LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
|
MEDITERRÁNEO Y HOMOSEXUALIDAD
Por "homosexualidad mediterránea" se entiende un paradigma de construcción y percepción de la homosexualidad de características variables y que se da sobre todo en la cuenca mediterránea, así como en países no mediterráneos del Islam y en América Latina. Por supuesto, en cada una de estas culturas encontramos rasgos específicos que tienen su origen en circunstancias religiosas, económicas o históricas y el modelo está lejos de ser uniforme o estable. Pero el concepto es útil como respuesta al modelo gay anglosajón, y contribuye a ampliar la delimitación y el tratamiento de la homosexualidad. Por ejemplo, al tener en cuenta el modelo mediterráneo en debates sobre identidad, "armario"" o bisexualidad, las reflexiones pueden tomar derroteros distintos. Desde una perspectiva hispánica, es importante reivindicar el modelo mediterráneo, aún reconociendo sus limitaciones. De lo contrario, se corre el riesgo de imitar servilmente categorías e identidades que no responden a nuestro propio modelo social y que carecen de sentido para una parte de los homosexuales en nuestra cultura. Ciertas versiones anglosajonas de la identidad homosexual han sido promocionadas en los últimos años casi como productos de mercado y, en algunos frentes del movimiento gay, se corre el riesgo de esencializar estas versiones como si se tratasen de la única alternativa posible. A continuación se presenta un bosquejo general de los principales rasgos del modelo mediterráneo. Uno de los problemas que surgen cuando intentamos describir la articulación de la identidad homosexual en los países latinos o islámicos es la de la falta de un lenguaje a la vez preciso y reivindicativo: es difícil hablar con rigor de nosotros mismos; falta literatura que ilustre lo que el modelo tiene de positivo. Esto no significa, como se verá más adelante, que las relaciones homosexuales en Sicilia sean más difíciles y frustrantes que en Londres, sino que no podemos mostrar ejemplos; significa, eso sí, que las relaciones homosexuales en Sicilia han de tener lugar necesariamente en los márgenes de la cotidianeidad, de manera esporádica y sin que constituyan marcas de de una identidad fija. Por último, significa que en los países mediterráneos es difícil hacer de la homosexualidad un asunto cívico. La homosexualidad se construye discursivamente "desde fuera", es siempre una "cosa distinta", un ente marginal a merced de la opinión pública. Una de las características centrales del modelo es, pues, el rechazo de una identidad homosexual que pueda ser dignificada en la historia o en la ciencia. Se dificulta así un sentimiento de comunidad y de confianza para reivindicar la igualdad social. La identidad constituye, especialmente en las culturas urbanas anglosajonas, una estructura fija de fuerte significado político capaz de hablar en primera persona; al desaparecer, sólo tenemos prácticas etiquetadas desde posiciones opresivas. Muchos homosexuales en el Mediterráneo desconfían abiertamente del modelo de identidad y ven a los que han adoptado las formas del activismo anglosajón como los indígenas veían a los misioneros en en Nuevo Mundo: traen una nueva religión que no resultará más llevadera ni les hará necesariamente más felices de lo que ya eran. Pero, ¿cómo se configura la homosexualidad en estos ámbitos? Y, sobre todo, ¿qué motivos pueden aducirse para defender el modelo mediterráneo? Puede entenderse que la estructura que articula las relaciones homosexuales en las culturas mediterráneas parte del modelo heterosexual. en toda relación se distingue un individuo activo y otro pasivo. El "activo" es el que penetra, "el pasivo" es el penetrado. son estos roles los que fijan un modelo de identidad, no el hecho de que la relación tenga lugar entre dos hombres o entre un hombre y una mujer. El individuo activo no se etiqueta como homosexual, y sigue conservando intacta su virilidad; el pasivo recibe toda una serie de calificativos despectivos según la cultura: maricón en España