LAS CULTURAS, LOS PAÍSES Y LAS RELACIONES HOMOSEXUALES
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TRANSEXUALISMO
Christine Jorgensen - antes y después Transexual, se podría definir como la persona que, mentalmente no conforme con el sexo de su cuerpo, voluntariamente y mediante la cirugía, cambia sus órganos sexuales externos por los del otro sexo, acompañado, o no, de tratamiento hormonal destinado a anular los efectos corporales del sexo físico anterior al cambio (vello, voz, menstruación, etc.), y/o cirugía estética. Los hombres que se hormonan y/o se implantan falsos pechos (sin mutilación de pene y testículos al objeto de crear una vagina artificial), no se pueden considerar como transexuales; meramente son hombres que se presentan como mujeres a medio camino entre la transexualidad y el simple travestismo, muchas de las veces, simplemente, con el propósito de ganar la mayor cantidad de dinero mediante la prostitución. Lo mismo puede decirse de las mujeres, pese a que éstas demuestran mayor sensatez ante una decisión tan drástica como es la mutilación de los pechos y, no digamos, la creación quirúrgica de un falso pene. Desde su aparición en 1952, tras la difundida operación que convirtió a un sargento de la marina estadounidense en Christine Jorgensen, el transexualismo no ha dejado de generar polémica, dentro y fuera del movimiento gay. Desde el punto de vista de algunos científicos conservadores (por no hablar de moralistas y comunicadores varios), se trataba de algo condenable, un ejemplo del poder de la ciencia puesto al servicio del mal. Se había cruzado una frontera en la que el hombre jugaba a ser Dios de forma peligrosa y se corría el riesgo de alterar el camino de la naturaleza; se profetizaba un caos absoluto cuando cualquiera pudiera decidir el sexo que deseaba tener. Por supuesto que no fue así. Algunos problemas de carácter técnico y la profunda desconfianza que mas de cincuenta años después aún despierta la operación de cambio de sexo, han hecho que siga siendo una práctica minoritaria, aunque ya no está en manos de matasanos dudosos, que operen en los márgenes de la ley, como solía suceder. Desde dentro del movimiento gay se ha debatido el estatus de los transexuales que, una vez alcanzada su nueva condición suelen optar por la heterosexualidad. De hecho, algunos sugieren que la operación de cambio de sexo es un modo de rechazar la propia homosexualidad, algo que, dicen, se confirma con la homofobia que manifiestan muchos transexuales en su voluntad de distanciarse de otros heterodoxos sexuales. Es cierto que los estudios dan fe de esta homofobia, pero cabe pensar que para defender sus actos tenían que manifestar dicho rechazo; la homosexualidad no era la solución que buscaban. Por otra parte, los transexuales ponen sobre la mesa toda una serie de cuestiones sobre identidad sexual, rol sexual y sexo biológico que no sólo merecen análisis, sino que se convierten en parte fundamental de la experimentación de nuevas identidades posmodernas. Paradójicamente, el deseo de cambiar de sexo parte de un argumento que sólo los conservadores y los esencialistas pueden aceptar: que el sexo de una persona es una "verdad" que va más allá de la mera biología, que se inserta en las profundidades de la identidad, que está por encima de otros elementos de la personalidad. Para el transexual la operación de cambio de sexo es la única forma de solventar lo que percibe como un "error" de la naturaleza. El transexual "siente" que pertenece al sexo contrario , y la solidez de dicha creencia tiene difícil explicación. Al intentar analizarla, invariablemente nos introducimos en en auténticos laberintos retóricos: sólo alguien que pertenece al sexo contrario puede saber como se siente el sexo contrario; si el sexo es una característica permanente, la certidumbre de que hay un error al respecto resulta absurda: la idea de que el sexo es algo que uno puede "sentir" escandalizaría a los construccionistas sociales, para quienes la identidad sexual se construye a partir de una realidad biológica a la que se asigna un contenido ideológico. Si todo depende de roles aprendidos ¿qué