LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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REINO UNIDO DE LA GRAN BRETAÑA
Las diversas manifestaciones de la homosexualidad en la historia de las tierras que hoy componen la Gran Bretaña (pero especialmente Inglaterra) se han estudiado de manera más sistemática que las de ningún otro país europeo. Aunque la mayor parte de estudios se centran en torno a la época clave de las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, otras épocas han recibido la atención de profesores universitarios, como por ejemplo, la vida de Robin Hood que transcurrió en un ambiente de relaciones totalmente homosexuales, sin que esto tuviera la menor importancia en su actitud valiente y en el respeto de sus conciudadanos; siglos más tarde era tan espeluznante que un héroe fuese homosexual, que le unieron a lady Marian, que por lo visto nunca existió. El libro de Alan Bray Homosexuality in Renaissance England es ya un auténtico clásico en su género y se concentra en las percepciones de la sodomía durante el siglo XVII, mientras que el estudio de Rictor Norton Mother Clap's Molly House: The gay Subculture in England 1700-1830 (Londres Gay Men's Press [1992]) se ocupa del período inmediatamente posterior. Ambos estudios marcan la transición entre modelos antiguos y modernos. Para Bray, antes del siglo XVII la homosexualidad se encontraba integrada en la experiencia cotidiana de manera ocasional y sin etiquetas fijas: ciertos individuos podían perseguir a los muchachos ocasionalmente, y estas prácticas eran corrientes en las zonas rurales. Por otra parte, existía la figura de "el sodomita", que se relacionaba por un lado con la transgresión religiosa (herejía) y, por otro, con la transgresión política. El sodomita no era un enfermo, sino un pecador empeñado en volver el mundo cabeza abajo. Es el paradigma que permanece hasta mediados del siglo XVII y a menudo encontramos intentos de extrapolarlo a otras culturas europeas. No hay por qué imaginar que la situación era en Gran Bretaña radicalmente distinta a la de otros países. Como en el resto de Europa, encontramos referencias a la homosexualidad de manera continua (si bien poco abundante) a lo largo de la Edad Media. Parece que el primer monarca de quien se tienen crónicas coetáneas fue William Rufus, en el siglo XI, quien mantuvo relaciones con muchachos. A lo largo del período hay intentos de reproducir la legislación antihomosexual existente en otros territorios europeos, pero también encontramos cierta resistencia a ello: quizá porque se trataba de prácticas tan habituales en ciertos entornos que no resultaban fáciles de controlar. En este sentido, las referencias a los "pecados" de Ricardo Corazón de León con el rey Felipe II de Francia, resultan menos extraordinarias de lo que pueden parecer a simple vista. Como en el resto de Europa, a finales del siglo XIII encontramos una gran preocupación por la actividad sexual, y la homosexualidad aparece por primera vez de manera consistente en el punto de mira de los ataques de moralistas. Si bien la tragedia de Eduardo II pudo deberse a una conspiración política y no a la homofobia, lo cierto es que en la época suscitó comentarios antihomosexuales, quizá con el fin de reforzar otro tipo de motivaciones. Lo que nos interesa es que la homofobia era ya moneda de cambio. Como en otros ámbitos, hay una instrumentalización de la homosexualidad que sirve a diversos intereses. Enrique VIII elimina la legislación antisodomítica de los tribunales eclesiásticos, pero también introduce la pena de muerte contra los sodomitas. El hecho de que haya más evidencia de prácticas homosexuales que de condenas por este motivo parece apuntar a definiciones rigurosas que no se aplicaban a todas las clases de relaciones sexuales entre hombres y que por otra parte sí podían incluir casos de lo que hoy llamaríamos bestialismo. en cualquier caso, el siglo XVII ve una visibilidad de ciertas formas de homosexualidad: el sodomita se convierte en un tipo social, se crean los primeros lugares de reunión y el entorno del teatro isabelino parece estar asociado a las prácticas sexuales heterodoxas. Bajo el patrocinio de reyes como Jacobo I y Guillermo de Orange, la subcultura homosexual se afianza en la corte. Esto dio lugar a una serie de escándalos debidos a las prebendas que se otorgaban a los favoritos del momento y fue utilizado por los antimonárquicos para fomentar la idea de un ambiente cortesano corrupto. La monarquía cae en 1649, pero la aventura republicana no tiene éxito. La restauración de las monarquía en 1660 trae un momento de frivolidad y libertinaje sexual (es el período de personajes como Rochester) y a la vez se consolida una de las más importantes instituciones homosexuales de Inglaterra: las molly houses. Es la emergencia de lo que podemos denominar identidades homosexuales, algo que alterará las relaciones entre hombres, que renunciarán a las expresiones de afecto para no ser