y América Latina, ricchione en Italia, bicha o veado en Brasil, zamel en el norte de África. La etiqueta puede convertirse en un estigma. El "maricón" no es aceptado como miembro "normal" de la sociedad. Esto da lugar a algunos efectos positivos. Uno de ellos es la facilidad con que el maricón puede encontrar satisfacción sexual, que no intelectual ni sentimental, en estas culturas. Son los maricones los que crean una subcultura basada en rasgos que pueden resultar opresivos desde el punto de vista social, pero en ocasiones liberadoras desde el punto de vista individual. Es un modelo de identidad sencillo que contiene ciertos privilegios una vez se acepta el papel de paria. Esta descripción todavía se da en la práctica, aunque hay que matizar que en nuestros días es difícil encontrar este modelo en estado puro en los países desarrollados, ya que otros paradigmas han contribuido a dotar de flexibilidad los roles e identidades. En cuanto a la percepción del maricón por parte de la comunidad, hay que decir que siempre ha existido cierto grado de tolerancia que ha dado lugar a un delicado equilibrio: mientras se respeten ciertos límites y, sobre todo, mientras no se fuerce a nadie a hablar del asunto, quienes quieren tener relaciones con personas de su mismo sexo lo encuentran sencillo. Este análisis requiere matización. Hay que decir, por ejemplo, que la distinción activo/pasivo no agota la identidad homosexual en el Mediterráneo; que el deseo homosexual, incluso "activo", es socialmente reprobable. Sin embargo, su descripción constituye un útil marco de partida. Es fácil ver cómo todo esto puede ser un arma de doble filo: por una parte, hace que el homosexual siempre esté controlando su deseo y sus sentimientos; por otra, es cierto que hay libertad sexual, pero mucha menos libertad sentimental o para formar parejas. En ciertas culturas la tolerancia se extiende a la homosexualidad durante la adolescencia, ya que se considera como una experimentación que no marca al individuo. Por último se es más tolerante con el padre de familia con un "lado oscuro" que con el homosexual exclusivo que no ha llegado a formar una familia como un "hombre de verdad". En cualquier caso, y con la excepción de algunos países árabes, las culturas en las que prevalece este modelo no suelen ver la necesidad de legislar contra la homosexualidad: la propia sociedad actúa como reguladora y el individuo se encuentra a merced de sus conciudadanos; en algunos casos se tolera más visibilidad que en otros y, por supuesto, la clase social o el poder adquisitivo resultan determinantes en este sentido. De nuevo, la carencia de una identidad social fija y fuerte que actúe como protección convierte al homosexual en un individuo vulnerable, en ocasiones acobardado, ya que la tolerancia es frágil, no está escrita y puede desaparecer por cualquier motivo. A estas características hay que añadir un corolario: la incapacidad de articular un discurso sociopolítico a partir de la experiencia hace difícil que se produzca una entrada del homosexual mediterráneo en el mercado para competir con otras definiciones del homosexual y, por lo tanto, resulta víctima de estas definiciones. Como consecuencia de todo lo anterior, podemos decir que desde el punto de vista teórico, como modelo de discusión en el ámbito de la política, el modelo de identidad anglosajón no puede sino ganar la partida, ya que reproduce las reglas del juego de reivindicaciones en que se ve implicado todo grupo oprimido. Esto no supone necesariamente una mayor felicidad. La politización del sexo mantiene una identidad basada en los derechos de ciudadanía pero no necesariamente en la expresión de la líbido; la identidad gay puede tener sus limitaciones, y continuamente, incluso en los países anglosajones, los individuos han manifestado su incomodidad con algunas de sus características. El modelo gay apunta en ocasiones a algunos de los rasgos de la matriz heterosexista que hacen de la promiscuidad algo cuestionable y promueven un modelo de relaciones de pareja frente a las simples