necesidad hay de llegar a la cirugía?. Curiosamente este sentimiento de que el transexual "ya pertenece al otro sexo" hace que muchos de ellos rechacen de plano la orientación de los psicoanalistas y se dirijan al cirujano como si éste sólo tuviera que realizar una sencilla operación para poner las cosas en su sitio. Está claro que, en el fondo, no podemos sino aceptar el tema como un asunto de libertad de elección: ciertos individuos, por motivos legítimos que van más allá de lo racional, "sienten" que pertenecen "en realidad" al otro sexo; en este sentido, dejando de lado la opinión que nos merezca ese comportamiento, debe ser defendido y debe permitírsele libre expresión. Lo más curioso es que el cambio no llega a ser perfecto; por lo tanto, el deseo cambio de sexo nunca llega a hacerse del todo realidad, ya que, por mucho que el transexual piense que "se ha hecho justicia", la información genética sobre la sexualidad del individuo permanece en las células, lo cual hace que la aparición de los caracteres sexuales secundarios propios de "su" sexo físico, tengan que ser inhibidos mediante hormonas sintéticas y, que si algo falla, aquellos vuelven a aparecer. El cambio no es "esencial", sino aparente, lo cual, si cabe, hace el asunto más fascinante. Es como una representación teatral, en la que el papel que se interpreta sea llevado hasta las últimas consecuencias de acuerdo con la obra; el actor puede representar magníficamente al personaje, pero nunca llegará a "ser" el personaje. Siempre será el actor. Mientras que los cambios físicos que se originan en la transformación de hombre a mujer tienen resultados aparentes bastante aceptables, muchos de los cambios de mujer a hombre son un fracaso total, ya que, mediante la cirugía es imposible "crear" un pene que permita el acto sexual con penetración. Lo máximo que se consigue es contar con una especie de colgajo entre las piernas. Las disquisiciones entre sexo y género, género y sexo y otras teorías, se encuentran ante el muro que impone la propia Naturaleza: La mente puede ser la de una mujer en el cuerpo de un hombre o la de un hombre en el cuerpo de una mujer, pero es imposible "obligar" a que el cuerpo de una persona "olvide" la información cromosómica contenida en sus células, que siempre serán XY en el varón y XX en la hembra. La transformación física total de una mujer, comporta la mutilación de los senos así como numerosas intervenciones quirúrgicas para lograr un remedo de pene fláccido sin sensibilidad. La transformación física total de un hombre, comporta la mutilación del pene y los testículos, la implantación de senos, más o menos realistas, y, de por vida, el mantenimiento del orificio, que el cirujano creó como una burda imitación de la vagina de una mujer, mediante el uso de una especie de consoladores destinados a evitar que ésta se cierre. Cicatrice. Como cualquier herida que sufra un animal. El tratamiento mediante hormonas deberá mantenerse durante toda la vida. Si se cesa, el cuerpo, tozudo, se convertirá en lo que le dicten sus cromosomas. Forzar a un organismo vivo, en este caso al humano, a soportar largos tratamientos mediante hormonas pueden tener efectos nefastos sobre varios órganos vitales con las consecuencias fatales previsibles. ¿Qué hacer? Como en casi todos los problemas con que se enfrenta una persona a lo largo de su vida, es aconsejable estar muy bien informado-a de las consecuencias del cambio a realizar, no sólo a corto, sino a largo plazo; no tomar ninguna decisión para el cambio si se va a utilizar la nueva situación física en la prostitución, ya que el cuerpo no va a ser eterno y en pocos años ya no será apetecible para los posibles clientes; recibir un asesoramiento y un apoyo psicológico realista y de calidad, antes de tomar una decisión tan terrible como es la de mutilar el cuerpo; pensar en que lo que se haga será, sin remedio, para el resto de la vida... Después de afrontar la situación y sus posibles consecuencias presentes y futuras, de una forma clara, consciente y realista, estará en manos de cada persona la opción que elija (y le dicte su mente), como la mejor opción para su vida. |