confundidos. El puritanismo que venía instalándose en varios sectores sociales desde el siglo XVI se consolida de manera definitiva y trae consigo una negación del cuerpo y una represión de la sexualidad. El período comprendido entre finales del siglo XVIII y 1830 ve un incremento de los ahorcamientos por sodomía. Es el momento en que empieza a ser corriente que los homosexuales ingleses salgan al extranjero en busca de contextos más tolerantes, que encuentran en los países del Mediterráneo. William Beckford y Lord Byron se encuentran entre los primeros exiliados sexuales. El "escándalo de Vere street" pone fin a la floreciente subcultura creada por las molly houses: en 1810 la policía organizó una redada en un pub llamado The White Swan que funcionaba como casa de citas y en el que también se celebraban "matrimonios" entre hombres; hubo más de veinte detenciones y varias condenas a muerte; se ató a algunos de los condenados a postes en los que tenían que soportar las vejaciones del público. Son años de manifestaciones intensas de homofobia. A pesar de que extraordinariamente la pena de muerte por sodomía desaparece en 1836 bajo la benigna influencia del Código Napoleón (en realidad la legislación permanece vigente hasta 1861, pero no se realizan detenciones), el victorianismo produce un encadenamiento de circunstancias que llevará a otro de los puntos álgidos de la homofobia británica encarnado en los sucesos que rodearon el juicio de Oscar Wilde. La sexualidad durante el reinado de Victoria debía mantenerse oculta o debía practicarse en los márgenes de la sociedad respetable. Dado que esta máxima se aplicaba a toda actividad sexual, no nos encontramos en una época especialmente homofóbica. Es la época de entronización de la hipocresía. Las ciudades prosperan con las riquezas ganadas en la explotación de las tierras del Imperio, se hacen grandes fortunas, y paralelamente aparecen barrios insalubres, donde las condiciones de vida son más míseras que en otras épocas, donde los seres humanos viven arracimados. La prostitución tanto masculina como femenina es una práctica corriente, un tema que la sociedad bienpensante no quiere tratar a pesar de que es fruto de la misma. los hombres podían llevar una doble vida (y mantener a una querida o visitar los prostíbulos), para las mujeres era más difícil. En este contexto de ocultación, el descubrimiento de un secreto amenaza el estatus social de los individuos, y el chantaje se convierte en una amenaza constante. la homosexualidad sólo se hace visible en el marco del "escándalo", en el que se produce una revelación que causa indignación que en la mayoría de los casos es toda una muestra de hipocresía. Lo que volvió a poner la homosexualidad en el punto de mira fue la creciente preocupación por el tema de la trata de blancas, al parecer una combinación de algo que verdaderamente sucedía y de cierta paranoia social sobre los peligros del sexo. Una de las manera de evitar esta lacra era hacer que la mayoría de edad sexual pasase a ser de dieciséis años, de modo que pudiera detenerse a quienes empleaban a menores en las redes de prostitución. Para impulsar esta legislación, W. T. Stead publicó una serie de artículos sensacionalistas que hablaban de corrupción sexual, de muchachas vendidas por sus madres, libertinos que fomentaban la prostitución. El escándalo fue mayúsculo. el otro gran escándalo que llevaría a un recrudecimiento de la legislación antisexual fue el caso Boulton y Park (1870), en el que dos jóvenes fueron detenidos por ir vestidos de mujer pero no se encontró manera de encarcelarlos. La idea de degeneración hizo mella en las mentes del público. el terreno estaba abonado para la introducción de la "enmienda Labouchère" en 1885, uno de los casos más infames de legislación antihomosexual en el mundo civilizado y cuyos efectos han perdurado hasta nuestros días. Labouchère propuso en el Parlamento unas modificaciones que hacían más duras las leyes antisexuales. La edad de consentimiento de las muchachas se fijaba en dieciocho años y cualquier acto sexual entre hombres, empezando por el menor tocamiento, aún realizado en privado, era castigado con gran dureza. La enmienda, que se aprobó una noche en la que había pocos diputados, afectó de manera brutal a la vida de los homosexuales británicos durante el siglo siguiente. Ya no se trataba de oprobio social; ahora los chantajistas podían forrarse a partir de muy escasos indicios y el acusado se enfrentaba a la cárcel. En principio la legislación debía de haber afectado a las lesbianas, pero la reina Victoria se negó a creer que las mujeres "pudieran hacer esas cosas". El resultado fue que los actos sexuales consentidos entre mujeres quedaron fuera de la legislación durante el siglo XX y que, consecuentemente, el chantaje contra las mujeres fue casi insignificante (lo cual no hacía su situación social mejor que la de los hombres, pues el oprobio era mayor y su sexo las hacía vulnerables). Aunque al principio