prácticas placenteras. Lo que sí resulta cierto es que entre las culturas del norte y las culturas mediterráneas se ha producido a ,menudo una suerte de simbiosis que ha funcionado a la perfección para ambas. Homosexuales de las culturas del norte buscaban en los jóvenes mediterráneos prácticas que destacasen lo sexual y les permitieran escapar de las restricciones del modelo de identidades basadas en el deseo; los jóvenes mediterráneos encontraban válvulas de escape de su sexualidad en culturas que vigilan a las mujeres y en la que la mirada del otro es a veces comparable a la vigilancia intensiva. Las relaciones entre un europeo del norte y un muchacho siciliano, por ejemplo, no resultaban excesivamente difíciles porque estaban mediadas por el dinero y tenían un cierto carácter transitivo que las situaba fuera o en los márgenes de la vida cotidiana. De ahí la fascinación por el sur de Italia que encontramos en escritores y artistas como August von Platten, Wilhelm von Gloeden, E. M. Forster, John Addington Symonds, Frederick Rolfe, Thomas Mann, Karol Szymanowsky y Henry James. Especial importancia reviste el "círculo de Capri", formado por escritores que hicieron de esta isla su edén, su paraíso: Jacques d'Adelswärd-Fersen, Roger Peyrefitte, Norman Douglas y Compton MacKenzie. Acerca de la fascinación que ha ejercido la cultura mediterránea y todo lo que la rodea sobre generaciones de escritores del norte de Europa y de Estados Unidos, véase el libro de Robert Aldrich The seduction of the Mediterranean. Writing, Art and Homosexual Fantasy. Desde la perspectiva de la cultura mediterránes, la narrativa de Pier Paolo Passolini o incluso de Jean Genet constituyen un ejemplo claro de repulsa de una identidad integracionista arraigada en el modelo mediterráneo. Novelas como Ernesto, de Humberto Saba, y especialmente Los lentes de oro, de Giorgio Bassani, reflejan la construcción y contraindicaciones de la homosexualidad de raíces mediterráneas. El Anarquista desnudo, de Luis Fernández , y Plumas de España, de Ana Rosetti, así como gran parte de la narrativa de Eduardo Mendicutti, reflejan una concepción del "maricón" basada en el afeminamiento que se afirma como algo propio y que puede convertirse en una identidad cómoda. Un cambio que se ha dado en relativamente poco tiempo, ha sido la teórica eliminación de los guettos. Decimos teórica ya que en muchos países del mundo en realidad el cambio tan sólo ha consistido en cambiar de tipo de guettos, eso sí con menos miedo. De lugares de encuentro con más o menos posibilidades de gozar sexualmente como cines, ciertos lugares en las ciudades, playas, etc., se ha pasado al guetto de los bares y discotecas en que ni se entabla relación, ni se goza sexualmente y, además, todos son nocturnos. Amanece, y lo que se tiene garantizado es una noche perdida y una buena carga de alcohol en el hígado. Sobre saunas, es mejor ni hablar. No tienen nada que ver con los años setenta. Aparte de los lugares citados, se venden unas ideas falsas propias de la propaganda consumista más descarada, parece que no se "es" si no se acude a los lugares de moda, o no se compra la ropa de tal o cual marca, o no se vive en tal barrio, o no manifiesta su "orgullo" vestido de manera estrambótica en el Día del Orgullo Gay, etc., etc. Es casi una vergüenza no tener pareja, con lo que hay quienes ya se consideran pareja por convivir juntos un par de meses, rompen y, vuelta a empezar la búsqueda de la tan ansiada pareja de quita y pon. Resumiendo, quien viva, siempre dentro de una relativa tranquilidad, en sociedades no tan liberales como las occidentales actuales pero que le permitan relacionarse con quien le apetezca, (sin la angustia de las persecuciones o del desprecio), no debe de envidiar excesivamente todas las ventajas conseguidas por la llamada sociedad gay. Con todo, ojalá que el final de estos cambios sea un mundo en que cada cual pueda no sólo respetar sino ser también ser respetado, independientemente de cual sea el objeto de su amor o de su deseo sexual.
|
|
| Estadisticas Gratis |