para colmo, no significa nada; suponemos que tampoco lo significa la contraria, o sea heterosexual. La palabra entra en el vocabulario médico en un artículo de 1869 escrito en alemán bajo seudónimo, Karl Maria Kertbeny, por el húngaro Karoly Maria Benkert. Se trata de un momento clave: hacía falta una palabra para lo que empezaba a convertirse en un fenómeno analizable, en objeto de investigación. El último cuarto del siglo XIX ve un cambio en el paradigma sobre la concepción de la sexualidad que ha sido brillantemente analizado por Michel Foucault. Mientras que hasta ese momento cada individuo tenía un sexo, a partir de entonces, se le adjudicó también una identidad sexual. El cambio es radical respecto de antiguas concepciones. Desde entonces, el homosexual, la "nueva especie", se convierte en objeto de ataque y defensa, y el discurso de la ciencia se utiliza para ambas cosas. No obstante, hay que decir que el contexto en que la expresión homosexual aparece es el de la apología del amor entre personas de un mismo sexo. Kertbeny, homosexual, habla en su original artículo de la necesidad de eliminar la legislación antihomosexual. En aquel momento, la expresión utilizada era "relaciones indecentes entre hombres". Al crear el término, hay esperanzas de identificar a un grupo, y legitimarlo. Esto problematiza la palabra, ya que, según Foucault y sus seguidores, el homosexual sólo aparece en este momento, y cualquier otro uso del término para períodos anteriores sería anacrónico. Hasta cierto punto: hay una ambición descriptiva retroactiva en la introducción de la palabra que con el término gay resulta menos convincente. El nuevo vocablo habría pasado desapercibido de no haber sido utilizado en 1880 por un prestigioso académico alemán llamado Gustave Jager. En ese momento ya había varias sugerencias para nombrar científicamente esta nueva identidad, la más extendida era uranismo, propuesta por Karl Heinrich Ulrichs. Cuando tanto Magnus Hirschfield, en su larga campaña contra el párrafo 175 del Código penal alemán, como Sigmund Freud en sus escritos optan por el término homosexual, la balanza se inclina definitivamente por éste. Como vemos, hay un potencial positivo en el extraño término que es aprovechable. Aunque el lenguaje jamás está exento de connotaciones ideológicas, éste es menos explicitito en una palabra de origen científico que al menos aspira a la objetividad. Homosexual es un término flexible, de gran rendimiento semántico, que añade un matiz sexual a términos aún más borrosos como homosocial, que incluye a hombres y mujeres (algo que se ha debatido respecto al término gay), que puede referirse tanto a prácticas como a deseos y que describe una amplia gama de fenómenos externos en cualquier época y en cualquier cultura. En último término, lo importante es no fijar la necesidad de uno u otro término. Ambos son perfectamente intercambiables según el contexto: probablemente lo mejor sea utilizar gay en tiempo presente y en el entorno de Occidente y homosexual al hablar del pasado y de culturas no occidentales. Para acabar conviene hacer un comentario sobre la homosexualidad del hombre. En toda la historia humana han existido las relaciones homosexuales entre hombres y sobre todo en los pueblos, antiguos y modernos, en que el machismo es el dueño y la mujer es considerada como poco menos que una propiedad destinada a un uso práctico, un ser inferior (tiene la regla, no piensa, etc.), cuando no es considerada como la representación del mal o del diablo. El hombre sabe arreglárselas para gozar sin "contaminarse" demasiado con ellas, disfrazando su homosexualidad con no se sabe cuantas excusas, religiosas o sociales. El engaño autoempleado consiste en interpretar que hacer actos homosexuales no quiere decir que se sea homosexual, con lo cual un hombre puede estar teniendo relaciones homosexuales de los 15 a los 80 años, pero nunca se considerará, ni se le podrá llamar, homosexual, ya que seguramente una esposa y varios hijos así lo demuestran. Lo que parece más real, es que en muchos lugares mediante una esposa y algún hijo la homosexualidad se disfraza con una supuesta heterosexualidad, acompañado, además, de mantener siempre que es el "otro" el que se pone debajo. Sobre la falacia de que sólo son homosexuales los que les gusta ser penetrados y, por lo tanto, los "activos" no lo son, parece lógico que si tantos hombres tienen relaciones sexuales con otros, será porque debe de haber un gran número de dispuestos a ser penetrados. Seguramente el intercambio de roles dejan a la mayoría satisfechos. Una buena dosis de confidencialidad y, asunto resuelto. Varón homosexual es el que, continua o esporádicamente, encuentra agradable y satisfactorio mantener relaciones sexuales con otro hombre. Varón heterosexual es el que no desea ni goza con la relación con otro hombre sino sólo con las mujeres. Decimos esto no para culpar a nadie, sino para hacer pensar a quien esto lea. Grandes hombres, desde gobernantes a plebeyos, pasando por valientes militares, científicos, inventores, filósofos,  escritores, pintores, actores, médicos, héroes, etc. etc., han sido y son homosexuales 100%, 90%......50%, 1%, ó, 0%, o sea heterosexuales. Al igual que han podido ser delincuentes o asesinos. Resumiendo, ¿Dónde está el problema?, ¿Quién es mejor, o peor, que el otro, por un asunto tan natural como la atracción sexual, o, lo más importante, de búsqueda del amor?


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