LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES

In English    

Armario, uno de los conceptos sobre el que pivota la construcción de las identidades homosexuales desde el siglo XIX. Léxicamente se trata de un calco desafortunado del inglés sobre el que algunos bromean entendiendo que se trata de un tema de ebanistería; sin embargo, parece que su uso se extiende a través de los medios de comunicación y es difícil crear una alternativa. En general, el "armario" (closet en el contexto anglosajón) es donde se guardan los secretos; de ahí la frase skeleton in the closet, que equivale a tener un secreto trágico o molesto que no puede reconocerse ante la sociedad bienpensante; puede ser una mancha en el pasado o un vicio inconfesable. La expresión pasa a utilizarse en un contexto homosexual, dado que desde finales del siglo XIX, y especialmente a mediados del XX, la homosexualidad (al menos en los países occidentales adelantados), es el último secreto; ya no hay pecados de familia que manchen el honor, el adulterio tampoco se considera algo fuera de lo normal, las enfermedades se van curando, y, en todo caso, se ha eliminado la idea de vergüenza o culpabilidad. En consecuencia, "estar en el armario" significa que uno vive su homosexualidad de manera vergonzante o que no se atreve a hacerla pública. De este uso totalmente coloquial se ha llegado a una teorización que resulta de gran valor en la definición de las identidades homosexuales contemporáneas. La discusión más lúcida, compleja y fascinante sobre el tema puede encontrarse en la Epistemología del armario, de Eve Kosofsky Sedgwick. El armario se constituye al mismo tiempo que la identidad homosexual. El homosexual, tal como lo definen las leyes, la sociedad y la medicina, estaba condenado a ser un individuo vergonzante y, por lo tanto, a ocultar su deseo, su identidad sexual o su "vicio". Ésta es una de las paradojas inherentes al concepto: si bien por una parte se trata de mantener en secreto la identidad sexual de un individuo determinado, por otra, el armario se concibe como una estructura transparente. Dado que la ley o la medicina producen una genealogía y una definición del homosexual que pretenden aplicable a cada individuo que se dedica a determinadas prácticas, sus representantes dan por sentado que siempre saben qué tipo de persona se encuentra dentro del armario. Al salir del armario que le ocultaba (o al ser arrastrado fuera a través del chantaje, el outing o una redada) el individuo entra en "otro" armario que le hace visible, catalogando su identidad en términos científicos. A partir de aquí, es fácil justificar que muchos quieran mantener el secreto. Salir del armario puede no ser un acto de sinceridad, ya que integra al individuo en unos discursos públicos que no son (no pueden ser) "verdaderos". Algunos individuos podían vivir en esta situación sin que les afectase, prefiriendo la afirmación personal al discurso que otros construían en torno a su identidad. En épocas de opresión, salir del armario significaba dar un dato al enemigo para que nos integrara en su sistema, jugar a su juego, pertenecer a otros (al menos hasta los años sesenta en que apenas había alternativa). La aparición del movimiento gay produce un contradiscurso que desafía a las instituciones médicas y legales, que afirma una identidad que dice Yo y que se enfrenta  a la construida por la institución (que define al homosexual en términos de diferente). El gran tema que plantea la existencia del armario es el de la división entre la vida pública y la vida privada. Muchos, incluso hoy en día, prefieren el secreto porque el armario, si se comparte, puede ser cómodo. En estos tiempos se puede entrar y salir fácilmente de él, uno puede tener todas las ventajas de la identidad homosexual, con oferta de moda, estilo de vida, sexo y diversión sin tener que soportar el oprobio que aún despierta en algunos. Lo llaman rechazar las etiquetas. Especialmente en España, no se entiende muy bien el aspecto político del concepto y las personalidades públicas todavía se obcecan en la idea de que "eso es mi vida privada y la defenderé con uñas y dientes", o, más a menudo, "a nadie le importa lo que haga en la cama" (lo cual equivale a decir "soy homosexual pero es un secreto"). A pesar de que salir del armario no es algo tan peligroso como hace unos años, en cierto modo no están exentos de razón. Pero hemos visto cómo el armario no es una estructura meramente individual, no pertenece al ámbito de la "vida privada" de cada persona. El armario es una estructura social, creada por la institución. En estas condiciones, es aferrándose a él que se sigue el juego al sistema. Negarse a declararse homosexual refuerza la idea de que hay algo vergonzante en la homosexualidad, algo que es de verdad pecaminoso, perverso o feo; ésta idea afecta a mucha gente, especialmente joven y crea mucha opresión, mucho sufrimiento, mucha marginación. Las ideas no son cosas que podamos llamar privadas. Los sistemas ideológicos nos afectan a todos y como individuos tenemos la responsabilidad social de llevar a cabo acciones que creamos que pueden contribuir a cambiar ideas que nos parecen nocivas. Ninguna de las personalidades a quienes nos referimos piensa que esas ideas sean correctas o que la homosexualidad sea pecaminosa. Salir del armario no es revelar la vida privada; eso es un argumento retóricamente débil que quizá se emplea de buena fe, quizá no. Revelar la vida privada es decir lo que uno hace en concreto, hablar de sus relaciones, de sus problemas; también contárselo a la prensa. Hay quien revela su vida privada cada vez que tiene un micrófono al alcance de la boca, pero justamente "eso" (su orientación homosexual) es lo que nunca revelará voluntariamente; nadie mantiene su heterosexualidad en secreto, señal de que la identidad sexual en sí no pertenece a la vida privada de cada uno. Más privado es nuestro gusto en la ropa, la comida o las películas o libros. Por supuesto, hay casos y casos. Primero, hay quien considera que no debe salir del armario porque "todos lo saben" y, por lo tanto, considera que nunca ha estado en el caso de quienes sólo se aferran a su secreto por comodidad. Este segundo caso es cuestionable políticamente. El primero, aunque menos hipócrita, no es precisamente encomiable: confunde lo social con lo individual; el hecho de que todos lo sepan se refiere a lo individual, mientras que declararse homosexual con todas las letras daría una proyección social a esa identidad que personalmente todos conocen. Salir del armario debería entenderse como un acto socialmente progresista, ya que contribuye en cierta medida a cambiar concepciones de la homosexualidad para bien. A través de este acto, quien se declara homosexual puede tomar una posición activa en la defensa de sus ideas. Por ejemplo la presencia de un locutor homosexual fuera del armario en un programa humorístico puede contribuir a que el comicucho de turno se lo piense dos veces antes de soltarnos un chiste de "mariquitas". Como puede verse, la rebeldía de permanecer dentro del armario que algunos tratan de equiparar a una actitud ética cae por su propio peso. Pese a todo, cada uno debe valorar su actitud ante un paso tan importante como es éste. Aparte de su libertad para decidir lo que crea más conveniente respecto a si mismo, no es lo mismo salir del armario en un país adelantado y que, mal que bien, acepta a las personas sin importarles su sexualidad,  a hacerlo en un país que te rechaza socialmente o que te mete en la cárcel o, cosas por el estilo.


SALIR    EXIT                    

Estadisticas y contadores web gratis
Estadisticas Gratis