la enmienda se aplicó con cautela mostró su poder destructivo en 1895 con la condena de Oscar Wilde. Al mismo tiempo que la represión antihomosexual producía una situación de invisibilidad en Gran Bretaña, en otros países surgía el activismo. Los homosexuales de clase alta buscaban solaz de nuevo en los países mediterráneos o se organizaban en redes de influencia y amistad, como el grupo de Bloomsbury. La homosexualidad se asocia a otros discursos, marginales y hay una fuerte corriente de autores en los que esta orientación sexual se expresa a partir del catolicismo. Pero la brutalidad de la ley no detuvo la cultura homosexual en el Reino Unido. El teatro seguía siendo un refugio para homosexuales, y la tradición de los internados se mantenía viva. Algunos autores como Ronald Firbank, encontraron modos de burlar el rechazo a través de un estilo satírico y preciosista; otros como E.M. Forster, escribieron trabajos de apología de la homosexualidad (Maurice) aunque no se atrevieron a publicarlos, y sólo fueron publicados tras su muerte. Oscar Wilde se convirtió en todo un símbolo: mártir para los oprimidos, monstruo para los puritanos. La necesidad de mantener las formas contribuye al establecimiento de códigos y el desarrollo del espíritu camp, que se refería a la homosexualidad de manera oblicua. El duque de Windsor tuvo que casarse y renunciar al trono por "amor", cuando la realidad era que su homosexualidad le impedía ser coronado rey de los británicos. La legislación no cambió durante décadas y sólo a finales de los años cincuenta encontramos tímidos intentos por efectuar un cambio: una comisión parlamentaria se dispuso a estudios los efectos de la legislación antihomosexual. Tras años de investigaciones, se presentan las conclusiones del denominado "Informe Wolfenden" y en 1967 por fin se declaran legales los actos sexuales entre hombres mayores de veintiún años siempre y cuando tengan lugar en habitaciones cerradas con llave. Sin duda se trataba de un avance, pero la legislación seguía siendo homofóbica. Quizá esto (y la influencia de Estados Unidos) produjo uno de los movimientos de liberación gay más importantes y mejor articulados de Europa. Mientras que la homofobia es un problema general, las injusticias flagrantes en la legislación se convierten a menudo en elementos que unen a diversos individuos y les hacen luchar en una dirección concreta. Si bien el éxito en este cometido no ha sido total (a finales de 1998 no se había logrado la igualdad en la mayoría de edad sexual), el continuo debate ha contribuido a consolidar una cultura gay importante, basada en la visibilidad, que tiene una influencia en la vida del país y que no puede ser desestimada. Como sucede en otros países, es más difícil encontrar los restos de una historia de lesbianas. Aphra Behn ha sido considerada como la figura matriarcal por excelencia entre las lesbianas británicas. El ejemplo de mujeres travestidas, como Mary Hamilton, no resulta demasiado esclarecedor en lo que respecta a las identidades homosexuales femeninas. En otro sentido, algo similar sucede con ejemplos de amistad como las Damas de Llangollen. Si bien en ambos casos puede hablarse de una tradición femenina, de alguna manera resulta difícil hablar de identidades lésbicas. La ausencia de legislación antilésbica hace que apenas haya evidencia de homosexualidad femenina y la situación de inferioridad que soportan las mujeres hace que los investigadores no se planteen el tema como objeto de estudio. Havelock Ellis estudió varios casos de lesbianismo en su Inversión sexual, y su propia esposa parece haber tenido inclinaciones lésbicas. en cualquier caso, el relativo silencio hace que muchas mujeres no acierten a reconocer o expresar sus sentimientos durante el siglo XIX. Un ejemplo de las consecuencias de esta represión puede encontrarse en la obra de Cristina Rosetti. Sabemos que había una subcultura lésbica importante en los años veinte y que entre sus figuras se contaban Radclyffe Hall, Virginia Woolf y Vita Sackville-West. Se trataba de un grupo de mujeres de clase alta, y a menudo el paradigma empleado en la representación del amor sáfico era el de inversión. Muchas lesbianas -y se trata de un hecho que en muchas culturas contribuye a una falta de especificidad en cuanto a grupo concreto- prefieren identificarse con el grupo feminista, al menos hasta los años ochenta, aunque el movimiento queer ha contribuido a cambiar esta situación.
Después de tanta desgracia y cerrazón mental, parece que los malos tiempos pasan y por fin sale el sol. El 21 de Diciembre de 2005, entró en vigor en Inglaterra y Gales una nueva ley, "civil partnership" por la que parejas del mismo sexo podrán unirse civilmente con todos los derechos legales (y obligaciones) de que disfruta el matrimonio entre parejas de distinto sexo. Bien por los británicos de hoy. Uno de los primeros enlaces ha sido el de Elton John y David Furnish. |
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