LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

MACHISMO

El machismo es uno de los rasgos centrales del sistema institucional que Judith Butler denomina la "matriz heterosexual". Básicamente constituye un discurso de poder que asigna roles a los hombres y a las mujeres: al hombre le dicta una actitud se superioridad y le incita a exhibir esta superioridad aún a costa de los intereses de la mujer; a la mujer le asigna un papel inferior y secundario y le niega parte de sus derechos individuales.

Por supuesto el discurso machista resulta opresivo pero es necesario recordad que se trata de una opresión que afecta a ambos sexos: ambas tienen que representar un papel; las mujeres sufren al ser obligadas a aceptar su inferioridad (que no es más que una quimera ideológica) y a verla reproducida hasta la saciedad en los medios de comunicación y en la cultura popular; los hombres, por su parte, se ven obligados a mostrar esa agresividad y, al igual que en el caso de las mujeres, la oposición a este código puede derivar en marginación. Es difícil soportar la agresividad misógina, pero también puede serlo verse obligado a ejercerla.

Otros elementos de códigos machistas son igualmente insoportables para ciertos individuos: la presión de ser viriles, de disfrutar de los deportes violentos, de insultar o vejar a las mujeres. Quienes ceden no merecen simpatía, pero son igualmente víctimas. en España hay todavía una especie de conspiración entre los hombres que ha contribuido a evitar todo cuestionamiento sistemático de la ideología machista.

Algunos dirían que la patológica inseguridad viril del macho español, que realmente siente la amenaza del matriarcado como algo muy cercano, es la causa de que el machismo todavía tenga tantos seguidores, ya que "ser" macho no significa nada, si no se demuestra y se exhibe.

Con el exhibicionismo machista, cuyas manifestaciones van del comportamiento de hincha de fútbol al, la mayoría de las veces, humillante piropo callejero, al insulto misógino o incluso a la violencia doméstica, se pretende alejar el fantasma de la "desvirilización". Hay una continuidad (también una gradación importante) entre los hombres que bromean sobre las mujeres en el bar y el marido que demuestra su hombría a golpes: ambas actitudes tienen una misma base ideológica. Es, sin duda, un comportamiento patético y el hecho de que cierta imitación del machismo se vaya extendiendo como la pólvora entre los hombres gays resulta preocupante. Por una parte, el machismo gay constituye una reacción frente a la imagen tradicional del gay afeminado y degenera fácilmente en una suerte de "histeria fálica" según la cual es necesario insistir obsesiva y visiblemente en la idea de que el ser homosexual no implica afeminamiento. El problema es de nuevo la inseguridad sobre la virilidad. Pero otro aspecto resulta aún más problemático: el machismo gay dirigido contra las lesbianas y contra los propios gays con visible afeminamiento. 

Si la cultura homosexual tiene un valor absoluto es el del cuestionamiento de los principios que conforman la matriz heterosexual. No es necesario crear una alternativa fija, pero sí, al menos, señalar las contradicciones y mentiras que componen el sistema ideológico hegemónico de roles y comportamientos sexuales. Desde el momento en que en lugar de cuestionar uno de los aspectos más dañinos del heterosexismo nos limitamos a reproducirlo sin críticas nos convertimos en piezas del sistema hegemónico, y la cultura gay empieza a carecer de todo sentido político.

El machismo servil de muchos homosexuales que, al parecer, carecen de, la inteligencia, la valentía o la seguridad en sí mismos necesarias para situarse por encima de los dictámenes de esta ideología, ha provocado justificados recelos por parte de las lesbianas y ha dificultado la formación de un frente común, reproduciendo los roles sexistas heterosexuales entre la comunidad gay, por si no fueran poco los castigos, la falsa moral, la religión, la política, los intereses de los que ostentan el poder, etc., utilizados por el machismo como excusa y justificación de acciones, físicas o psicológicas, realizadas por hombres "normales" contra personas homosexuales, calificando los actos afectivos como indignos o viciosos, cuando no son más que impulsos naturales del ser humano.

Lo que antiguamente fueron relaciones normales entre una gran parte de los hombres, el machismo lo convierte en algo vergonzoso y digno de burla. No obstante, no será la primera vez que, aprovechándose de la posible homosexualidad de un individuo (homosexual = debilidad = utilización = mujer),  entre burla y burla, los "machos" a escondidas descargan en él sus secretos deseos homosexuales con la vana excusa de que "a él le gusta, a mí, no".  


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