LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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INQUISICIÓN
La Inquisición no fue un fenómeno específicamente hispánico, aunque sí fue en España donde alcanzó mayor desarrollo y duración. Desde la Edad Media existieron tribunales establecidos por la Iglesia Católica para identificar y castigar a herejes, blasfemos, brujos y hechiceros. Desde el año 312 pueden encontrarse tribunales informales con estos fines. En 1232 la Inquisición pasa a la jurisdicción del papa. A partir de 1478, los Reyes Católicos la convierten en una institución apoyada tanto por los monarcas como por la Iglesia. La sodomía no era uno de los blancos centrales de los inquisidores, que tenían bastantes cosas de que preocuparse con la complicada situación religiosa, en Europa en general y en España en particular. Por otra parte, la legislación civil homófoba que existía en varios países hacía que, cuando se descubrían ofensas de este tipo en el curso de las investigaciones, se castigaran como tales, aunque rara vez con la muerte. La sodomía se utilizaba también como agravante de otros crímenes: en diversas ocasiones se asocia a herejías concretas con el fin de hacerlas aparecer como más terribles e inadmisibles. Entre ellas, hay que destacar la de los cátaros (o albigenses), que llegó a extenderse hasta el punto de constituir una amenaza importante a la ortodoxia católica. Ésta acusó a los herejes de comportamiento sexual licencioso, un argumento más contundente y fácil de entender que las disquisiciones teológicas. Pero, como hemos apuntado, España pronto se situó a la vanguardia en este terreno. Bajo el mando de Tomás de Torquemada, de orígenes conversos, el tribunal eclesiástico de la Inquisición se convierte en un organismo poderoso que no perdona a nadie: las prerrogativas de nobles y clérigos van desapareciendo y en algunos períodos funciona como una amenaza constante en la vida cotidiana, pues un alto porcentaje de la población se convierte en informante o familiar (en Valencia, en 1638, la cifra llegó a ser de un informante por cada cuarenta y dos habitantes). La Inquisición, fue un régimen de terror intermitente que bajo una fachada de absoluto rigor legal y complicados procedimientos burocráticos se convirtió en un instrumento de los intolerantes hasta bien entrado el siglo XIX. En 1524 el papa Clemente VII autoriza la creación de instituciones inquisitoriales con cierto margen de independencia en Zaragoza, Valencia y Barcelona. La actitud del Santo Oficio hacia la homosexualidad no es uniforme. Mientras que en Castilla, la Suprema declaró la sodomía fuera de la jurisdicción de la institución (a pesar de que siguieron produciéndose arrestos por esta causa), en Sevilla se llevó a cabo una investigación especial que se saldó con doce ejecuciones en la hoguera, un gran número de arrestos y una desbandada general de quienes se sentían amenazados. Las acciones contra los sodomitas parecen producto de pánicos morales que utilizaban el terrible poder de la institución para acabar con lo que se interpretaba como motivo de la ira divina. Un ejemplo sintomático lo tenemos en las detenciones, ejecuciones y linchamientos que siguieron a un encendido sermón del padre Luis Castellolí en Valencia, en el cual los sodomitas eran acusados de haber ocasionado el castigo divino en forma de peste. En esta ciudad, las persecuciones fueron especialmente encarnizadas en dos períodos: el comprendido entre 1571 y 1590 y el iniciado en 1621, que se prolongó hasta 1630. La distribución de los acusados por clase sociales es representativa: nada menos que un 19,5% de los procesados pertenecían al clero; el 5,6%, eran nobles; el 36,7%, trabajadores y artesanos; el 18,6%, esclavos y sirvientes; el 17,7%, soldados, marinos y vagabundos. Para extraer confesiones o información de los acusados se utilizaban torturas bárbaras, prefigurando así los regímenes totalitarios de la Europa del siglo XX. Hasta 1630, uno de cada cinco procesados era sometido a tortura, aunque, posteriormente, el porcentaje descendió a un 4,2%. La Inquisición tuvo también gran fuerza en Portugal y se llevó a las nuevas provincias del Nuevo Mundo. Felipe II estableció tribunales
en Lima y México, donde en 1547 tuvo lugar el primer auto-da-fé. la
lejanía de la metrópoli aminoró su incidencia, y al parecer "sólo" se efectuaron
cien ejecuciones en los 250 años de su existencia. Las ejecuciones de
homosexuales tenían una intención disuasoria: no se trataba de exterminar a los
sodomitas como grupo social (algo que sí se intentó en la Alemania nazi bajo el
poder de Hitler, o lo que se proponía hacer el régimen de Fidel Castro con la
creación de campos de trabajo donde se internaron a multitud de hombres
homosexuales), sino de manifestar la repulsa institucional hacia tales
comportamientos. En general existía el mito xenófobo de que las prácticas
homosexuales habían sido introducidas en España por los musulmanes, lo cual
asociaba el problema religioso que creaba el Islam con el problema "moral" de la
sodomía. En cualquier caso, la lectura de los textos de los procesos es una
fascinante fuente de información sobre las actitudes de la época. Algunos se
encuentran recogidos de manera anecdótica en el libro de Juan Antonio Alejandre
Osadías, vilezas y otros trajines, publicado por Alianza Editorial en
1995. Aquí vemos como en algunos casos se ignoraba la homosexualidad al no
identificarse con los patrones del modelo sodomítico, lo cual prueba una
configuración distinta de las categorías sexuales. El estudio más riguroso sobre
el trato que la Inquisición dispensó a los sodomitas lo tenemos en el excelente
trabajo de Rafael Carrasco Inquisición y represión sexual en Valencia.
Historia de los sodomitas (1565-1785), publicado por Laertes en 1985. |