LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

ISLAMISMO

Arte Persa, Jóvenes haciendo el amor en el bosque s. XVIII

La religión islámica proscribe las relaciones sexuales entre hombres. Sin embargo, conviene siempre distinguir entre los preceptos del Corán propiamente dichos y la cultura islámica. La combinación de ambos elementos, unida a aspectos económicos y el modelo de sexualidad mediterránea que predomina en los países del Magreb y Oriente Medio, hacen que la delimitación de las identidades homosexuales en los países islámicos presente algunas diferencias frente a otros modelos occidentales. en cualquier caso conviene recordar que la cultura islámica se extendió durante varios siglos por amplias zonas de la península Ibérica y dejó una profunda huella en nuestra tradición. De hecho, en España la cultura islámica fue asociada a la homosexualidad de manera consistente hasta el modernismo. Los (poco fiables) rumores sobre la homosexualidad de Cervantes se basan sobre todo en su estancia en una prisión del norte de África. Por otra parte, en Viaje de Turquía, un clásico anónimo del siglo XV, hay varias referencias a la cantidad de bujarrones que hay en el mundo islámico , aunque no sabemos hasta qué punto se expresa una percepción real o simplemente se trata de ver la paja en el ojo ajeno y adjudicar comportamientos abyectos al enemigo con el fin de fortalecer la propia identidad nacional. Los más grandes poetas arábigoandaluces utilizaron el marco del homoerotismo pederástico, en ocasiones como convención mística y en otras como expresión del deseo íntimo y parece que ciertos modelos homosexuales fueron importantes en la cultura de la Granada del siglo XV (véase, por ejemplo, la novela El manuscrito carmesí, de Antonio Gala). La obra de Ben Sahl de Sevilla, Al-Rusafi de Valencia, o Ibn Quzmán da muestras de un encendido y explícito homoerotismo existente en la tradición poética occidental. Uno de los aspectos clave que diferencian las actitudes islámica y cristiana hacia el sexo es que, mientras que Yaveh es un Ser divino no sexual, Alá es un Ser divino sexual que crea al hombre del polvo mezclado con sangre y semen. Según el Corán, los musulmanes deben formar una familia y tener descendencia; la mujer se valora como un objeto sumamente erótico, pero de honra muy frágil, que no puede ser visto por otros hombres aparte de su marido. Esto da lugar a dos tipos de cultura: una cultura de hombres fuertemente homosocial y otra de mujeres. La imaginación patriarcal de Occidente se ha sentido fascinada por la sensualidad de las mujeres de los harenes y las posibilidades de relaciones lésbicas en ellos, algo que sin duda sucedía, aunque había elementos que las matizaban y que no aparecen tan a menudo en las fantasías heterosexistas, como la competencia entre diversas esposas con el fin de conseguir ventajas para sus vástagos o la presión a veces brutal que ejercía el señor del harén sobre las vidas de sus mujeres. La homosexualidad aparece, naturalmente, tanto en la subcultura masculina como en la femenina, aunque sería difícil hablar de identidades homosexuales. La gama de sentimientos y actitudes homosociales es amplia e incluye desde manifestaciones de intensa amistad hasta relaciones sexuales ocasionales que se integran en patrones convencionales. En el caso de los hombres, la homosexualidad se articula en relaciones pederásticas, en las que el joven adopta un rol pasivo, aunque hay numerosos ejemplos de excepciones tanto en poesía como en el repertorio iconográfico. Es una característica común en las culturas donde el adulterio es castigado con violencia: dado que las mujeres "pertenecen" a otros hombres o han de mantener su virtud, los adolescentes solteros sólo pueden desfogarse sexualmente a través de relaciones homosexuales; igualmente las relaciones pederásticas no se consideran adúlteras: no hay competencia entre lo que proporciona un muchacho (que en cualquier caso crecerá y dejará de serlo) y el significado de una esposa. Así, si bien hay un rechazo explícito hacia la homosexualidad por razones simbólicas que se parecen bastante a las expuestas por el cristianismo, en la práctica nadie hace nada respecto a los actos homosexuales o no llegan a reconocerse como tales.

