LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
|
QUEER
Originalmente, queer, palabra que en inglés significa "raro" o, más bien, "rarito", era una expresión insultante que se empleaba contra los homosexuales. Como sarasa o maricón en español. La situación en la que se produce el uso tradicional de la palabra queer es cuando alguien en una situación de poder o con ánimo de insultar, trata de humillar a un individuo mediante un concepto ideológicamente marcado como denigrante. En realidad lo único que sucede es que se acoge a las implicaciones negativas del término para realizar un acto verbal insultante, al igual que el empleo de otras varias expresiones homofóbicas. Sin embargo, desde los inicios de la liberación gay hubo un movimiento de apropiación lingüística que trataba de despojar de su carácter negativo, a ciertos términos contra los homosexuales. Si esto se ha logrado, o no, es todavía objeto de debate. En caso de queer, el término se recicló como etiqueta de un nuevo modelo de identidad homosexual que se proponía como una alternativa al de gay, que predominaba en el mundo anglosajón. Mientras que lo gay parece apoyarse en un discurso clásico que cree en las categorías y busca respeto e integración en el sistema social, queer nace con una vocación más rebelde, como una auténtica afirmación de la excentricidad. No importa con quien duermas, sino cómo te sientes. inspirado en el pensamiento nómada de Deleuze y otras teorías posmodernas que apuntan a la inestabilidad de categorías e identidades, queer se resiste a fijar estructuras culturales, de comportamiento o de deseo; su voluntad lucha contra la asimilación. Se aprovecha la extrañeza implícita en la etimología de la palabra para destacar la continua indefinición, del deseo y las identidades. Desde el punto de vista expuesto, los intentos de traducir expresiones como queer theory como "teoría maricona" no son del todo acertados, ya que sólo reproducen el significado literal del término, no el etimológico. No sólo consiste en identificarse con un término que antes servía para insultar; si se elige queer frente a otros términos similares es porque al mismo tiempo pretende subrayar la extrañeza con que ha de observarse la sexualidad humana. Los queer (nunca "movimiento queer", ya que no hay nada más lejos de sus intenciones que la articulación de un movimiento con fines concretos) quieren mantenerse al margen de las convenciones heterosexistas; frente a los objetivos concretos de los gays, los queer introducen identidades étnicas y culturales diversas como rasgos de su diferencia. Lo que ha venido llamándose "nuevo cine queer" no tiene mucho que ver con esta teorización, ya que tan sólo se trata de un grupo de jóvenes directores gays que renuncian al capital de los grandes estudios y trabajan en proyectos que combinan el desparpajo con una frecuente falta de respeto por la "obra bien hecha", cosa que algunos consideran como mera incompetencia. Tratan de hacer crónicas generacionales. Greg Araki es uno de los representantes más prominentes. Entre los apóstoles de la teoría queer, destacan dos mujeres que en los ámbitos universitarios americanos han alcanzado un prestigio cercano a la idolatría: Eve Kosofsky Sedgwick y Judith Butler. Con todo, la nueva antietiqueta no se ha librado de un buen número de críticas, ya que existe el riesgo de desarticular el movimiento pro homosexual como si todos sus objetivos se hubieran cumplido. La radicalización comporta también una despolitización que puede conducir al callejón sin salida del solipsismo. Si todos los homosexuales se resistiesen a una definición, sería muy difícil encontrar un terreno común desde el que avanzar. Hay una des(homo)sexualización que algunos sospechan que es efecto del sida: mientras que se pone un énfasis excesivo en los temas, el atuendo y otros elementos, apoyándose en teorizaciones posmodernas sobre el cariz "superficial" de la identidad, tiende a olvidarse que en el mundo real ciertas cosas concretas son molestas y otras no. A menudo la subcultura queer es divertida pero, como casi todo, es proclive a la frivolidad. Lo que sucede es que a menudo la expresión se utiliza en un sentido más bien laxo para referirse a la "joven identidad gay", lo cual no hace justicia a las raíces filosóficas de lo queer. Por último, hay que decir que no es cierto que se haya evitado el escollo de la clasificación. A pesar de que el nuevo modelo representa una mayor flexibilidad, es imposible contrarrestar la tendencia a construir diversas sub-culturas, en las que empiezan a aparecer, lógicamente, elementos recurrentes que pueden convertirse en identidades fijas. Así, si el impulso teórico radical que hay detrás de queer es digno de atención, habrá que cuestionar una aplicación práctica demasiado apresurada. Después de todo, la "teoría queer" no habla sólo de un puñado de adolescentes alocados y amparados en la arcadia del gueto que consiguen cambiar la orientación de su libido a voluntad y por capricho como si fueran camaleones frenéticos, sino que propone un replanteamiento radical de los modelos de subjetividad en toda la sociedad. Se trata de una reflexión sólida en la que todos deben implicarse y que ha de intentar comunicarse fuera del gueto; de lo contrario, pasado mañana nos despertaremos en una oleada pos-queer y las cosas seguirán sin cambiar. Las consecuencias reales, si llega a haberlas, pertenecen a un futuro más bien lejano. |