LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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LESBIANAS
Lesbiana es una mujer que se siente atraída romántica, afectiva y/o sexualmente hacia personas de su mismo sexo. Tradicionalmente, las lesbianas han sufrido y también se han beneficiado de su invisibilidad. Esta paradoja se convierte en la clave del debate sobre lo específico de las lesbianas y está lejos de resolverse a gusto de todas la mujeres. La mayoría de las culturas antiguas ha considerado a las lesbianas como inexistentes, a diferencia de la homosexualidad masculina, considerada hasta hace pocas décadas como enfermedad, además de perseguir y castigar duramente por ello a los hombres homosexuales. Las mujeres se han perseguido por ser adúlteras y prostitutas, pero no por su orientación sexual, en este aspecto se podría considerar que las lesbianas han sido marginadas por omisión y de no reconocer su propia existencia. En Occidente, el lesbianismo no ha sido en general penado por la ley. Uno de los casos más ridículos, pero también mas significativos, es el de la institucionalmente homófoba Gran Bretaña: en este país, la reina Victoria se negó a introducir la penalización del lesbianismo porque no creía que tales comportamientos fueran posibles. Además, el desconocimiento de que hacen gala las instituciones políticas, científicas e intelectuales (regidas por hombres) de la sexualidad femenina (el mismo Freud llegó a definirla como un "continente desconocido") contribuía a la ambivalente seguridad. Por una parte, no se podía hablar del asunto, era difícil crear grupos de apoyo. Por otra, en muchas comunidades nadie sospechaba que entre mujeres que vivían juntas pudiera haber algo más que amistad. y mutuo consuelo por las respectivas solterías. La ceguera social permitía mayor flexibilidad en los comportamientos, y los matrimonios de Boston, con o sin relaciones sexuales, son un modelo de estructura social de gran importancia para feministas y lesbianas. El término lesbiana aparece ya en el siglo XVII para referirse a mujeres como Safo. No está claro si ya en este período había connotaciones de deseo y prácticas sexuales, o el significado es más próximo al de amazona. Por supuesto el significado se concreta en el siglo XIX, aunque no debe sorprendernos que esto se haga desde el punto de vista masculino. En literatura, las primeras lesbianas son creadas por hombres y para la excitación sexual de hombres, Baudelaire, Balzac. La emergencia de una identidad lesbiana es gradual y está íntimamente relacionada con el movimiento feminista y la toma de concienciación de las identidades femeninas. En el París de los años veinte encintramos por primera vez a las lesbianas como un grupo social bien definido y articulado, incluso visible, con una conciencia de minoría y un sistema de referencias culturales. La autoafirmación del lesbianismo ha pasado desde entonces por períodos de gran vulnerabilidad. La ausencia de leyes restrictivas se combina con una nueva visibilidad en el ámbito social que produce el rechazo. La aparición de nuevas y radicales formulaciones feministas a partir de los años sesenta marcará las directrices del activismo lésbico. Para algunos sectores, había una identificación casi total entre feminismo radical y lesbianismo. Adrienne Rich considera que el verdadero feminismo excluye al macho y crea comunidades solidarias de mujeres. El problema de estas formulaciones es que politizan el deseo hasta extremos que no todas las mujeres están dispuestas a llegar. O se plantea que toda mujer desea naturalmente a otras mujeres (argumento esencialista que peca de lo mismo que el esencialismo heterosexista) o se implica que las mujeres deben desear a otras mujeres, con lo cual se muestra cierto tipo de violento totalitarismo sexual que era lo que se rechazaba en primer término. Ninguna de las dos actitudes es satisfactoria. el eslogan central de las Lesbianas Radicales que define lesbianismo como "la furia de todas las mujeres condensada hasta el punto de explosión" es también problemático, pues introduce esencialmente en las vidas lesbianas una actitud extrema que puede provocar marginación. No es fácil resolver el conflicto entre lesbianismo como modo de deseo y lesbianismo como identidad política. Incluso la segunda definición requiere un análisis cuidadoso. El tema de la especificidad histórica y política del lesbianismo y sus puntos en común con el feminismo ha producido una desconfianza de la lucha común con los hombres homosexuales. Para algunas lesbianas, los gays son hombres que abusan de sus privilegios masculinos y en consecuencia se encuentran en una lucha totalmente distinta. Al igual que los varones heterosexuales, los gays en ocasiones son el enemigo. Y es posible que tengan razón. Los objetivos del movimiento gay vienen a veces dictados por hombres cuyas prioridades (que demasiado a menudo giran en torno al incremento de posibilidades sexuales) son distintas a las de las lesbianas y cuya fuerza contribuye al silenciamiento de las mujeres. Sin embargo la situación no es tan represiva como a veces quiere hacerse creer. La mayor invisibilidad de las lesbianas combinada con su lucha en dos frentes, el movimiento gay y el movimiento feminista, puede dar la impresión de que sus voces no se oyen. También hay que reconocer que la actitud "oficial" de algunos gays de pro hacia las lesbianas ha sido tradicionalmente dudosa. Pero quizá habría que dejar de lado más a menudo las luchas por la especificidad y pasar a discusiones más globalizadoras contra el prejuicio social y la hipocresía, a favor de la posibilidad de manifestar en foros públicos otras alternativas sexuales. Hay ahí un frente común: lo que se enfatiza no es el derecho a la promiscuidad ni el problema de la maternidad de las lesbianas, asuntos concretos que pueden tratarse en otros contextos; la imaginación, la flexibilidad y la sensatez son cualidades tan importantes como la agresividad y el territorialismo. En la Biblia aparece una historia que parece tratar de amor familiar, entre Ruth y Noemí. Pero también puede interpretarse como una declaración de amor: No insistas más en que me separe de ti. Donde tú vayas, yo iré; donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo es mi pueblo, y tu Dios es mi Dios; donde tú mueras, yo moriré y allí me enterrarán. Juro hoy solemnemente ante Dios que sólo la muerte nos ha de separar. Ruth 1:16-17 |