Ciertos tipos de relaciones pueden mantenerse hasta la saciedad siempre y cuando no se hable de ellas o no se asocien con lo que la cultura conceptualiza como "homosexual". El afeminamiento es objeto de especial oprobio. Conviene añadir que, a pesar de su frecuencia, la pederastia nunca es un "buen" comportamiento, sino algo extraño que puede causar alguna burla, pero que, siempre que siga las convenciones apuntadas, no molesta a nadie. Los motivos pederásticos abundan en la poesía árabe medieval desde Abú Nuás (siglo IX). Sin embargo, conviene una lectura matizada de la misma: la delimitación  entre convención literaria y práctica social no está del todo clara y en ocasiones encontramos autores que cantan la belleza de los muchachos y al mismo tiempo condenan la pederastia (como sucede con el teólogo y místico Al-Ghazali). El Corán constituye un obstáculo casi insalvable en lo que a esto se refiere: alude a los sodomitas en diversos pasajes, y siempre de manera condenatoria, aunque hay un pasaje, al que se le puede atribuir fuerza desde el punto de vista legislativo, que recomienda clemencia. En cualquier caso, se trata de una religión que condena la homosexualidad de manera más consistente que el cristianismo, lo que crea una cultura basada en el silencio. La homosexualidad se articula en la literatura, pero se silencia en la vida cotidiana. Hay un motivo socioeconómico que contribuye a la fama de los países árabes, especialmente de los países del Magreb, como lugares de moral relajada: desde el siglo XIX, los intelectuales de las potencias colonialistas los han considerado una especie de coto de caza, el burdel donde podían tener el tipo de relaciones que la sociedad de sus países condenaba violentamente. Es cierto que autores como Oscar Wilde, André Gide, Paul Bowles, Tennessee Williams o Joe Orton se aprovechaban de una predisposición cultural a no dar demasiada importancia a las relaciones sexuales con muchachos, pero no es menos cierto que también hay en todo ello cierta explotación de la pobreza. Por último, cabe señalar que existe una diferencia entre la fascinante cultura árabe y la aplicación integrista del Islam, que, de manera preocupante, crece en algunos países de Oriente Medio y el norte de África: bajo este tipo de lectura del Corán, hay un rechazo absoluto tanto al adulterio como a la homosexualidad, ejemplificado en las recientes detenciones de homosexuales en Egipto o a las ejecuciones en Irán. Al rechazo que ya aparece en el Corán, se añaden  a lo largo de la historia varias condenas en el hadith (expresión de la tradición religiosa islámica), algunas de las cuales piden pena de muerte para los homosexuales. Esto no hace  a la religión islámica peor que otras: una lectura igualmente literal de los preceptos bíblicos nos llevaría a comportamientos igualmente bárbaros como castigo a transgresiones heterosexuales, pero tampoco hay que defender la homofobia por asociarse a una cultura no cristiana. Lo que sí es claro es que el judaísmo y el cristianismo han evolucionado con los siglos, prescindiendo de obligaciones y castigos inaplicables en esta época, con sólo la aplicación de un mínimo de racionalidad producto de la evolución propia del ser humano, sin embargo el Islamismo parece retrotraerse actualmente a la aplicación de leyes hechas hace más de mil años, dictadas para un momento específico de la historia del ser humano. Como ejemplo de parón en el tiempo, se puede citar el reciente caso de las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca. Parece ser que el motivo es la representación física del Profeta, cuestión imperdonable pues su imagen  no puede existir ya que podría conducir al pecado de adoración de imágenes. Pues bien, si éste es el motivo, habría que preguntarse el porqué existen imágenes del Profeta en museos de Nueva York, Boston y Los Ángeles o en las bibliotecas nacionales de París, Estambul y Edimburgo donde se albergan joyas del arte islámico en las que aparece la figura de Mahoma; tapices, manuscritos o dibujos. "Nunca ha habido una prohibición explícita", explica Juan Vernet, traductor del Corán y uno de los grandes arabistas españoles. "Hay muchos ejemplos de representación de Mahoma en el arte islámico, pero la tendencia más radical contra las imágenes es la que ha prevalecido", agrega. El caso es que por una cuestión que al parecer ni el mismo Corán prohíbe, alguien consigue movilizar a los creyentes (¿fanáticos?) para cometer las atrocidades que se están cometiendo utilizando el sagrado nombre de Allah. Una cultura tan antigua y en tantos momentos de la historia tan digna como la Musulmana, merece un mayor desarrollo y, sin abandonar sus creencias, adaptarse a la evolución propia de todos los seres vivos, incluidas las ideas.


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