LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

MOLLY HOUSES

Se llama así a un tipo de institución que jugó un papel importante en la constitución de identidades sexuales en Gran Bretaña en los siglos XVII y XVIII. Era una extraña combinación de taberna con cuarto oscuro y casa de citas.

Las molly houses marcan el principio de una subcultura homosexual en este país porque hasta entonces no se había sentido la necesidad de crear lugares donde ser gay: se trataba de una serie de prácticas difusas, concretas. Posiblemente había pequeños núcleos donde abundaban las relaciones entre hombres (el teatro, por ejemplo), pero no eran estructuras creadas ex profeso. La catalogación del sodomita en las leyes hizo que tuviesen que encontrarse en lugares específicos.

No sólo eran habituales las prácticas sexuales. En las molly houses se celebraban matrimonios entre hombres y bailes en que algunos asistentes se presentaban travestidos. El travestismo fue un hecho que aparecía a menudo como escandaloso en las declaraciones de acusados de sodomía; descripciones detalladas de las ropas que llevaban los acusados intentaban endurecer las sentencias.

Eran frecuentadas sobre todo por proletarios e individuos de clase media. De nuevo es un hecho importante: muestra que la homosexualidad no se define sólo a través del sexo, sino de toda una serie de elementos de socialización y performance. Otros elementos, como el uso de nombres secretos, promovía esta ilusión de grupo casi secreto. Se fomentaba una conciencia de identidad y comunidad canalizada a través de estas prácticas. La visibilidad de estos lugares, su prominencia en la vida pública, llegaron a ser notables. No eran lugares seguros, pero eran los únicos en que podía articularse y desarrollarse esta subcultura. Las redadas eran frecuentes; poco a poco, la policía fue descubriendo la ubicación de estos locales y entraban por sorpresa para crear un escándalo y dar prueba de su eficiencia. De hecho, aquí empieza una tradición agresivamente homofóbica de la institución policial en el Reino Unido que se prolongará hasta casi nuestros días: los ciudadanos han llegado a quejarse de que la policía casi ponía más energía e interés en vigilar urinarios y parques que en detener a criminales de verdad.

En 1726 hubo frecuentes purgas, impulsadas por sociedades moralistas para la reforma de las costumbres, a menudo lideradas por fanáticos religiosos (irónicamente, de moral más que dudosa y a las que sólo les importaban las apariencias, no la conducta en sí). Una de las purgas más sonadas fue la irrupción de la policía en la casa de Mother Clap, que terminó en nueve detenciones y tres ahorcamientos. El testimonio del agente encubierto que investigó el lugar en una serie de visitas resulta revelador sobre las actividades que se llevaban a cabo: "Encontré entre cuarenta y cincuenta hombres que hacían el amor entre ellos o, al menos, así lo llamaban. A veces se sentaban en el regazo de un amigo, besándose de manera obscena y haciendo uso indecente de sus manos. Se levantaban, bailaban y se hacían reverencias e imitaban la voz de las mujeres... luego se abrazaban (...) Algunos iban envueltos de la cabeza a los pies en vestimentas de mujer, enaguas cofias, zapatos con lazos, tocas y maquillaje; algunos vestían como lecheras, otros como pastoras con sombreros verdes, chalecos y camisas; y otros llevaban una gruesa capa de maquillaje y llevaban faldas muy caras, que se habían introducido recientemente".

La articulación de un sistema económico en torno a la prostitución a partir de mediados del siglo XVIII (que incluía no sólo a los chaperos y sus alcahuetes, sino también a la policía, a la que se pagaba por hacer la vista gorda) acabó con estos lugares.

A partir de ese momento, a cambio de una mayor seguridad en los intercambios sexuales, habría que pagar por ellos. Las molly houses desaparecieron porque eran instituciones precapitalistas. El burdel acabó imponiendo su ley, y la cultura homosexual perdió parte de su fuerza y coherencia. Los chaperos eran gente con quien uno se acostaba al margen de su vida cotidiana como ciudadano respetable, (guardar las apariencias), mientras que los visitantes de las molly houses trataban de hacer de sus actividades allí, parte de su vida.

El libro de Rictor Norton Mother Clap's Molly House (Londres, Gay Men's Press, 1992) describe en detalle la historia y atmósfera de las molly houses.


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